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La competitividad española pendiente de la logística

27/03/2014

 

España va bien.Todo parece invitar a la complacencia: la economía crece,la inflación es baja,el empleo alcanza las cifras históricamente más elevadas y el consumo de los españoles crece.Pero ¿es esta percepción real? Debajo de la aparente bonanza puede esconderse una realidad menos agradable.

España tiene, en términos absolutos, el segundo mayor déficit comercial del mundo, después de Estados Unidos.Esto es el resultado de un nivel de importaciones mucho mayor que el de las exportaciones. Los mecanismos por los que este déficit se compensa están disminuyendo: ingresos por turismo, inversión extranjera y apoyos comunitarios.

El turismo, desde los años sesenta, fuente esencial de ingresos netos, sigue aumentando en número,pero está estancando o decrece en términos de superávit, como consecuencia del turismo masivo y del “todo incluido”. La expansión de la Unión Europea hacia el este ha desplazado hacia esta zona el interés de los inversores y los fondos de ayuda comunitarios.

La construcción, motor de la bonanza económica de los últimos años, muestra síntomas de agotamiento.Este sector y los asociados a la vivienda –como el inmobiliario– representan cerca del 18% de la economía española. Una eventual convergencia con el promedio de la Unión –la mitad de esta cifra– dejaría una brecha difícil de cerrar a corto plazo.

¿Hasta qué punto debemos preocuparnos?Por una parte, la salud pública española en términos de deuda y déficit es buena. Pero no es así la situación de la deuda privada, afectada por el alto coste de las hipotecas. Por otra, España tiene una economía moderna, insertada en una vibrante Europa.

Sin embargo, los indicadores comunitarios que muestran los motores de la competitividad, léase I+D, educación y productividad, nos sitúan en la cola de la Unión. El desempleo ha disminuido, pese a que la mayor parte de la nueva ocupación es temporal, producto en gran medida de la falta de flexibilidad del mercado de trabajo.

Compañías pioneras

España posee excelentes empresas, sin duda. Inditex y Mercadona son ejemplos conocidos.Otras menos renombradas, como el grupo Cosentino, lo son también, en este caso gracias al producto denominado Silestone. España posee un sector de manufactura avanzado, y ha llegado a ser el quinto productor de automóviles del mundo.

Aunque amenazadas por la deslocalización, plantas como la de Ford en Almussafes (Valencia), Renault (Valladolid), Citroën (Vigo) e Iveco (Madrid) están entre las más productivas del mundo. El sector de la construcción es también muy competitivo con firmas como Dragados o Sice, capaces de enfrentar los retos de proyectos tan difíciles como la producción de la unidad de compresión del complejo Snohvit en el Ártico.

Mientras, compañías de servicios, como el Grupo Santander, han emprendido planes exitosos de internacionalización de sus operaciones. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que las empresas realmente competitivas no son suficientes para paliar las debilidades estructurales mencionadas.

Y si bien es cierto que España ha emprendido procesos de reconversión industrial en el pasado, el envejecimiento de la población no nos ayuda:no es lo mismo reconvertir a la economía del conocimiento a un obrero de 50 años que a un joven recién salido de la escuela.

Crecimiento equilibrado

Haciendo un balance diríamos que hay motivos para preocuparnos. Corremos el riesgo de despertarnos del dulce sueño de una aparente prosperidad para enfrentarnos a un largo período de crecimiento débil, con todos los males sociales que esto conlleva ¿Qué podemos hacer para recuperar la senda del crecimiento sano y equilibrado? Está, de un lado, el papel que el Estado debería asumir frente a un problema tan fundamental.

Pero sorprende que un sistema político tan crispado como el español descuide el debate de estos temas.A pesar de que hay iniciativas del Gobierno central (apoyo a proyectos de competitividad logística por parte del Ministerio de Educación y Ciencia) o de los gobiernos regionales (plataforma logística Plaza) que apuntan en la dirección correcta, necesitamos una política pública concertada y mucho más enérgica de apoyo a la competitividad empresarial.

Esto obliga al sector privado –en particular a esas 4.000 grandes empresas que aproximadamente que existen en España– a asumir el reto de la mejora de la competitividad.

El peso logístico

La logística tiene un peso considerable en una economía moderna. Representa un 10% de las ventas e incluso supera en algunos sectores,como el de la automoción,a los costes de personal. En cuanto a la oferta, el mercado logístico europeo es complejo, definido incluso en algunos estudios como más maduro que el de los Estados Unidos.

Un 70% de este mercado está compuesto por una oferta de actividades clásicas, desacopladas (transporte y almacenamiento), y una proporción menor, aunque creciente, de actividades de valor añadido (gestión de stocks, ejecución de pedidos, ensamblaje y embalaje). La utilización de proveedores logísticos especializados, o 3PL (Third Party Logistics), que aumentan sostenidamente y se acercan al 40% del total en países como Inglaterra, presenta las siguientes características:

• Mayor agregación de valor, consolidando servicios de freight forwarding, transporte, almacenamiento y packaging, en lo que se conoce como operadores logísticos 4PL

• Consolidación. A pesar de que las 50 mayores operadoras 3PL tienen menos del 40% del mercado, el proceso de concentración ha sido muy rápido. Las empresas líderes a escala global son FedEx, UPS y Deutsche Post, las cuales han adquirido en menos de diez años firmas punteras como DHL, Danzas o Exel.

• El mercado español –dominado históricamente por Logista– no está exento de esta tendencia, que pone en evidencia a los pequeños operadores que no sepan encontrar un nicho propio de mercado (por ejemplo, logística militar o textil) o buscar economías de escala mediante alianzas (Azkar).

• Establecimiento de relaciones duraderas con clientes (matrimonios como el de Fiat Recambios y TNT).

• Internacionalización de los operadores. Exel Logistics, en sus comienzos empresa de transporte pública inglesa, es hoy la mayor operadora de almacenes públicos en los Estados Unidos; mientras que firmas creadas en ese país como UPS,FedEx,Ryder y Caterpillar se despliegan en Europa.

Más competitividad

Un ejemplo español de oferta de servicios especializados logísticos es el de Via Katalyx, proveedor de sistemas TMS (Transportation Management Systems) gestionados a través de ASP (servidor remoto de aplicación),y adoptado por Exel en México para mejorar los mecanismos de transporte de su flota de camiones subcontratados para su cliente Gatorade.

El sistema ha permitido mejorar la eficiencia en la asignación de la carga a los transportistas y, de paso, minimizar tiempos muertos y costes de gestión. Por su parte, en relación con la demanda (empresas usuarias de servicios logísticos), una mejor logística representa una oportunidad real de mejora de la competitividad de las empresas españolas, tanto bajo una perspectiva de incremento de la calidad del servicio como de reducción de costes.

Aquí también la logística está concentrada, más de un 70% de la actividad española se dirige a dos sectores: automoción y alimentos-retail. El primero requiere de mejor logística para enfrentar los retos de la deslocalización, mientras que el segundo para mejorar su eficiencia frente a un posible enfriamiento de la demanda.

La logística tam bién podría convertirse en un foco de atracción para la creación y consolidación de empresas. Este es el caso de la plataforma Plaza, y también lo sería, de salir finalmente adelante, una plataforma que estuviera situada en Madrid, la cual, además, podría funcionar como un puente con el mercado latinoamericano. En Canarias, la consolación de facilidades portuarias puede conducir a la formación de un hub comercial de enlace entre Europa, África y América Latina.

La conclusión es que España tiene un problema real de competitividad y su única salida es esforzarse en recobrar el camino de la innovación y de la productividad, tanto en la producción de bienes como de servicios.Esto requerirá de una política clara de Estado y del esfuerzo de todos los empresarios y directivos para la mejora de las capacidades operativas, que en buena medida encuentran su apoyo en la logística.

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BARRERAS ESPAÑOLAS A LA LOGÍSTICA

España tiene sustanciales barreras para el perfeccionamiento de la eficiencia logística: un país grande, montañoso, unido al continente sólo en los extremos de los Pirineos y con una arquitectura de red de comunicaciones radial. En este aspecto, es interesante referirse al mapa de carreteras principales europeas.

Resulta claro, por ejemplo, que la zona del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) es perfecta para ubicar centros de distribución paneuropeos: en un radio equivalente a un día de conducción se encuentra cerca de la mitad de la población europea; existen en el área claras facilidades logísticas, como el puerto de Róterdam, y el Gobierno holandés ha apoyado activamente la concentración de plataformas logísticas (paradójicamente aumentando también la congestión de vehículos, lo que le está haciendo perder eficiencia).

Congestión de vehículos

La característica radial de la red de transporte española congestiona el tránsito camionero (que domina totalmente el transporte), aunque presenta algunas ventajas a la hora de situar plataformas logísticas. Una forma de enfrentar los problemas de congestión de vehículos es la multimodalidad, y aquí hemos visto algunos avances, como es el caso de la plataforma Plaza en Zaragoza.

Pero las restricciones a la mejora de la logística en España no recaen sólo en las infraestructuras físicas, sean carreteras, ferrocarriles, puertos o plataformas logísticas. Los servicios logísticos requieren de conocimiento especializado y de sistemas específicos; es decir, de aquellos intangibles que apoyan a la estructura física. Nuevamente, se ven avances, pero es fácil constatar el desconocimiento, incluso entre directivos, de conceptos referidos a la gestión de la cadena de suministro o de logística.