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Logística en tierra de faraones

01/05/2005

La mayor pirámide de Egipto, perteneciente al rey Queops (Khufu), de la dinastía IV, alcanzó una altura de más de 146 m, aunque en la actualidad sólo mide 137 m como resultado de la pérdida de su revestimiento exterior. Se calcula que contiene 2,3 millones de bloques de piedra que debían de pesar una media de 2,5 t cada uno, en total unos seis millones de toneladas sobre una superficie de 52.900 m2.

Según Herodoto, en la erección de esta pirámide–que él visitó 2.000 años después– se emplearon 20 años y se dispuso de "turnos de 100.000 hombres, a razón de tres meses cada turno". Hoy se piensa que esta cifra se refería aun total anual, siendo los turnos de 25.000 hombres. También se sabe que no eran esclavos, sino artesanos del rey y campesinos. La construcción de una pirámide implicaba a todos los egipcios, que asumían así su papel en el mantenimiento del equilibrio cósmico.

Quizá empezara a ensayarse un sistema de producción just in time, operando con los recursos humanos más ajustados posibles. Y es que para construir todo el monumental conjunto –la gran pirámide, la calzada, dos templos, la pirámide satélite, tres pirámides de reinas y mastabas de funcionarios– se tuvieron que colocar 230 m3 de piedra al día, a un ritmo de un bloque de tamaño mediano cada dos minutos en una jornada de diez horas, mientras había luz diurna.

 

Logística en las pirámides

Gran parte de la piedra para las tres pirámides de Guiza fue extraída de las cercanías, de la meseta del mismo nombre. Pero la piedra caliza de mejor calidad para los revestimientos exteriores de las pirámides procedía de canteras del este del Nilo, principalmente de Tura; el granito, para sarcófagos y cámaras sepulcrales, de Asuán; el yeso y el basalto, de El-Fayum; el cobre, del Sinaí; y la madera de cedro, del Líbano.

Para la obtención de todos estos materiales se organizaban continuas expediciones, en las que ya se aplicaban conceptos logísticos. En la cantera –explica Mark Lehner en Todo sobre las pirámides– lo más probable es que se utilizaran grandes palancas de madera para separar los bloques. Aunque también se ha sugerido que los fragmentos se extraían mediante cuñas de madera introducidas en las hendiduras realizadas previamente.

La expansión de esta madera al humedecerse haría que las piedras se agrietaran, facilitando su extracción. Después se tallaban con cincel y martillo, en el caso de la cuarcita, o con rocas de dolerita, en el caso del granito.

En cuanto al transporte de los bloques, se utilizaban trineos de madera (la rueda, pese a conocerse, no se empleó nunca en Egipto debido a la inexistencia de caminos firmes). Cada bloque era arrastrado hasta una de las embarcaciones preparadas al efecto, deslizándose sobre una hilera de troncos, colocados paralelamente entre sí y encajados en la arena, para evitar que el trineo se hundiera bajo el peso de la piedra.

Asimismo se llevaba un estricto control de todas las piedras y de las cuadrillas a las que se había asignado su transporte. Ya en el lugar de erección de la pirámide, una de las hipótesis más aceptada sostiene que para subir los bloques de piedra se preparaban grandes rampas de tierra por las que se arrastraban mediante cuerdas. Existen varias hipótesis sobre la forma de estas rampas (en zigzag, espiral, recta...).

Pudo ser que en cada ángulo de la pirámide comenzara una rampa, que se elevaba progresivamente a lo largo de un lado, apoyándose sobre los bloques sin terminar del revestimiento. Una serie de travesaños de madera encajados en la rampa reducían el roce de los trineos. Además de varios millares de hombres picapedreros, albañiles, geómetras, carpinteros, peones... que trabajaban todo el año, cerca de 50.000, en su mayor parte agricultores, acudían a la obra entre los meses de julio y noviembre, cuando los campos eran anegados por las inundaciones y resultaba, por tanto, imposible su cultivo. Estaban organizados en cuadrillas para el transporte de las piedras desde las canteras hasta la obra. Cada cuadrilla estaba compuesta por 25 trabajadores, bajo el mando de un capataz. A todos ellos se les pagaba con alimentos y ropas.

"Como toda la tecnología, antigua o moderna, la construcción de pirámides –explica Mark Lehner– se basaba en herramientas, técnicas y operaciones. Los constructores egipcios utilizaron sus herramientas simples–como plomadas, hilos, cuerdas, madera, martillos de piedra, trineos, escoplos de cobre y sierras– en ciertas técnicas: medir, alinear, cincelar, apalancar, cortar y pulir, etc. Las técnicas se combinaban en las operaciones, y las operaciones en el cúmulo de técnicas que levantaron los complejos de las pirámides".

 

Trabajos de cimentación

Una vez aprobado el proyecto de construcción de una pirámide, el arquitecto responsable ordenaba limpiar el terreno de piedras y arena, de modo que aflorara la roca sobre la que debía levantarse la inmensa obra. La preocupación por toda la carga estática era evidente. La mejor prueba de la eficacia de esta cimentación es que las pirámides "aún están de pie" después de tantos miles de años, señala Dieter Arnolden Building in Egypt.

Sin embargo, añade este autor, los egipcios no previeron el efecto del continuo aumento del nivel freático de las aguas del subsuelo que hoy amenaza a muchos de estos monumentos. Simultáneamente al trabajo de cimentación, los escribas preparaban la relación de las piedras necesarias tanto en lo que respecta al número total como a las dimensiones de los diferentes bloques.

Una copia de esa relación se enviaba a las canteras, junto a la orden de comenzar los trabajos. Antes de iniciar la construcción era necesario localizar con exactitud el norte, para poder orientar con precisión la pirámide. Después, en muchas ocasiones, hubo que nivelar el terreno. En el caso de la pirámide de Queops, fue la superficie de la plataforma de cimientos la que se niveló con precisión, más que el lecho de roca (la base sólo presenta un desnivel de 2,1 cm).

Nivelado el terreno, comenzaba a trabajarse en la galería que conducía a la tumba.

Reutilización de 'talatats'

Uno de los templos que el rey Akhenatón dedicó a su dios Atón, el disco solar, en Karnak, y conocido como Gempa-Atón, fue construido con piedras de pequeño tamaño denominadas talatats, utilizadas como material de construcción durante el período de Amarna y en construcciones posteriores. Su nombre se debe a que miden tres palmos (talata en árabe significa tres). Tenían la ventaja de ser transportadas a la espalda por un solo hombre, con lo que mediante su utilización se aceleraba el proceso constructivo.

Del templo de Gempa-Atón hoy sólo pueden identificarse algunos restos porque los monarcas de finales de la dinastía XVIII y principios dela XIX persiguieron la memoria de Akhenatón por desafiar a los sacerdotes tebanos y haber dejado de rendir culto a los dioses tradicionales de Egipto. No obstante, se han conservado decenas de millares de bloques –40.000, según algunas fuentes–de pequeño tamaño con relieves y fragmentos de estatuas gracias a que se reutilizaron–había que abaratar costes– en la construcción de templos ulteriores, pero sobre todo en algunos pilonos del Templo de Karnak. Y, precisamente,porque fueron usados como material de relleno, su decoración presenta todavía,en muchos casos, la pintura en estado original.

El Obelisco inacabado

En las canteras de Asuán yace en el suelo el gigantesco Obelisco inacabado, que sobresale de la roca de granito. Debió de ser abandonado tras detectarse una imperfección en la piedra o debido a su tamaño. De haberse terminado, este monolito habría pesado 1.168 t y alcanzado 41,75 m de altura.¿Cómo se extraían, exportaban e izaban estos monumentos simbólicos de los faraones? Gracias al Obelisco inacabado tenemos alguna información, como señala Dieter Arnold.

Seleccionada la pieza de granito, se cortaba golpeando con bolas de dolerita. Los pasillos creados alrededor tenían la anchura de un hombre. Para la cara inferior se excavaba un túnel a ambos lados del bloque. La parte central se desprendía con palancas, tras hacer una apertura en la parte delantera de la zanja, y era rodado sobre unos de sus lados hacia la rampa de transporte sobre los trineos de madera.

Ya en el Nilo, se embarcaba el obelisco en un barco especial que se cargaba con bloques de piedra con peso similar al del monolito. Este lastre se soltaba a medida que el monolito se introducía en el barco. Sabemos que en la extracción y traslado de los dos obeliscos de la reina Hatshepsut del Templo de Karnak se tardaron siete meses. Para el levantamiento, posiblemente se construía una pared de adobe y el obelisco era arrastrado con cuerdas a través de una guía a base de tablas humedecidas y limo para su mejor deslizamiento;después, se introducía en una ranura practicada en el muro. También pudo utilizarse una rampa alrededor de la base del monolito.

Deir el-Medina, la ciudad de los artesanos

Las grandes pirámides como sepultura real dejaron de construirse con el tiempo. En su lugar, los faraones del Reino Nuevo, a partir de la dinastía XVIII, prefirieron enterrarse en hipogeos, tumbas excavadas en la roca de una montaña a muchos metros de profundidad. Al ser el acceso más restringido y de fácil vigilancia, confiaban ingenuamente en evitar el saqueo de tumbas, tan frecuente en las pirámides. No lo consiguieron.

Eligieron para ello un valle que después hemos llamado el Valle de los Reyes, cerca de Luxor. Allí, Thutmosis I y sus sucesores –entre ellos Tutankhamón–, crearon una infraestructura material y logística sin precedentes: Deir el-Medina, un poblado próximo al valle, de unas 70 casas de adobe, expresamente establecido para albergar a los artesanos (y a sus familias) necesarios en la excavación y en la decoración de los hipogeos.

Capataces y escribas supervisaban el trabajo de albañiles, canteros, pintores, tallistas de relieves y escultores, una cuadrilla de 60 hombres como mínimo, divididos en dos equipos. Había que proceder conforme al plan previsto para cada tumba y en el menor tiempo posible; por lo general se excavaba en dos años, aunque decorarla llevaba más tiempo. Convencidos de la eficacia de la proporción inversa, a veces se duplicaba el número de obreros para que el trabajo se efectuara con mayor rapidez. Maat y su mantenimiento

Durante los siglos de Historia del Egipto Antiguo se construyeron grandes estructuras –pirámides, templos, palacios...– donde, prácticamente, los únicos elementos estructurales usados fueron la viga y la columna. Claro que los egipcios eran expertos en almacenar y colocar piedras de varias toneladas y encajarlas con precisión.

Creían en una ley natural que regía todo entre sí en un difícil equilibrio diario, permanentemente amenazado por el caos. De ahí su gran respeto por el orden establecido que llamaban Maat. La logística fue necesaria para su mantenimiento.Las pirámides, si bien no pudo evitarse que fueran saqueadas, continúan siendo monumentos a la habilidad en la organización de los esfuerzos de miles de personas, en un intento de vencer el paso del tiempo y dejar tras de sí algo que durase eternamente.

Los egipcios nos enseñaron que si hace 5.000 años, sin la tecnología actual, se podían mover millones de toneladas de piedra para construir pirámides rascacielos, hoy, todo, absolutamente todo, se puede mover y transportar just in time. Una lección que no debe olvidarse a pesar del paso del tiempo.

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SILOS PARA ALMACENAR LOS ALIMENTOS

Según el sociólogo y economista Karl Polanyi, los precios establecidos por la combinación de oferta y demanda en un mercado libre constituye una novedad en la Historia de la Humanidad surgida a partir de la era industrial en la civilización occidental. Las demás sociedades habrían regulado su economía por otros medios.

El modelo que describe las relaciones económicas en el Egipto Antiguo es el denominado redistributivo. El sector público tenía una gran importancia en la economía egipcia a juzgar por las necesidades que debía satisfacer (el almacenamiento de grano para su distribución en caso de emergencia, la construcción y mantenimiento de canales para el correcto aprovechamiento de la crecida, la organización de grandes expediciones militares y comerciales a países del entorno, la mano de obra para las grandes construcciones, la infraestructura logística para las frecuentes ceremonias reales, etc.).

El faraón era propietario de toda la tierra y el campesino estaba obligado a entregar a los almacenes centrales un tributo. A cambio, el rey garantizaba el mantenimiento de la Maat, que proveería de buenas cosechas a Egipto.

Para llevar a cabo las tareas administrativas y de gobierno necesarias, el rey contaba con una jerarquía de funcionarios. El visir o primer ministro era el funcionario de mayor rango y estaba respaldado por toda una serie de gobernadores regionales que dirigían los diferentes nomos, o provincias en las que estaba dividido Egipto. La principal tarea de estos altos funcionarios era recaudar impuestos, en forma de excedente de grano y de productos diversos, para con ellos mantener a la familia real, a los funcionarios, a los sacerdotes, a los escribas y al Ejército.

El importe de estos impuestos era determinado por los escribas en función de las medidas de la extensión exacta de los sembrados calculada por los agrimensores egipcios. Los funcionarios también debían reunir a los trabajadores para colaborar en los grandes proyectos del Estado, como la construcción de las pirámides.

Como comenta Manfred Gutgesell, en El mundo de los faraones, en Egipto el almacenamiento de alimentos era una condición indispensable para el surgimiento del Estado. "Sólo cuando se logró motivar a los productores de alimentos a producir más de lo que necesitaban para el autoconsumo se dispuso de medios para alimentar a las personas que no estaban directamente involucradas en el proceso de producción de alimentos".

La administración de los excedentes de una sociedad constituyó la base del poder del rey y sus altos funcionarios. En las cercanías de cada templo y de las dependencias reales se han excavado grandes edificaciones que se utilizaron como almacenes. Y en general hubo una gran capacidad de almacenamiento para crear reservas, tanto en las propiedades del Estado como en la economía de las haciendas particulares. Si bien no había cero stocks como en la filosofía de gestión just in time, el modelo funcionaba.