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Cuatro maneras de ver el mundo

27/03/2014

Las personas vemos las mismas cosas de manera distinta. La razón de fondo está en los hábitos con los que nos acostumbramos a mirar a nuestro alrededor y en la sensibilidad que hemos desarrollado. Hay una sensibilidad anglosajona, en la que el énfasis se pone en los resultados y la detección de oportunidades.

Hay una sensibilidad latina, cuyo interés se centra en la seducción y en la creatividad. Hay una sensibilidad asiática, donde prima el equipo y la armonía. Y, por último, existe una sensibilidad germánica cuya prioridad son las tareas y la eficacia. Todos los enfoques son legítimos, pero también todos son parciales.

La persona que abuse de una de las sensibilidades pone en peligro la sostenibilidad de sus resultados. La construcción de los sueños requiere que practiquemos la polaridad. Ésta es la capacidad de conectar las sensibilidades más alejadas y tensarlas para que generen avance, aprendizaje, diversidad, contraste y energía.

A grandes trazos, se puede afirmar que los de arriba, los anglosajones y latinos, suelen tener más iniciativas que los de abajo, los germánicos y asiáticos, que tienden a ser más cautos. Esto se ve en las reuniones: casi siempre se alzan con el liderazgo los que son más anglosajones y latinos.

Es interesante comprobar cómo las sociedades germánicas y las asiáticas son mucho más jerárquicas que las anglosajonas y las latinas. Por el contrario, a los anglosajones y los latinos les interesa más la actuación en el mercado que la estructuración interna.

 

Y usted, ¿cómo es?

Probablemente, tras analizar las cuatro mentalidades, haya concluido que su manera de ser y de mirar al mundo no se corresponde al cien por cien con ninguna de las cuatro esquinas. Sin embargo, hay una de ellas que predomina sobre el resto y hace predecible el sesgo que le da a los acontecimientos y al curso de su vida.

Además, en el compuesto químico de su personalidad existe una segunda esquina con mayor contribución a la fórmula final. La segunda esquina se sitúa pocas veces en la diagonal de la primera. Un ejemplo: anglosajón con asiático. Normalmente se coloca en el eje horizontal (anglosajón con latino) o en el vertical (anglosajón con germánico).

Otro caso: si uno es latino, es más probable que sea anglosajón que germánico. Esa mezcla (eje horizontal) es típica de una persona muy volcada a lo de fuera y con poca sensibilidad a lo de dentro. He visto a muchos directivos con este perfil. La otra posibilidad del latino es ser también asiático. Esa mezcla (eje vertical) es típica de las personas muy sentimentales y emotivas, pero con dificultades de sintonizar con los aspectos más racionales, fácticos y lógicos de sus tareas.

Es una pena que no haya más personas cuya personalidad sea un cruce en diagonal. Muy pocas veces se ve una personalidad que sea un buen compuesto entre, por ejemplo, lo latino y lo germano. La razón reside en que las perspectivas no pueden ser más distantes y se tienden a expulsar una a la otra: mientras que el latino mira a lo de fuera y a las personas, al germano le interesa lo de dentro y los hechos.

 

Enriquecer la vida

La diagonal aporta una gran riqueza a los puntos de vista con los que mira al mundo y al sesgo que da a su forma de trabajar. Por eso, si logra conectar con la mentalidad situada en la diagonal de su esquina dominante, enriquecerá extraordinariamente su vida.

En realidad, puede conseguir la conexión diagonal aportando una nueva perspectiva a su propia personalidad o haciendo un buen equipo con otra persona que se sitúe diagonalmente en su esquina opuesta. En cierta medida, saber vivir consiste en manejarse y en sentirse cómodo con personas de distinta estructura mental.

De hecho, las personas que se abren al punto de vista más distante del suyo (representado por la diagonal) son las que más aprenden.