
La detección colaborativa, es decir, la interacción entre dispositivos y sensores con sistemas de IA, se encuentra entre las diez tecnologías con mayor potencial para transformar la industria y la sociedad en los próximos años. Lo afirma un informe del Foro Económico Mundial (WEF) elaborado junto con la editorial Frontiers. El dosier recoge las tecnologías emergentes y sus aplicaciones y las evalúa en función de su novedad, impacto y profundidad.
Los dispositivos de detección están cada vez más presentes en hogares, vehículos y lugares de trabajo, y el WEF espera que transformen el funcionamiento de las ciudades y cómo las organizaciones utilizan la información para tomar decisiones. De esta manera, los semáforos podrían cambiar dinámicamente en función de las cámaras de tráfico y los sensores ambientales, mientras que los yacimientos mineros podrían mapearse de forma autónoma. Otras aplicaciones incluyen el análisis de sistemas de tormentas, la coordinación de enjambres de drones, la monitorización de la salud, o una mayor precisión en la agricultura y la gestión de los recursos naturales.
Agentes autónomos ─como robots, drones, vehículos inteligentes y sistemas informáticos─, estarán equipados para navegar en entornos dinámicos y tomar decisiones colectivas. La detección colaborativa puede fomentar la resiliencia urbana, las cadenas de suministro y la capacidad de respuesta ante emergencias, al responder en tiempo real a condiciones cambiantes.

Infraestructura de telecomunicaciones
No obstante, el potencial transformador de la detección colaborativa a gran escala se enfrenta a ciertos desafíos. Uno de los principales es la expansión de la infraestructura de telecomunicaciones, ya que solo el 55% de la población mundial cuenta actualmente con acceso a 5G. Según el Foro Económico Mundial, la próxima década será decisiva para el desarrollo de estos sistemas.
Además de la detección colaborativa, otras innovaciones de alto impacto que completan el ranking del WEF son los compuestos estructurales para baterías, los sistemas de energía osmótica, las tecnologías nucleares avanzadas, la terapia de vida artificial, el GLP-1 para enfermedades neurodegenerativas, la detección bioquímica autónoma, la fijación de nitrógeno verde, las nanozimas y las marcas de agua generativas.