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Almacenes de productos especiales y grandes volúmenes

Los productos especiales o de grandes dimensiones y volúmenes pueden presentar grandes inconvenientes en su almacenaje y manipulación, por lo que es aconsejable conocer sus características a la hora de proyectar un almacén.

Para el estudio de los métodos de almacenaje de estas mercancías, que pueden calificarse de atípicas, es preciso agruparlas en tres categorías, como son las de tipo laminar, las de tipo tubular y las cilíndricas. Esta clasificación es la más básica, dado que la forma incide directamente sobre los métodos de manejo y almacenamiento de gran parte de las mercancías.

No obstante, la forma de la carga no es la única variable a considerar, ya que hay otros factores que también son evaluables en la clasificación de estas mercancías, tales como la fragilidad, la seguridad, la peligrosidad y, sobre todo, el volumen y el peso. A continuación, se analiza cada uno de los tres grupos principales, con sus características.

 

Mercancías de tipo laminar

Dentro de este tipo de cargas ha de tenerse en cuenta una subdivisión de menor a mayor fragilidad: láminas de chapa, láminas de plástico, tableros y láminas de madera.

En el manejo de estas diferentes clases de mercancías, es preciso observar no sólo la forma y fragilidad, sino también los demás factores anteriormente mencionados, con el fin de establecer la manera más conveniente de manipularlas y, sobre todo, de almacenarlas.

Para estudiar el método de manejo más adecuado para las láminas de chapa, hay que, ante todo, tener en cuenta un factor fundamental y característico de este tipo de mercancías, como es su grado de flexibilidad. Éste se establece en función de las dimensiones y grosor de la lámina. Cuanto mayores son las dimensiones de la chapa y menor es su grosor, la flexión será mayor.

Cuando se trata de manejar láminas de chapa cortadas en pequeñas dimensiones, la mejor manera de manipularlas es reunirlas sobre una plataforma de madera o paleta y flejarlas, de tal modo que se confeccione una unidad de carga sólida y prácticamente indeformable. Esta unidad puede ser manejada e, incluso, almacenada con los sistemas tradicionales de manejo de materiales y de almacenamiento que se han descrito a lo largo de los artículos precedentes.

Si, por el contrario, las chapas que se deben manejar son de grandes dimensiones y con un cierto grosor, en relación con el tamaño, pequeño, el problema que se plantea es completamente diferente. En ese caso, habrá que calibrar el daño que la manipulación puede producir sobre el material. Éste puede ser de dos tipos: por una parte, existe el problema de la flexión de la chapa que puede llegar a hacerse permanente (que quede combada, por ejemplo). Por otra, una manipulación inadecuada puede producir marcas en el material susceptibles de mermar la calidad de la mercancía, con el consiguiente perjuicio económico.

Para reducir los posibles efectos de la flexión es fundamental acortar la distancia entre los apoyos de los elementos de elevación y almacenaje y los voladizos de las cargas fuera de los mismos, para ello se pueden adoptar tres estrategias, como son usar un mayor número de horquillas, habilitar más apoyos de los habituales o, como ya se ha apuntado, manejar las chapas sobre una plataforma.

Además de la flexión, es imprescindible sopesar un segundo factor: el peso. Se trata de productos con una densidad muy superior a la de las mercancías que se manejan normalmente, por lo que las máquinas y las estanterías han de estar debidamente dimensionadas. Hay que tener en cuenta que un metro cúbico de hierro pesa en torno a los 8.000 kg.

 

Láminas de plástico

El manejo de láminas de plástico presenta básicamente un único problema, como es el de la flexión del material. Existen muchos tipos de plástico duro que se manejan en forma de láminas o chapas y, por lo tanto, sus coeficientes de flexión varían. Sin embargo, el comportamiento de los plásticos duros es siempre muy similar. El problema surge tan sólo en láminas de gran tamaño en las que, de hecho, la flexión es relativamente pequeña.

Cuando se trata de manejar o apilar piezas laminares de tamaño pequeño e intermedio, la forma habitual de manipularlas es exactamente igual que cualquier otra carga de dimensiones similares y su almacenamiento no representa mayores problemas.

Si, por el contrario, las láminas manipuladas y almacenadas son de grandes dimensiones, se recurre a un procedimiento similar al descrito para las chapas de metal: lo habitual es depositarlas sobre bandejas de madera e incluso cogerlas directamente, para lo que se disponen unos apoyos entre lámina y lámina a fin de dejar un espacio entre ellas, suficiente para introducir las horquillas de las carretillas elevadoras.

Las láminas de plástico no ofrecen los problemas añadidos del peso excesivo o la posibilidad de daño a la mercancía, como las de chapa metálica.

 

Láminas y tableros de madera

En cuanto al tercer tipo de mercancías de este grupo, si la madera se presenta en forma de láminas, el factor que se ha de evaluar es la flexión, al igual que ocurre con las de plástico y, por lo tanto, su manejo y almacenaje se realiza de la misma manera.

Si se trata de tableros, su rigidez está supeditada al espesor de la madera. Normalmente se ha de tratar de una forma similar a las láminas de chapa. No obstante, a la hora de tener en cuenta el factor del peso, la densidad de este material es menor a la del metal y un metro cúbico de madera pesa en torno a los 650 a 800 kg.

Los tableros de tamaño medio se pueden almacenar en estanterías convencionales con travesaños especiales o en estanterías cantilever.

 

Mercancías de perfiles tubulares

Para el estudio del almacenamiento de este tipo de cargas se ha de hacer una clasificación previa, en función de una de las características que más afectan a su manejo, como es su capacidad para mantener o no su forma. En concreto, se ha de hacer una distinción entre tubos rígidos (de acero u hormigón, por ejemplo) y tubos semirrígidos (como los de plástico). El manejo y almacenamiento de unos y otros es completamente diferente, como también lo es el sistema para conformar sus unidades de carga.

En lo que respecta al manejo y almacenamiento de tubos rígidos, esta información es aplicable a los tubos de medio a gran calibre, ya que los de pequeño calibre se encuentran dentro de la categoría de cargas largas, de que ya se ha hablado en este mismo artículo.

Los problemas de manejo de los tubos rígidos, tanto los metálicos como los de hormigón, son muy similares. Este tipo de perfiles de grandes dimensiones, se almacenan, habitualmente, en el exterior de las instalaciones. Se forman pirámides flejando los tubos de tres en tres y se apilan unas sobre otras o se apoyan unos perfiles con otros dentro de unas estructuras verticales.

Cuando se almacenan sobre estanterías, generalmente cantilever, es necesario evitar que los tubos rueden hacia el exterior, para lo que –si es necesario– se colocan topes en los brazos que los sostienen. Siempre que se pueda, se han de almacenar en paquetes piramidales de tres tubos flejados para que, gracias a esa forma, tengan una mayor estabilidad.

 

Manejo y almacenamiento de tubos semirrígidos

El manejo de los tubos de plástico duro, que se clasifican dentro de los semirrígidos, se ha de llevar a cabo por medio de unidades de carga. Éstas se forman con jaulas de perfiles soldados, o de madera (con la resistencia adecuada) en cuyo interior se alojan los tubos. Dado que el peso del material es relativamente liviano, el factor más importante que se debe considerar es el gran volumen que suelen tener estas jaulas.

Su manejo es bastante sencillo y puede ser realizado mediante carretillas de carga lateral o carga frontal y la diferencia en usar unas u otra estriba en la utilización del espacio. Sin embargo, cuando se emplean carretillas de carga frontal, existe un problema añadido, que es el de la estabilidad transversal de la carga, ya que su gran volumen y escaso peso producen un efecto muy peligroso, que se acentúa cuando se procede a su almacenamiento. Salvando este factor, la ubicación de la carga se realiza, en la mayoría de los casos, utilizando las propias jaulas, que actúan de soporte unas de otras y, por lo tanto, es fácil alcanzar grandes alturas de apilado.

Por regla general, el almacenamiento de los tubos semirrígidos se realiza en el exterior. Cuando se ubican sobre estanterías (regularmente cantilever), no suelen presentarse problemas añadidos si se usan jaulas rígidas. Sin embargo, si los tubos se almacenan sueltos en las estanterías se ha de evitar que puedan rodar, al igual que sucede con los tubos rígidos, pero además se ha de considerar la flexión del material y se debe colocar un mayor número de apoyos cuando sea necesario.

 

Mercancías de tipo cilíndrico

Una vez analizadas las cargas de tipo laminar, se expondrán las cilíndricas. Se denomina mercancía de tipo cilíndrico a aquella que, para su manejo, se arrolla, ya sea mediante el uso de un mandril o bien con una estructura (metálica o de madera) o directamente en forma de bobina. Los tres tipos de bobina que se analizan acto seguido son los de papel y cartón, los de chapa y los de cable.  El manejo y almacenamiento de unos y otros es completamente diferente.

Así, para el manejo de las bobinas de papel se utilizan carretillas elevadoras provistas de pinzas especiales de apriete y giratorias. El tamaño de las máquinas varía en función del tamaño de las bobinas. Al instalar las pinzas, las máquinas sufren una pérdida de capacidad por lo que ésta debe ser de entre 1,5 y 2 veces la necesaria originariamente para manipular el peso de las bobinas; este margen variará en función del diámetro de las cargas y de cuántas se vayan a apilar.

El almacenamiento de estas unidades de papel y cartón se realiza de forma exclusiva en el interior de las instalaciones. Su apilado, dada la alta resistencia del papel cuando se bobina de forma compacta, se efectúa directamente, es decir, unas unidades sobre otras sin que haya, prácticamente, ninguna limitación al respecto.

Las bobinas se manufacturan en posición horizontal, si bien su apilado se realiza en posición vertical (de manera que no rueden). El giro de una a otra posición se produce por medio de las pinzas de las máquinas de manutención, que incorporan esta función.

Cuando estas mercancías se almacenan sobre estanterías hay dos soluciones posibles, como son colocarlas en posición vertical sobre las paletas o hacerlo en horizontal, sobre cunas de apoyo, manejándolas mediante horquillas o máquinas específicas. En todo caso, las dimensiones, el peso y la protección que se haya aplicado a la mercancía, determinará la mejor forma de acomodarla.

 

Bobinas de chapa

Estas unidades pueden ser manipuladas o bien directamente, o bien sobre una paleta. El problema fundamental que surge en este sentido reside exclusivamente en su mayor o menor peso. Las grandes bobinas de chapa oscilan entre las 20 y 30 t.

Cuando las bobinas se manejan directamente, se emplean máquinas elevadoras equipadas con un vástago o espolón, que se introduce por el agujero central del arrollamiento, o bien se recurre a un puente grúa. Cuando se acomodan sobre paletas, se utilizan carretillas elevadoras, de la capacidad que se necesite, provistas de horquillas convencionales de carga.

El almacenamiento de bobinas grandes y pesadas suele tener lugar en el exterior de la instalación, directamente sobre el suelo y de manera piramidal. Las unidades más ligeras también pueden ser ubicadas de esa forma y, además, es posible recurrir a un almacenaje en el interior en estanterías especiales, construidas específicamente y con los perfiles adecuados. Se conforma una estructura similar a un panal, sobre la que descansan las bobinas (una sobre cada celda creada).

Por lo general, estos almacenes se construyen para materiales especiales, tales como bobinas de acero inoxidable u otros similares, que se emplean más habitualmente en la industria de transformación, que en la primaria.

 

Bobinas de cable

Nos referimos en este apartado al manejo y almacenamiento de las bobinas de cables de acero, por una parte, y, por otra, a las de cables eléctricos o telefónicos multipolares, aislados para la conducción de alta tensión o para transmisiones transoceánicas. Estos dos tipos de cables representan sendos problemas típicos de manejo que tienen, cada uno, su propia solución.

Los cables de acero se enrollan de forma cilíndrica, auto constituyendo una bobina como unidad de carga. Su manejo es relativamente sencillo y puede ser llevado a cabo por medio de grúas, utilizando para ello el gancho que estas máquinas llevan instalado en su puntal. Otra opción para manipularlas son las carretillas, para lo que se usan las horquillas a modo de espolón, introducidas por el hueco central de la bobina, o se recurre a un espolón instalado en el lugar de las horquillas convencionales. El método de manejo, en cualquiera de los dos casos es el mismo: introducir un espolón por el hueco central de la bobina.

El almacenamiento, generalmente, en el exterior y sobre el suelo, se realiza sin grandes problemas añadidos, si bien hay que tener en cuenta que resulta difícil colocar una carga sobre otra. Una solución para su almacenamiento puede ser la construcción de estanterías convencionales, ya que el peso de estas bobinas no suele ser muy grande; en el caso de que sí lo sea, se ha de recurrir a estanterías similares a las de las bobinas metálicas.

En cuanto a los cables eléctricos y telefónicos multipolares la solución que se emplea para su manejo y almacenamiento es bastante diferente, ya que se suelen enrollar sobre grandes bobinas de madera o metálicas (en la actualidad éstas últimas son más frecuentes), constituyendo así una unidad de carga –a veces de grandes dimensiones– cuya manipulación presenta algunas dificultades.

En primer lugar, las bobinas metálicas donde se enrollan estos grandes cables no están provistas de un agujero central de dimensiones adecuadas para ser utilizado como elemento de toma (usando un espolón, por ejemplo), por lo que han de ser agarradas por su exterior. Esto representa otro problema porque la bobina es de forma completamente cilíndrica y no puede ser fácilmente manipulada con las horquillas convencionales de una carretilla elevadora.

La única manera práctica de agarrar este tipo de bobinas es mediante la utilización de grúas o de adaptadores instalados en las carretillas elevadoras, en lugar de las horquillas convencionales.

Las bobinas de grandes dimensiones o grandes pesos (o ambas características) se almacenan directamente sobre el suelo y en algunos casos apiladas formando pirámides. Las de menor tamaño se pueden acomodar sobre estanterías mediante la introducción de un eje de dimensiones y resistencia adecuados por el agujero que este tipo de bobinas suelen tener, tal y como se ha explicado anteriormente en este mismo artículo.

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