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Trigo: la energía que brota

27/03/2014

La necesidad de frenar con urgencia las emisiones españolas de efecto invernadero para cumplir con el Protocolo de Kioto y la dependencia exterior de otras fuentes energéticas tradicionales (el todopoderoso petróleo a la cabeza) han incentivado la experimentación con materias primas alternativas.

El trigo es precisamente uno de los cereales empleados para la producción de bioetanol, junto con otros vegetales como el maíz, el sorgo, la caña de azúcar o, incluso, las patatas. La falta de maíz y caña de azúcar, utilizadas principalmente por los grandes productores mundiales de bioetanol (Brasil y Estados Unidos) por su precio más reducido, ha llevado a España a volver la vista hacia este cereal autóctono.

Tan a tiempo lo hicieron algunas empresas nacionales que han convertido a España en el primer productor mundial de bioetanol, una cota todavía muy difícil de alcanzar por el biocarburante rival: el biodiésel. Gran parte de este éxito se debe a la labor emprendida por Abengoa, la firma que posee la mayoría de las plantas de bioetanol actualmente en producción o construcción en nuestro país.

Su implantación mundial se ha multiplicado a ritmo imparable con efectivos pasos estratégicos. El último de ellos, por ejemplo, la compra de la brasileña Dedini Agro por 211 millones de euros. La compañía absorbida cuenta con dos plantas de producción en el estado de São Paulo y está considerada una de las mayores productoras de este país líder en el mercado de los biocombustibles.

Dificultades

La marcha imparable de empresas como Abengoa ha difundido en muchos sectores económicos determinadas expectativas que, sin embargo, no se están cumpliendo en la realidad. La producción de bioetanol a partir del trigo y de otros cereales aparentemente bastante abundantes en la Península ha encontrado escollos difíciles de salvar. Una prueba de ello es la decisión de la propia Abengoa de paralizar la construcción de su nueva planta en Babilafuente (Salamanca) por segunda vez.

Las razones esgrimidas por la compañía para tomar esta decisión que le supone grandes pérdidas es “la incertidumbre regulatoria del uso del bioetanol en España”. La falta de una regulación específica sobre esta fuente de energía, que muchos ven como una de las únicas capaces de suplir la dependencia energética respecto del petróleo, ha llevado a muchas empresas a afrontar pérdidas en un mercado teóricamente incipiente.

Los principales representantes del sector de los biocombustibles afirman que uno de los efectos de esta falta de regulación son los altos precios de su materia prima. El alza ha llevado a que mucha sociedades españolas tengan serias dificultades para competir incluso con los precios del petróleo, lo que pone en cuestión a largo plazo su continuación en el mercado.

Precisamente, la consultora Accenture ha publicado recientemente un informe en el que recomienda prudencia a los empresarios que estén pensando en embarcarse en el negocio del bioetanol y los biocombustibles en general.

Crecimiento peligroso

Según los estudios elaborados por la consultora en España, se está viviendo un boom sin precedentes del que ya se está empezando a despertar. Las conclusiones sobre el tema avisan de que en pocos años solamente sobrevivirán las empresas más fuertes que sean capaces de competir con las de otras naciones ya muy implantadas en el mercado y con acceso a materias primas más económicas.

Será difícil que logremos competir con aquellos países en los que, por ejemplo, se están utilizando cereales manipulados genéticamente para reducir el precio”, explica José Carlos Caballero, experto en biocombustibles y representante de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA).

Otro de los impedimentos que halla el mundo de los biocombustibles, fundamentalmente la que tiene el trigo como materia prima, son las críticas feroces por parte de algunos sectores, como la industria alimentaria. Consideran desde este sector que la utilización de alimentos esenciales ha traído el encarecimiento constante de los precios del mercado de abastecimiento.

Agricultores, empresarios y muchos expertos en biocombustibles, sin embargo, discrepan rotundamente. “La razón del encarecimiento mundial de los precios del cereal y de los alimentos está en que China e India se han sumado al consumo global. La utilización de cultivos con destino a biocombustibles es todavía muy reducida en España y su impacto en los precios es nulo”, afrima Caballero, de ASAJA.

Y sigue: “Los principales perjudicados por este aumento son los agricultores que se dedican a brindar materia prima para la industria del biocombustible, que ven como este sector no termina de despegar en España”. Unas explicaciones que no acaban de convencer ni al sector alimentario ni a una gran mayoría de la población que ya se ha forjado su punto de vista.

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LARGA HISTORIA Y FUTURO INCIERTO

Aunque la utilización de cereales como el trigo parezca el fruto de las más moderna tecnología, ya desde el origen de los automóviles se estudió la utilización de estas materias primas renovables.

Desde 1920 a 1924, la Standard Oil Company comercializó un 25% de sus ventas totales de etanol en la zona de Baltimore (Estados Unidos). En aquel momento, los bajos precios del petróleo y la dificultad de almacenar la materia prima vegetal llevaron al abandono casi absoluto de esta fuente de energía alternativa. El sistema se levantaba eligiendo al petróleo –no renovable y altamente contaminante–, como su principal pilar.

Ahorrar gasolina

Precisamente lo opuesto a las necesidades actuales. Desde un punto de vista puramente ecológico y productivo, el etanol es susceptible de mezclarse con la gasolina y es capaz de reducir un 15% la cantidad necesaria de este elemento para un resultado energético similar. No obstante, los expertos coinciden en que habrá que perfeccionar todavía mucho su producción para conseguir llegar a su grado óptimo de rendimiento.