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Vivir del aire

27/03/2014

El uso del aire como un medio para conseguir fuerza o energía para accionar mecanismos, sea en forma de molinos o de barcos, es tan antiguo como nuestra civilización. Sin embargo, la neumática, de neumo (aire en griego) y ática (estudio), no comenzó a introducirse en el accionamiento de grandes máquinas hasta mediados del siglo XIX.

Y sólo desde 1950, coincidiendo con el apogeo de la fabricación en serie y el consumo de masas, se empezó a emplear intensamente en los procesos industriales, es decir, en las cadenas de montaje.

La neumática comienza a aplicarse a final del siglo XIX con la invención del martillo neumático; es la aplicación industrial más antigua y se utilizaba en tareas de forja”, explica Juan de Juanes, profesor de ingeniería mecánica y fabricación de la Universidad Politécnica de Madrid.

Es en pleno auge de la Revolución Industrial cuando se inventan los compresores de pistones y se aplican en procesos de forja; luego en la mensajería dentro de grandes edificios, para impulsar mensajes a través de tubos que comunicaban plantas y habitaciones”, recuerda el profesor.

Pero es en los años treinta, y justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el aire comprimido comienza a usarse en las grandes líneas de automatización masiva, a raíz de las primeras líneas de montaje”, indica Juanes.

 

Vectores de potencia

Son los compresores. Los equipos que, normalmente acompañados de motores eléctricos, ponen en marcha la mayoría de las líneas de montaje. Convierten el aire normal, lo filtran, y lo comprimen, transformándolo en verdaderos “vectores de potencia”.

El mercado de compresores está en un momento muy dulce y 2006 ha sido un buen año: hemos crecido”, comenta Francisco Martín Bermejo, director de marketing de Compair, primera empresa mundial en productos de aire comprimido para obras e infraestructuras. Compair vende compresores de tornillos lubricantes, compresores portátiles, herramientas neumáticas de construcción, compresores de pistón estándar, etc.

Sus clientes van desde las constructoras hasta las fuerzas armadas de varios países (sobre todo el Ejército británico, de cuyo país es originaria la compañía), pasando por las grandes cadenas de montaje de los principales fabricantes de automóviles. “Casi todas las líneas de montaje están automatizadas en la industria, con máquinas muy potentes, que funcionan gracias al aire comprimido”, señala Martín Bermejo.

Compair es una multinacional, presente en decenas de países y con productos muy variados que se adaptan a la fisonomía del sector industrial de cada nación. En 2007 cumplen 50 años en España. “Este es un país de industria pequeña y mediana, así que aquí los compresores que vendemos trabajan con menos potencia, a unos 50 CV como mucho”, puntualiza el directivo de Compair. “En grandes empresas como General Motors o Ford llegan a emplear máquinas con potencias de hasta 2.000 CV”, agrega.

La empresa española con más productos es de origen vasco y se llama Betico. Fundada en 1925, es el primer fabricante español y son una enseña puntera en el sector de los compresores para camiones de transporte de productos pulverulentos.

 

Neumática y robotización

La neumática, en contra de lo que muchos pudieron pensar en favor de la electrónica, vuelve a estar muy de actualidad”, opina el profesor Juan de Juanes. “Sobre todo por los nuevos progresos que se están haciendo en robótica”, asegura. Juanes recuerda los avances en la creación de válvulas proporcionales que permiten dar más precisión y flexibilidad a los movimientos accionados con aire comprimido.

Coincide con Martín Bermejo en la potencia de esta tecnología: “Se utiliza en las plataformas petroleras, en los polos industriales químicos, etc. Los motores de aire comprimido aprovechan muy bien la energía, ya que,al expandir el aire casi toda la energía se convierte en par motor y desperdicia muy poca fuerza”.

Tampoco se trata de una tecnología muy cara. “Una máquina de aire comprimido de 50 CV cuesta alrededor de los 12.000 euros”, calcula Francisco Martínez Bermejo. “A esto hay que sumarle 3.000 euros del equipo de secado y filtración y otros 5.000 por la instalación”, apunta Bermejo.

Estamos hablando de una fábrica de tamaño mediano, la más común en España”, matiza. Y advierte de que tampoco los constructores de aire comprimido se encuentran al resguardo de la llamada globalización económica. “China es la fábrica del mundo, y el aire comprimido es ante todo industria; Compair tiene que estar allí”, dice. “Quien no se encuentre en el gigante asiático dentro de diez años, simplemente no estará en ningún sitio”, sentencia.

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Oxígeno para los hospitales

Comprar aire embotellado, por futurista que parezca, es algo bastante usual. Al menos para los gerentes de los hospitales, para las industrias e incluso para los aficionados al submarinismo. Existe una multitud de empresas que venden oxígeno, aunque como en todas las ligas, hay un grupo de cabeza formado por las firmas más importantes por peso y cuota de mercado.

La francesa Air Liquide es el número uno mundial, mientras que Air Products le sigue en este particular ranking, por delante de Praxair, tercera del planeta. Además de las aplicaciones industriales destacan los usos hospitalarios.

La división de salud de empresas de Air Liquide –que en octubre pasado adquirió la firma Nord Service Projects en Alemania y Aiolos Medial en Suecia– provee de bombonas con este tipo de gas a 10.000 enfermos asistidos a domicilio y a 300.000 en centros hospitalarios de toda Europa, según datos ofrecidos por la compañía francesa en octubre del año pasado. Las patologías respiratorias que aquejan al 5% de la población europea han abierto un nuevo mercado para Air Liquide.

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Un automóvil con alma de aire comprimido

Un motor que funciona con aire comprimido para un coche ecológico. Accionado con energía eléctrica o con carburante y con prestaciones casi idénticas a las de un automóvil “normal”. Es el invento de un ingeniero francés, Guy Nègre, y una oportunidad de negocio puesta en marcha en forma de proyecto empresarial bajo la rúbrica de MDI, una empresa gala que pretende comercializar esta nueva generación de vehículos en tiempos de zozobra ecológica e inquietud general en torno al problema del cambio climático.

Con este motor, tenemos por primera vez en la historia un sistema de acumulación de energía con una eficiencia del 70%, mientras que el de los coches de gasolina o diésel sólo alcanza algo más del 9%”, explica Miguel Celades, de MDI España. “Y además no contamina nada”, añade. De ser comercializados masivamente, los automóviles de MDI con motor de aire comprimido, ahorrarían mucha energía.

Hasta el departamento de defensa de EE UU se ha interesado por el proyecto”, cuenta Miguel Celades. “Y hay futuros clientes que ya nos han encargado en total más de 150.000 coches a través de nuestra web, a pesar de que todavía no estén comercializados”, señala.

Acuerdo con Tata

Su precio, entre 9.000 y 3.500 euros, atrae a los futuros clientes. Y que no se impacienten, les queda poco para hacerse con uno de estos turismos. MDI y el fabricante de automóviles indio Tata llegaron a un acuerdo el pasado febrero para comenzar a fabricar “en un año y medio” estos vehículos ecológicos que circulan con aire.

Empezarán a construirse en Niza (Francia) y en la India. En dos o tres años, según apunta Celades, podría inaugurarse una fábrica en Barcelona para montar estos nuevos automóviles no contaminantes con alma de aire comprimido.