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Argentina avanza hacia su recuperación

01/05/2004

El ministro de Economía argentino, Roberto Lavagna, estimó el pasado abril que la economía del país creció un 10% en el primer trimestre de 2004. Asimismo, el alza del 8,7% del Producto Interior Bruto no sólo estableció un hito nacional, sino que ubicó a este estado latinoamericano en uno de los escalones más altos de crecimiento del mundo (detrás de China).

Un país en crecimiento

Por su parte, como consecuencia de la mejora económica, las importaciones, por valor de 1.599 millones de dólares, se duplicaron en enero de 2004 con relación al mismo periodo del año pasado. El lado negativo de este avance es que se redujo a la mitad el superávit comercial, que cayó de 1.380 millones de dólares en enero de 2003 a 680 millones este año.

En cuanto a las exportaciones, de 2.279 millones de dólares, los precios de los sectores líderes (cereales y oleaginosas) se encuentran en récords históricos debido a la demanda sostenida de China y a las sequías en el hemisferio Norte. No obstante, algunos especialistas indican que las ventas argentinas al exterior podrían estar “tocando techo” en la capacidad de producción, y que la situación sólo podría ser superada gracias a nuevas inversiones.

En lo que respecta al mercado laboral, el Ejecutivo actual del justicialista Néstor Kirchner ha podido reducir el paro en gran medida debido a la generación de más de 80.000 empleos privados por mes. Así, y sin contar los planes sociales otorgados por el Estado, desde mayo hasta diciembre de 2003 se crearon 475.205 puestos de trabajo, lo que representó una disminución del índice de desempleo del 3,3%. Los datos surgen de un estudio realizado por la consultora Equis, según el cual, ésta ha sido la serie más intensa de creación de puestos privados registrada desde 1983.

Hubo dos antecedentes de la caída rápida del desempleo pero en ambos casos la recuperación se sostuvo con la distribución de los planes sociales: en el Gobierno de Eduardo Duhalde, entre mayo de 2002 y mayo de 2003, cuando el desempleo bajó del 24,1% al 17,8% tras la creación del Plan Jefas y Jefes de Hogar, y en el segundo mandato de Carlos Menem, desde mayo de 1995 hasta octubre de 1998, periodo en el que la tasa de desocupación cayó seis puntos porcentuales a consecuencia de la distribución del Plan Trabajar.

El estudio de la consultora también determina que, proporcionalmente, la recuperación del empleo es más fuerte en las pequeñas ciudades o pueblos del país, seguramente como resultado de los precios récords de la soja y el boom de la producción agrícola. La subocupación (personas que trabajan menos de 35 horas semanales pero que les gustaría estar empleadas por más tiempo) bajó un 8,4% con relación a la medición del segundo semestre de 2003. No obstante, los problemas de trabajo persisten para el 30,8% (4.700.697 personas) de la población activa.

Más economía, menos cultura

Hay un dato interesante que muestra los cambios socioeconómicos en Argentina de los últimos tiempos. Los empresarios, investigadores de mercado y comunicadores han tenido que realizar una nueva clasificación de las distintas clases sociales. La Asociación Argentina de Marketing tuvo que reelaborar el índice del nivel socioeconómico que posicionaba a las clases altas y medio altas en la categoría socioeconómica ABC1.

La nueva escala muestra una mirada más económica y no tan cultural (nivel de estudios, hábitos de lectura, participación en eventos culturales, etc.). El peso de la educación se reduce en un 60% y es reemplazado por variables vinculadas con el poder adquisitivo (número de contribuyentes al ingreso en el hogar). Los resultados de la nueva medición muestran que las diferencias de ingresos según el nivel educativo alcanzado son abismales y que, según el promedio, sólo aquellas familias cuyos integrantes que sostienen el hogar tienen estudios universitarios forman parte del 10% más rico de la población.

Consciente de esta compleja y lenta pero esperanzadora recuperación, el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) realizará una ampliación de capital de 106,9 millones de euros en su filial argentina, BBVA Banco Francés. Asimismo, a la constructora Dycasa, filial argentina del grupo español Dragados, le han adjudicado las obras de ampliación de la línea de metro A, la más antigua de la ciudad de Buenos Aires.

Dycasa, que se presentó a la licitación en una Unión Temporal de Empresas con Dragados Obras y Proyectos, presupuestó las tareas a realizar en 25,5 millones de euros, mejorando la oferta de otras cuatro compañías argentinas que estaban interesadas. El contrato supone una buena señal del reestablecimiento de las relaciones entre las firmas españolas y el Gobierno argentino.

El comienzo del túnel

Aunque ahora parece verse la luz al final del túnel, la situación a comienzos de 2002 era muy distinta. Se produjo un estallido social, una crisis política (con cambios constantes de presidente incluidos) y una debacle económica y financiera; Argentina entró en suspensión de pagos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como consecuencia, el peso argentino se devaluó un 190%, después de haber estado atado 11 años al dólar, y puso al país en situación de emergencia.

En marzo de 2003, Néstor Kirchner asumió la presidencia y prometió inaugurar una nueva era. "No pagaremos deuda a costa del hambre y exclusión de millones de argentinos, generando más pobreza y conflictividad social", aseguró en un discurso dirigido a la nación y al mundo durante la inauguración del periodo de sesiones del Parlamento. Tal como dio a entender, para él es más urgente atender al 55% de argentinos que vive por debajo de la línea de la pobreza que a los acreedores —entre ellos el FMI— de más de 160.000 millones de dólares de deuda contraída por anteriores Gobiernos, en suspensión de pagos desde diciembre de 2001.

En septiembre de 2004, Kirchner discutirá cuál tendrá que ser el superávit fiscal del país para 2005 y 2006 con el FMI. "“Cuanto más superávit, más se destina a pagar la deuda"”, sostiene la institución. La propuesta del presidente argentino será mantener el 3% para los dos ejercicios, el mismo que el de 2003. El dato no gustará especialmente a los directivos del Fondo que imaginaban un crecimiento del superávit acercándose al 4,5%, similar al que se comprometió Brasil.

Por su parte, a mediados de abril pasado, el Banco Mundial aprobó el montante de asistencia financiera a Argentina. Se esperaba un paquete de 5.000 millones de dólares en préstamos, pero el directorio del organismo aprobó ayudas por 2.000 millones hasta finales de 2005, una cifra equivalente a la que el país ya le adeuda a la entidad y por lo tanto le tiene que devolver. El Banco Mundial decidió acortar la asistencia en disconformidad con el rumbo de la negociación de la deuda.

Soja, turismo y TV: la salvación

Pero si el ánimo de los argentinos no decae —al contrario— es por casos como el de la soja. La demanda asiática ha disparado el precio del cultivo que, a su vez, ha aumentado el valor de la tierra en la pampa húmeda en un 75%. La soja y sus subproductos representan el 40% de las exportaciones argentinas. Los analistas calculan que su cotización se mantendrá alta y continuará desplazando de los campos al maíz, al trigo y al ganado vacuno. La multinacional norteamericana Cargill (que centra sus actividades en el aprovisionamiento de productos para la agricultura y en la producción de comida) acaba de anunciar una inversión en el sector de 158 millones de euros y la mayor empresa alimenticia del país, Molinos, otra inversión de 63 millones de euros.

En cuanto al turismo extranjero, se recuperó un 42% en 2003, con un total de 3,3 millones de viajeros. El grupo español Marsans, por ejemplo, está fomentando la llegada de europeos en Aerolíneas Argentinas. El número de pasajeros de Iberia que aterrizó en el país suramericano creció un 30% en 2003. Compañías que habían dejado de volar a Buenos Aires por la crisis han retornado, como la australiana Qantas y Air Canadá.

Mexicana de Aviación también ha llegado por primera vez. Unos 90 hoteles están construyéndose por un valor total de 200 millones de euros. Entre los inversores se encuentra Sol Meliá, que está levantando su segundo establecimiento en Buenos Aires. Otras cadenas internacionales con proyectos en Argentina son Howard Johnson, Hyatt y Marriot.

La capital ha pasado de ser una de las cinco ciudades más caras del planeta en 2000 a una de las más baratas en la actualidad por el efecto de la devaluación de la moneda local. Por esa causa, aunque los hoteles de cinco estrellas y los billetes de avión han conservado sus precios anteriores, el valor de una comida en un restaurante, de la indumentaria, de los libros y de los espectáculos culturales y deportivos ha disminuido en un 50%.

Las compañías que decidieron edificar hoteles están aprovechando la caída de un 40% de los costes de la construcción y del 30% en el valor medio de las propiedades. El grupo belga Burco, por ejemplo, está desarrollando un complejo de 700 ha con casas y un campo de golf cerca de Bariloche, en el sur del país. En El Calafate, la localidad vecina al glaciar Perito Moreno, están edificándose 18 hoteles.

Otra de las oportunidades que ofrece el país es la producción audiovisual. La demanda de producción publicitaria argentina desde Estados Unidos y Europa ha crecido tanto que existen listas de espera. En 2003 se rodaron 650 producciones de cine, televisión y publicidad, un 40% más que en 2002. Desde la década pasada, Argentina destacó por la originalidad de sus anuncios, películas y programas de televisión y comenzó a exportarlos.

Lo sigue haciendo, sólo que el nuevo tipo de cambio ha reducido los costes en un 50% y la rentabilidad ha aumentado. En los tiempos de la economía dolarizada, el 20% de la facturación de una agencia de publicidad mediana o grande provenía de la exportación; hoy representa el 60%. Esto se debe a que, por ejemplo, lo que cuesta un dólar en México, en Argentina vale 60 céntimos.

Misiones inversas, cuna de inversiones

La fundación argentina ExportAr se dedica a la realización de rondas comerciales en Argentina. Como no se pueden llevar a cabo las misiones comerciales tradicionales al extranjero (los empresarios de un país viajan a otro para promocionar sus productos y servicios) por un tema de costes, invitan a posibles inversores al país. Resulta más efectivo y puede participar un mayor número de empresas pequeñas.

"“Lo que se logra con la celebración de las ruedas de negocios en Argentina es que los empresarios extranjeros conozcan la capacidad de producción de las compañías, el producto in situ, la tecnología, los recursos humanos y una mayor variedad de artículos, y que también vean que el entorno macroeconómico del país ha cambiado, hecho que en el exterior no se ve con mucha facilidad", explica Marcelo Elizondo, director ejecutivo de la Fundación ExportAr.

En las tres misiones inversas realizadas hasta la fecha participaron 35 empresas extranjeras y unas 300 locales. Las dos primeras concentraron compradores de cadenas de supermercados de Brasil, Chile, Perú, América Central, México y Portugal, mientras que la tercera fue una ronda de negocios de maquinaria agrícola, celebrada durante la exhibición anual Feriagro, con empresarios de Marruecos, Sudáfrica, España, Polonia y países limítrofes, entre otros.

Las próximas rondas de negocios internacionales que organizará ExportAr en Argentina serán en junio próximo, de alimentos y bebidas (con compradores europeos), en agosto, para el sector de manufacturas de cuero, y la última en noviembre, para productos textiles.

¿Buena economía sin energía?

Pero no todo lo que reluce es oro en el país suramericano. Provocada por la recuperación económica del país y un congelamiento de las tarifas de gas que estimuló el consumo de ese recurso en reemplazo de combustibles líquidos como el fuel oil, Argentina se enfrenta actualmente a la peor crisis energética de los últimos 15 años.

Para afrontar la escasez de gas, el Gobierno recortó el suministro de energía a una treintena de empresas con contratos que pueden ser interrumpidos y acordó importar electricidad de Brasil y gas boliviano y venezolano para las industrias eléctricas. Asimismo, decidió reducir las exportaciones de gas a Chile y a Uruguay para garantizar el suministro interno.

Las tarifas de gas estaban congeladas desde enero de 2002, cuando el ex presidente Eduardo Duhalde tomó esa medida para evitar que la creciente inflación por la caída de la moneda local llegara a los servicios públicos y afectara los bolsillos de los argentinos con la mitad de la población en la pobreza.

Mientras que el Gobierno culpa a las empresas por no realizar las inversiones para aumentar la oferta cuando obtenían ganancias millonarias durante los años noventa, éstas, entre las que se encuentran productoras y transportadoras de gas, afirman que con las actuales tarifas es imposible llevar a cabo mejoras.

La española Repsol YPF y las argentinas Total Austral y Pan American Energy reclamaron entonces una subida de tarifas, tal como plantea el acuerdo que Argentina mantiene con el FMI, que apunta a concluir la revisión de los contratos hacia diciembre de 2004. En marzo pasado, el Ejecutivo argentino se comprometió finalmente ante el FMI a conceder aumentos en los precios de la electricidad y el gas. Las industrias, los hipermercados, los bancos, los centros turísticos y las empresas dedicadas a las exportaciones —favorecidas por la recuperación económica y la devaluación del peso— deberán afrontar alzas calculadas en un 15% de promedio, que podrían elevarse hasta el 35%.

El ministro de Planificación de Argentina, Julio de Vido, anunció que el sector privado de este país invertirá cerca de 1.000 millones de dólares en el sector energético. Asimismo, en concordancia con esta idea, un informe del Banco Mundial afirma que América Latina necesita incrementar la inversión en transporte, telecomunicaciones, electricidad, agua y alcantarillado, a fin de revertir la desigualdad y mejorar el crecimiento de ingresos per cápita.”", sostiene el informe.


El desafío es grande, pero la salida de la crisis parece más cercana que hace dos años. Los datos macroeconómicos y el éxito de las industrias en auge brindan esperanza al país y a sus inversores mientras que sectores con problemas como el de la energía podrían otorgar relevantes posibilidades de inversión.