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Última tecnología contra el fuego

27/03/2014

España ya se encuentra en primera línea en la utilización de los sistemas más avanzados en la protección contra incendios.Una empresa especializada que estudie el proyecto y realice la instalación y el mantenimiento es tan primordial como el uso de las técnicas más innovadoras,como los rociadores con placa o el agua nebulizada.

A diferencia de otros países como Estados Unidos o Alemania, España se ha caracterizado tradicionalmente por poseer escasa cultura en la colocación de sistemas de protección contra incendios.

Mientras que el empleo de un elemento tan importante como el rociador automático de agua comenzó a utilizarse a mediados del siglo XIX en diversas ciudades norteamericanas, en nuestro país no llegó hasta los años setenta, y para lugares muy específicos como centrales nucleares o refinerías.

En aquella época, las compañías de seguros ejercían un papel predominante, ya que eran las encargadas de recomendar las medidas necesarias que debían implantarse en cada espacio concreto. Esta situación comenzó a cambiar en 1982 con la publicación de la Norma Básica de la Edificación (NBE), que fijaba una completa normativa antiincendios en lugares de concurrencia pública (hoteles, colegios, hospitales, centros comerciales, etc), pero que, sin embargo, no preveía los establecimientos industriales.

Este vacío quedó zanjado en 2004 con la entrada en vigor del reglamento RD- 2267/2004, que obligaba a todas las nuevas industrias y almacenes a incluir un sistema de protección contra incendios. “A partir de este momento, el mercado de los sistemas antiincendios comenzó a aumentar en España de forma exponencial, con crecimientos anuales cercanos al 30%”, afirma Adolfo Sahuquillo, director de la división de Instalaciones de Protección Contra Incendios de Nordés Prosegur en Madrid y Andalucía.

Tecnología para naves

Este nuevo contexto legal, unido al crecimiento industrial y a la proliferación de inmensos almacenes robotizados para abastecer a las superficies comerciales de las grandes ciudades, ha sido vital para que empresas especializadas en la lucha contra los incendios comenzasen a implantar las últimas novedades tecnológicas que han situado a nuestro país en la primera línea de este sector.

Anteriormente, la última tecnología sólo estaba presente en naciones con leyes muy estrictas, como Estados Unidos. En España, por el contrario, ni siquiera se contemplaba porque no era necesaria”, apunta Sahuquillo. Son muchos los dispositivos de extinción de incendios que han experimentado un fuerte desarrollo a la hora de adaptarse a la nueva normativa y a las necesidades de las grandes instalaciones.

Sin duda, uno de ellos ha sido el rociador automático. Estos mecanismos, ubicados tradicionalmente en el techo de los edificios, arrojan agua pulverizada sobre el foco del fuego con el objetivo de aislarlo y controlarlo a la espera de la llegada de los bomberos. Pero, ¿cómo contener un incendio en un almacén de más de 20 m de altura si el agua procedente de estos rociadores termina evaporándose antes de llegar al suelo debido al intenso calor?

Rociadores con placa

La solución se encuentra en instalar los nuevos rociadores con placa, que se sitúan en el interior de las propias estanterías del almacén. Para ello, es preciso un trabajo conjunto con los ingenieros responsables del diseño de la instalación para dejar el espacio necesario que permita introducir los rociadores y las tuberías de agua.

Se denominan así porque poseen una placa en su parte superior para evitar que uno moje a otro e impida que se pueda poner en funcionamiento. Otra gran novedad ha sido la aparición de los rociadores de modo supresión, los únicos que están homologados para apagar fuegos en zonas de almacenamiento.

A diferencia del modelo clásico, denominado de modo control, expulsan una gota mucho más voluminosa, que tiene una mayor penetración en el fuego y no se evapora.Mientras que un rociador tradicional arroja unos 110 l por minuto, los de modo supresión llegan a echar hasta 600 l, por lo que resultan ideales para almacenes de unos 13 m de altura como má-ximo. A partir de ahí, se deben compaginar con los tipo placa para garantizar su efectividad.

Eliminar el oxígeno

Ante la aparición de nuevas necesidades, han surgido novedosas técnicas de prevención y protección contra incendios.Este es el caso, por ejemplo, de los modernos parkings robotizados, que han comenzado a implantarse en las grandes ciudades debido al acuciante problema de la falta de espacio.

Se trata de edificios que tienen varias decenas de metros de altura a los que sólo acceden los vehículos. Son lugares llenos de coches que no se pueden proteger de cualquier manera, ya que hay líquidos altamente inflamables como la gasolina o el aceite. Para asegurar las áreas anteriores, y otras de similares características, han surgido, pues, algunas innovaciones.

Una de ellas es la espuma de alta expansión, que funciona a través de unos gigantescos ventiladores situados en el techo,que se activan mediante detectores cuando comienza el fuego.Estos ventiladores son capaces de fabricar gran cantidad de espuma con muy poca agua, hasta llenar toda la zona que se desea preservar. De esta forma, se evita el contacto del oxígeno con el líquido combustible y la llama termina apagándose.

Agua nebulizada

Otro valioso procedimiento de reciente aparición es el agua nebulizada. Basado también en unos rociadores especiales, se trata de gotas de agua con un tamaño de micras: cuando entran en contacto con el calor que desprende, por ejemplo, un coche en llamas, rápidamente se transforman en vapor.

Como el vapor es un gas, se expande por todo el espacio desplazando al oxígeno y sofocando el fuego. Por último, hay que destacar los sistemas de inertización permanente, que reducen la concentración de oxígeno en el aire del área protegida. Para hacer esto posible, inyectan nitrógeno a través de un compresor hasta bajar el volumen de este gas, del 21% habitual al 14- 13%.

De este modo, la disminución de oxígeno hace que sea imposible la combustión automática. “Con una concentración tan baja, aunque se inicie un fuego, se propaga muy lentamente, por lo que una vez detectado es fácilmente controlable”, señala.

Evidentemente, esta novedosa tecnología no se puede emplear en aquellos espacios en los que hay gente moviéndose habitualmente. Sí, en cambio, resulta ideal para proteger los parkings robotizados antes mencionados u otros lugares que no estén frecuentados por personas, como cámaras frigoríficas, zonas de servidores informáticos, almacenes de materiales peligrosos, archivos de mu seos o salas eléctricas, entre otros muchos.

En el caso de los museos o las salas de ordenadores, se trata de la fórmula más idónea, ya que el uso del agua tendría también consecuencias catastróficas sobre el material que albergan las instalaciones. Además, la reducción de oxígeno ayuda a conservar en mejor estado las obras de arte”, reflexiona el responsable de Nordés Prosegur.

Valorar el mantenimiento

Tan fundamental es efectuar una correcta instalación de un sistema contra incendios y contar con la última tecnología como su posterior mantenimiento. Su objetivo es conservar todos los elementos de la instalación en perfectas condiciones, ya que los fallos suelen proceder de cuidados incorrectos o, simplemente, por no realizarlos.

El principal componente de una instalación, y que, por tanto, requiere de un mantenimiento más exhaustivo, es la sala de bombas: la encargada de proporcionar caudal de agua y presión a todo el sistema contra incendios.

Es el corazón de la instalación, el responsable de bombear el agua a todos los dispositivos.Y le sucede lo mismo que a un coche: si lo dejas aparcado en la calle durante meses, el día que lo necesitas y vas a arrancarlo es más que probable que no funcione”, indica el responsable de Prosegur.

Otra labor imprescindible es eliminar todas las partículas sólidas que, con el paso del tiempo, se van quedando en la parte baja de las tuberías debido a su habitual estado de reposo. Si no se lleva a cabo el correspondiente barrido, los diferentes elementos quedan taponados y es posible que un rociador nunca eche agua cuando se produzca un incendio.

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ALARMA DE ALTA TECONOLOGÍA

El incremento de las unidades fabricadas de detectores y el abaratamiento de la industria de los microprocesadores ha logrado que cada detector (lo pueden incluir tanto los dispositivos convencionales como los direccionables) pueda contar actualmente con un microprocesador en el que se cargan algoritmos, como la compensación automática de ensuciamiento, suavizado o recorte de señales y ajuste de la sensibilidad, que permiten ser más rápidos en la respuesta y en la reducción de falsas alarmas debidas a vibraciones, ruidos, etc. En muchas ocasiones, estos ajustes se pueden efectuar incluso de forma remota.

Detectores multicriterio

La nueva generación de detectores inteligentes también incorpora detectores multicriterio capaces de analizar incluso el tipo de fuego que está teniendo lugar a través del análisis del humo y el calor que desprende el incendio. Estos dispositivos pueden ajustar su sensibilidad de forma automática en función de las condiciones del entorno en el que están ubicados.

 

DETECCIÓN PRECOZ DEL FUEGO

La innovación tecnológica también es protagonista a la hora de aplicarse a los sistemas de detección de incendios, cuyo objetivo es la localización del fuego lo antes posible así como la detección fiable de falsas alarmas. Las técnicas utilizadas actualmente se pueden clasificar en dos tipos:

✑Convencionales: cada detector y módulo tienen una dirección única, por lo que, en el panel de control, solamente se identifica la zona en la que se genera la alarma. Este tipo de detectores resultan muy adecuados para pequeñas y medianas instalaciones. ✑Direccionables: a medida que el coste de los mecanismos de detección ha ido disminuyendo, se han hecho más populares los sistemas direccionados, sobre todo en las grandes superficies donde se emplean de forma estándar. Como regla general, en sistemas de más de seis zonas, los direccionables son la opción más económica: el coste por la utilización de estos detectores y paneles más sofisticados se amortiza mediante la reducción del gasto en instalación y mantenimiento.

 

PROYECTO A LA MEDIDA

Cuando el usuario se pone en contacto con la empresa proveedora de servicios de seguridad antiincendios, comienza un proceso complejo y laborioso que culminará con una instalación protegida con la última tecnología contra el fuego. El primer paso es la visita de un técnico-comercial a la compañía cliente para recopilar toda la documentación: requerimientos y necesidades, memorias, listados de materiales...

Se trata de disponer de toda la información necesaria para hacer una oferta económica. Una vez aceptada, será necesario que el personal de la firma verifique in situ el estado de la instalación y haga modificaciones en cuanto a necesidades y dispositivos a instalar. Es el momento de elaborar lo que se denomina ingeniería de detalle: cálculos hidráulicos, planos para entregar a los montadores…

Es un despiece minucioso de la obra para facilitar el trabajo al personal de producción. Además, hay que asegurarse del cumplimiento de la normativa vigente, estudiar la estructura de las naves y fijarse al milímetro en cada detalle.

Detalles de la obra

Cumplida esta etapa, entra en escena el departamento de obras, al que hay que entregar todos los planos y explicar el proyecto pormenorizadamente: cómo van a ir instalados los rociadores; cuál es su método de funcionamiento; cuáles son las secuencias de inicio, etc.

Los montadores se encargarán de la instalación y puesta en marcha tras solicitar el material necesario y establecer las consiguientes subcontratas para la ejecución de las obras. Después de la instalación, los técnicos explican al cliente có-mo trabajan los equipos: bombas, extintores, secuencia a seguir en caso de alarma, etc.