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El nuevo escenario energético

04/09/2002

Los quince miembros de la Unión Europea acordaron en la cumbre del pasado mes de marzo celebrada en Barcelona liberalizar el 60% del consumo industrial de electricidad y gas de la UE a partir de 2004. Según Pedro de Sampaio Nunes, Director de Energías Convencionales de la Comisión Europea, esto aumentará la competencia en el sector y, consecuentemente, provocará un descenso de los precios que estará supeditado, en parte, a la disminución de los costes que puedan llevar a cabo las compañías energéticas.

¿Cree que habrá quince mercados liberalizados de manera aislada o un mercado europeo único del gas y de la electricidad?

Justamente, en la Comisión estamos trabajando para construir un mercado unificado en Europa. Para eso hemos establecido diferentes políticas de armonización. Una de ellas es la creación de un ente regulador en cada país miembro para que nos ayude a controlar y analizar cada panorama nacional. Muy pronto todos estos organismos nacionales se unirán en una asociación de reguladores europeos que ayudará a la Comisión en la toma de decisiones.

¿En qué están trabajando actualmente los foros europeos dedicados al gas y la electricidad?

En estos momentos tanto el Foro de Florencia (dedicado a la electricidad) como el de Madrid (gas) están evaluando los obstáculos técnicos que pudieran surgir en este nuevo contexto y desarrollando soluciones para evitarlos. También están trabajando con los operadores de cada país en este sentido.

¿Qué se ha decidido con respecto al comercio fronterizo de electricidad?

Se ha desarrollado una regulación concreta para que el comercio entre países miembros sea más fluido. Esto ya se había hecho en el sector del gas, ya que éste es importado por la Unión de lugares muy concretos como Noruega, Rusia o Algeria y hace tiempo que fluye a través de los canales de transporte de los Estados. De este modo, el comercio de gas está preparado en gran parte para asumir este cambio, a pesar de que en este sector en concreto aún existen obstáculos que han sido tratados en el Foro de Madrid.

En su opinión, ¿los consumidores industriales se beneficiarán o se verán perjudicados con esta nueva organización?

Sólo veo ventajas para ellos. Las empresas europeas, sobre todo aquellas instaladas en países donde reina el monopolio energético, se beneficiarán enormemente por los precios más bajos que traerá el mercado liberalizado. Además, gracias a esto se volverán más competitivas en el ámbito mundial.

En cuanto a las compañías energéticas europeas, ¿cuáles serán las repercusiones de estos cambios?

A pesar de que ya ha habido algunas fusiones, creo que la tendencia acentuada hacia la cual se están orientando la mayoría de las empresas europeas es hacia un exhaustivo desarrollo de innovaciones tecnológicas para enfrentar el reto del mercado único. También están adquiriendo una preparación mayor para trabajar con energías limpias y cumplir las estrictas regulaciones del Protocolo de Kioto. No obstante, están más pendientes de analizar dónde se pueden recortar costes.

Con respecto a eso, ¿cómo se resolverá la contradicción entre la tendencia a reducir los costes y la responsabilidad de cada compañía de garantizar la seguridad de suministro?

No sólo las empresas, sino también la Comisión, los órganos reguladores y los Estados miembros son responsables de la seguridad en el suministro. Por ello, desde la misma Comisión proponemos un sistema de advertencias tempranas y preventivas para que no suceda lo que pasó en California (varios apagones afectaron a millones de usuarios durante el invierno de 2001).

Aunque nuestro sistema es, más que nada preventivo y no se basa en penalizaciones, se están analizando qué medidas concretas se tomarían en caso de un corte de suministro de gas, petróleo o energía nuclear; todas son fuentes primarias, además, para generar electricidad.

¿Qué perspectivas establece para este mercado único?

El sistema de verificación de comercio y transporte de energía a través de los Estados miembros será analizado el próximo otoño por los foros de Florencia y Madrid. Éste es un tema muy importante para el futuro. Por otro lado, si ahora sólo el 8% de la electricidad europea se comercializa puertas adentro de la Unión, este porcentaje, probablemente, se duplicará en un periodo de entre cinco y diez años. Por supuesto que esto depende de las ventajas competitivas de cada Estado, pero es seguro que tendremos una electricidad más barata, segura y limpia.

¿Qué conclusiones resaltaría con respecto a la cumbre de Barcelona celebrada el pasado mes de marzo?

Ha sido un gran paso adelante y extremadamente positivo. No es muy común que en oportunidades como ésta se avance de manera tan concreta, sobre todo en materias técnicas. A finales de este año presentaremos una propuesta concreta para finalmente liberalizar la totalidad del mercado.

Fuente: Johana Kunin


 

Un mercado energético abierto para la Unión Europea
 

A partir del año 2004, todos los consumidores de la Unión Europea, menos los domésticos, tendrán la posibilidad de elegir suministrador de electricidad y gas entre las compañías europeas que presten ese tipo de servicios.

Los primeros pasos en el proceso de liberalización se llevaron a cabo en 1996 con la adopción de la Directiva de la electricidad y en 1998 con las del gas. “"Éstas han llevado a que, espontáneamente, dos tercios del mercado de la electricidad y un 80% del gas se abrieran provocando así un acusado descenso de los precios”", explicó la comisaria de Transporte y Energía de la Unión Europea Loyola de Palacio, en la última reunión del G-8 celebrada el pasado mes de mayo en Detroit (Estados Unidos).

Para liberalizar la energía de acuerdo con las normativas comunitarias, y sin depender de la evolución natural de cada mercado, los miembros de la Unión Europea acordaron en marzo pasado, durante la celebración de la cumbre de Barcelona, permitir que el 60% de los consumidores industriales de electricidad y gas de la UE elija libremente suministrador a partir de 2004. El objetivo inicial era abrir el mercado para las empresas de electricidad en 2003 y el del gas en 2004. Además, se quería alcanzar la liberalización total, incluyendo a los particulares, en 2005.

Pero los representantes franceses impusieron sus tesis de una liberalización "regulada y progresiva". A su entender, las experiencias de Suecia y del Reino Unido, con mercados liberalizados al 100%, no son positivas: las tarifas han subido. En Francia, en cambio, donde el mercado está controlado por la empresa pública EdF, los precios son más bajos, aseguran.
 

Otras decisiones tomadas en Barcelona

En cuanto a las interconexiones (conexión entre países para el transporte energético), España —que se mantiene prácticamente aislada de Europa, con un grado de integración en red que no alcanza el 3%— y otras naciones que funcionan como “islas” energéticas se verán más beneficiadas.

El documento final de Barcelona recoge un acuerdo por el cual los países miembros deben alcanzar en 2005 un nivel mínimo de interconexiones eléctricas del 10% de su capacidad de producción, cuatro veces más que ahora. Las necesidades de financiación de la integración de redes deberán cubrirse principalmente gracias a las empresas implicadas.

La entrada en vigor de mayores capacidades de conexión supone una diversificación de suministro para reducir los riesgos de apagones y disfunciones del sistema eléctrico. Por otra parte, la declaración final también establece plazos para regular el acceso no discriminatorio de consumidores y productores a la red, basado en tarifas transparentes y publicadas. Además, cada Estado creará una autoridad reguladora para garantizar el control efectivo de las condiciones de establecimiento de tarifas.

El concepto europeo de apertura de mercado no ve a la competencia como un objetivo en sí mismo. Eso significa que también hay otras prioridades que deben ser cumplidas, como los precios competitivos, un mejor servicio al cliente y la seguridad del suministro”", subrayó Loyola de Palacio en la misma reunión del G-8. Además, añadió: “"La liberalización y la protección de servicios de los clientes son asuntos complementarios. Con la elección de un suministrador, los estándares de servicio serán mejorados como resultado de la competencia”".

Los presidentes de los Estados miembros de la Unión Europea acordaron también la separación de la transmisión y la distribución energética de la producción y el suministro, aspectos que ya existen en gran parte de las normativas de sus países, incluyendo a España.

Para concluir, tal como establece el documento de la Comisión Europea “"Conclusiones de la cumbre de Barcelona”", “"se insta al Consejo y al Parlamento Europeo a que adopten, tan pronto como sea posible en 2002, las propuestas pendientes para la fase final de la apertura del mercado de la electricidad y el gas”". Esto significaría que los consumidores domésticos también podrían elegir a su proveedor.

 

El Protocolo de Kioto
 

Fue aprobado en la ciudad japonesa de Kioto en 1997 en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el cambio climático. Afecta a los países desarrollados, que se comprometen a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 5,2% de media en el periodo comprendido entre 2008 y 2012 respecto a los niveles de 1990, lo que es igual a evitar la expulsión de 340 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Estados Unidos —que más tarde no ratificó el acuerdo— y Europa se comprometieron a una reducción mayor (del 7% y el 8%, respectivamente). Se estima que los países más ricos del mundo, con un 20% de la población total, emiten más del 60% de los gases de efecto invernadero, fundamentalmente dióxido de carbono, metano y óxido nitroso.

Para España, el cumplimiento del Protocolo de Kioto implica no aumentar sus emisiones más del 15% respecto al nivel de 1990, pero actualmente ese incremento de contaminación por gases de efecto invernadero está ya muy por encima del 20%. Más en detalle, el protocolo no se pronuncia a favor o en contra de energías alternativas concretas ni de la nuclear.

En su artículo 2 expone: “Con el fin de promover el desarrollo sostenible, cada una de las partes al cumplir los compromisos cuantificados y contraídos, de limitación y reducción de las emisiones, aplicará y/o seguirá elaborando políticas y medidas de conformidad con sus circunstancias nacionales, como por ejemplo:
 

  • Fomento de la eficiencia energética en los sectores pertinentes de la economía nacional.
  • Protección y mejora de los sumideros y depósitos de gases de efecto invernadero, promoción de prácticas sostenibles de gestión forestal, forestación y reforestación.
  • Promoción de modalidades agrícolas sostenibles a la luz de las consideraciones del cambio climático.
  • Investigación, promoción, desarrollo y aumento del uso de formas nuevas y renovables de energía, de tecnologías que eviten la emisión de dióxido de carbono y de tecnologías avanzadas y novedosas que sean ecológicamente racionales.
  • Reducción progresiva o eliminación gradual de las deficiencias del mercado, incentivos fiscales, exenciones tributarias y arancelarias y subvenciones que sean contrarias al objetivo de la Convención en todos los sectores emisores de gases de efecto invernadero y aplicación de instrumentos de mercado”.

 

La energía nuclear, la polémica interminable
 

A pesar de que se prevé que aumente el consumo de energía eléctrica en un 3,4% en la próxima década, el Gobierno español ha preferido aplazar el debate sobre los recursos nucleares y, consecuentemente, la edificación de nuevas centrales. No obstante, en muchos países del resto de la Unión Europea y del mundo se establecen planes concretos y se proyectan nuevas construcciones. “

"En un entorno en el que el kilovatio eléctrico generado a partir de gas natural cuesta más de 0,04 euros, el nuclear es mucho más competitivo. Desde el punto de vista medioambiental, este tipo de energía tiene un impacto evidente, pero conocido y limitado. Por último, está pendiente su aceptación social, en la que estamos trabajando”", asegura Eduardo González, presidente del Foro de la Industria Nuclear Española.

La vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Energía y Transportes, Loyola de Palacio, coincide con él: “"Sería un error gravísimo que la Unión Europea renunciara al uso de la energía nuclear”". Además, vinculó este recurso al cumplimiento del acuerdo de Kioto y de los compromisos de los Quince para luchar contra los efectos perjudiciales del cambio climático.

Por su parte, el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), Donald Johnston, destacó que este tipo de energía es abundante, produce escasas emisiones con efecto invernadero (evita la emisión de 700 millones de toneladas de CO2 al año) y presenta garantías en cuanto a la seguridad de suministro, puesto que las reservas de uranio se encuentran en países más estables que aquellas de donde procede el petróleo.

Sin embargo, el Gobierno español planea una progresiva pérdida de peso de las centrales nucleares en el conjunto del mercado de producción eléctrica. Actualmente, cerca del 28% de los kilovatios generados en España tienen origen atómico. Se prevé que dentro de ocho años esa cifra se rebaje al 20%. Pese a la insistente recomendación de la Comisión Europea y al explícito apoyo de los empresarios del sector energético español, el Ministerio de Economía ha establecido que no se construirán nuevas instalaciones.

España cuenta con siete centrales localizadas en Cáceres (Almaraz I y II), Tarragona (Ascó I y II y Vandellós II), Valencia (Cofrentes), Guadalajara (José Cabrera y Trillo 1) y Burgos (Sta. María de Garoña) que forman un total de nueve grupos nucleares. Además, posee una fábrica de combustible nuclear en Salamanca (Jozbado) y un centro de almacenamiento de residuos radiactivos de baja y media actividad en Córdoba (El Cabril). Hasta ahora no se ha anunciado el cierre de ninguna de ellas.

El presidente del Foro de la Industria Nuclear, Eduardo González, ha destacado que la inversión que requiere la construcción de una central y el tiempo empleado en ello (unos seis años) obliga a tomar con mucha anticipación la decisión sobre su puesta en marcha. Además, aseguró que varias eléctricas españolas estarían dispuestas a construir plantas si contaran con un marco regulador estable y reconoció que las nuevas centrales pueden ser rentables sin recibir subsidios.

De cara a 2010, el Gobierno se propone alcanzar los siguientes objetivos con respecto al parque nacional de generación: las centrales de gas han de producir el 34,2% de la electricidad (frente al 9,7% actual) y el 28,9% de la energía tendrá “origen verde” (frente al 16,9% de hoy día). Los detractores del plan alegan que las energías renovables son sólo una alternativa a largo plazo.

Desde el sector eléctrico se asegura que la propia realidad obligará a retomar el debate nuclear mucho antes de lo previsto. Primero, porque la Comisión Europea insiste en que el fomento de la energía nuclear es el único modo de alcanzar los compromisos medioambientales del Protocolo de Kioto.

En segundo lugar, el coste de generación del kilovatio atómico es el más barato; según el Foro Nuclear, sustituir los 59.000 millones de kilovatios nucleares actuales por electricidad generada por ciclos combinados (gas) supondría un incremento de costes para las empresas de 721 millones de euros.

Y tercero, porque se prevé un incremento de la demanda total de energía española en un 3,4% para la próxima década, un punto por encima de la media europea. Asimismo, la Asociación Española de la Industria Eléctrica (UNESA) sostiene que en los primeros cinco meses de este año ya ha aumentado un 4,3% el consumo de energía eléctrica en nuestro país respecto al mismo periodo del pasado ejercicio.
 

Las apuestas de Europa por este recurso

De acuerdo con los datos aportados por la Agencia Internacional de Energía Atómica (International Atomic Energy Agency, IAEA) actualmente existen 438 centrales nucleares operando en el mundo que producen el 16% de la electricidad que se consume en la Tierra.

Los diez países que más confían en este tipo de energía son: Francia (el 76,4% de la electricidad se genera a partir del recurso nuclear), Lituania (73,7%), Bélgica (56,8%), República Eslovaca (53,4%), Ucrania (47,3), Bulgaria (45%), Hungría (42,2%), República de Corea (40,7%), Suecia (39%) y Suiza (38,2%). Del total de las instalaciones en el mundo, 143 están en la Unión Europea y producen aproximadamente un tercio de la electricidad de la región.

Según la Comisión de Energía de la UE, contando con el cumplimiento de los objetivos marcados para las energías renovables y suponiendo una vida de 40 años de las centrales nucleares en funcionamiento, serán necesarias otras cien instalaciones de este tipo para mantener la misma estructura de generación eléctrica en 2025. Bruselas pretende aprobar en los próximos meses normas comunes relativas a la seguridad en sus dependencias nucleares.

El Partido Socialista francés ha advertido de la necesidad de revisar la política energética nacional, con el fin de mantener la independencia del país; una casi autosuficiencia que se basa en el enorme peso de la energía nuclear.

La tendencia es similar en Finlandia. El pasado 17 de enero, el Ejecutivo finlandés aprobó la construcción del quinto reactor del país. En cambio, el apoyo no es tan abierto en el Reino Unido, aunque el Gobierno de Tony Blair está barajando la hipótesis de relanzar la generación atómica.

Contrariamente, Alemania aprobó el cierre progresivo de sus centrales de aquí a 2021 y el Gobierno belga estudia estos días subirse al tren elegido por este último país. En principio, el objetivo es desprenderse de las centrales, hasta eliminar la energía nuclear en 2014.

En lo que respecta a Suecia, el Ejecutivo inició en 1999 el cese de reactores. Sin embargo, las bajas temperaturas, el ritmo de desarrollo industrial y el aumento de las importaciones de gas y carbón le han obligado a replantearse la estrategia energética.
 

El resto del mundo da el sí a la energía nuclear

Tal y como sostiene el presidente del Foro Nuclear, la polémica sobre la construcción de nuevas centrales nucleares es un debate exclusivo de los países de Europa Occidental. En Estados Unidos, Asia y Europa del Este se están edificando nuevas instalaciones.

De esta forma, en la actualidad, se hallan en construcción 30 nuevos reactores y la mayoría en países asiáticos (China, India, Japón o Corea). En el año 2000 se inauguraron tres en la India y otros dos en Pakistán y Brasil. A lo largo de este ejercicio se espera que entren en funcionamiento una unidad en la República Checa, dos reactores en China y cuatro en Canadá.

Estados Unidos, que cuenta con un 20% de producción eléctrica de origen nuclear, calcula que de las 1.300 centrales eléctricas que planea erigir en los próximos 20 años, más de 50 serán nucleares.

Fuente: Johana Kunin

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Beneficios y los perjuicios que acarrea la energía nuclear
 

En la Unión Europea, la energía nuclear evita la emisión de 700 millones de toneladas de CO2 por año a la atmósfera. Esta cifra equivale a que todos los automóviles que circulan por el continente, unos 200 millones, se retiren de las calles. A escala mundial, en 1996 se evitó, gracias a la energía nuclear, la emisión de 2,33 billones de toneladas de CO2 a la atmósfera.

De acuerdo con los partidarios del uso de este tipo de recurso, los vertidos de las centrales al exterior se pueden considerar como mínimos. Se expulsan en forma gaseosa por la chimenea, con un índice de radiactividad bajo, y en forma líquida, a través del canal de descarga.

En comparación con los residuos de otras actividades, los radiactivos representan un volumen insignificante (0,002 millones de toneladas al año) del volumen total de residuos generados en España (328 millones de toneladas al año). Además, al utilizar este tipo de recurso se reduce el consumo de las reservas de combustibles fósiles, obteniendo con muy poca cantidad de combustible (uranio) muchísima más energía, evitando así gastos en transporte y residuos.

Igualmente, existe la posición contraria, la de los detractores de la energía nuclear que no aceptan la utilización de este recurso para la generación de electricidad. Greenpeace España, por ejemplo, además de rechazar cualquiera de sus aplicaciones militares, la considera una tecnología obsoleta, ineficiente, peligrosa, contaminante, cara e innecesaria, desde el punto de vista energético.

Según un comunicado de esta asociación ecologista, "“la energía nuclear es uno de los errores tecnológicos, ecológicos, sociales y económicos más graves de nuestro tiempo. Catástrofes como la de la central nuclear de Chernóbil y la mera existencia de los residuos radiactivos (que serán enormemente peligrosos durante miles de años) son una prueba palpable de todo ello"”.

Para Greenpeace, la energía nuclear es innecesaria porque ya existen otros recursos energéticos limpios como son los renovables con suficiente potencial y desarrollo tecnológico. Abandonar dicha energía nuclear en España y en el mundo —en la opinión de la asociación— es tan sólo un problema de voluntad política.

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Novedades y perspectivas de las principales energías renovables

Biomasa
La biomasa es la materia orgánica originada en un proceso biológico espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía tanto con fines de calefacción como de electricidad. El abastecimiento en bioenergía comprende los residuos agrícolas, los desechos forestales, los flujos de residuos y nuevos cultivos energéticos.

El enorme potencial de los residuos forestales y agrícolas ha permanecido hasta ahora sin explotar. Existen también biocarburantes, que se dividen principalmente entre el biodiesel (elaborado en base a un 70% ó 80% de aceites orgánicos) y los alcoholes procedentes de la remolacha y el trigo. El biodiesel puede utilizarse para sustituir el gasóleo normal sin problemas técnicos importantes.

En cuanto a los alcoholes, es posible mezclarlos con la gasolina convencional hasta un 15% sin necesidad de introducir modificaciones en el parque de vehículos. En lo referido a su impacto ambiental, los biocarburantes emiten entre un 40% y un 80% menos de gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles.

Son asimismo creadores de empleo en las zonas rurales y contribuyen a preservar el tejido rural ofreciendo nuevas salidas a la producción agrícola. En la Unión Europea, la cuota de los biocarburantes todavía es baja. En 1998 se situó en el 0,15% del consumo total de aceites minerales combustibles.

El principal obstáculo para su utilización es la diferencia de precio con respecto al carburante fósil. La Comisión Europea, en su Libro Blanco sobre las fuentes de energía renovables, cifró la contribución de la bioenergía al consumo total de aquí al 2010 en un 7%.

Eólica
El desarrollo alcanzado por la energía eólica en los últimos años ha permitido que esta fuente de energía renovable comience a ser competitiva frente a las convencionales. A pesar de ciertos obstáculos, se conectan a la red eléctrica parques eólicos; los fabricantes de equipos alcanzan la madurez tecnológica; las grandes corporaciones energéticas diversifican sus recursos de generación y áreas de negocio; los promotores privados obtienen beneficios económicos; y muchos gobiernos aseguran un marco normativo estable.

Aparte de la existencia de grandes recursos eólicos, la gran ventaja medioambiental de este tipo de energía es la reducción del efecto invernadero. A pesar de ello, esta fuente también presenta inconvenientes como el impacto visual en zonas de belleza paisajística, la alteración biológica y geológica del entorno, además del ruido e impactos sobre la fauna.

Solar
La energía solar podría proporcionar electricidad a más de mil millones de personas, creando unos dos millones de empleos para 2020 y alcanzar así el 26% de las necesidades energéticas mundiales para 2040, según un informe publicado por Greenpeace y la Asociación Europea de la Industria Fotovoltaica (EPIA).