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Automatización para el sector vitivinícola

10/02/2003

Los vinos, mostos y sangrías de las bodegas Félix Solís se comercializan en más de 50 países de todo el mundo. A fin de consolidar sus mercados y seguir creciendo, la compañía ha llevado a cabo una plena transformación de los procesos logísticos y de producción que tienen lugar en su sede central de Valdepeñas (Ciudad Real).

Principalmente, se han instalado ocho líneas de envasado, más otras dos que entrarán en funcionamiento en breve, capacitadas para llenar más de un millón de envases al día, y un silo automático con siete transelevadores y 18.236 ubicaciones: áreas que se han enlazado, también automáticamente, gracias a una electrovía por la que circulan veinte carros para transportar las paletas.

El mercado, y la ley de la oferta y la demanda, obliga a cualquier negocio, por muy tradicional que sea, a transformarse y a modificar sus habituales métodos en pro de incrementar los volúmenes de producción y ventas. El sector vitivinícola español no se está quedando atrás. Un claro ejemplo corre a cargo de la empresa familiar Félix Solís, SA, que sin perder el cuidado exquisito en el cultivo y en la elaboración de sus vinos, mostos y sangrías, persigue una filosofía de expansión internacional.

Obviamente, la entrada a nuevos mercados requiere una elevada producción y una logística tal que permita servir sus caldos en las mesas de los hogares o restaurantes más recónditos. Con esta finalidad, la compañía ha ampliado y reformado sus instalaciones en Valdepeñas (Ciudad Real) hasta incrementar su capacidad de producción en más de un millón de envases diarios. En consecuencia, también se ha construido un silo automático para almacenarlos.

Las obras concluyeron hace unos meses y actualmente se encuentran en fase de optimización. Las nuevas dependencias no sólo provocarán un aumento de la facturación anual, que hoy día supera los 135 millones de euros, sino que incrementarán el volumen de exportación. Félix Solís vende al exterior un 38% del total de su producción a más de 50 países en todo el mundo, como Holanda, Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Guinea Ecuatorial, Líbano, China, Japón, Australia, etc., lo que supone más del 80% del vino con Denominación de Origen de Valdepeñas exportado.

La superficie de estos terrenos suma los 90.000 m2 y en ellos se reparten el almacén automático de producto terminado con una capacidad cercana a las 18.500 paletas, la planta embotelladora, los depósitos de elaboración, tratamiento y almacenamiento de vino, naves que albergan el material auxiliar (etiquetas, tapones, cartonaje, envases, etc.), naves de envejecimiento con un total de 30.000 cubas de roble americano donde se elaboran vinos de reserva y crianza, además de otras superficies donde se encuentran todos los servicios auxiliares necesarios para el funcionamiento de la empresa (centro de transformación, grupos de frío, tratamiento de aguas, etc.).
 

Envasado automático

La planta dispone en la actualidad de ocho líneas de producción: cuatro para embotellar el vino en vidrio y otras cuatro para tetrabriks. Los procesos de trabajo se organizan a fin de que se realicen los mínimos cambios en cuanto al inicio del envasado de una nueva referencia de las 900 que Félix Solís comercializa, para evitar los “tiempos muertos”.

Lógicamente, un vino distinto implica recipientes, etiquetas, tapones y cajas también diferentes. Con el montaje de dos nuevas líneas de botellas de vidrio para la producción de pedidos especiales, se finalizará la moderna sala de envasado existente, lo que proporcionará una capacidad total de más de 110.000 unidades por hora.

Además, en breve se implantará una nueva línea de envasado más flexible basada en la automatización de actividades que hoy día se realizan de forma manual en la zona de preparación de pedidos. Se trata de incorporar operaciones como la colocación de anillas, etiquetas promocionales y mallas en las botellas o la realización de embalajes especiales.

Las líneas de embotellado concluyen en dos paletizadoras que tras formar cada paleta, en función de las características de la referencia concreta, las depositan en unas mesas de rodillos. Éstas las conducen a un gálibo donde se comprueba que las medidas son susceptibles de entrar en el almacén automático.

Con anterioridad, todas las paletas son identificadas con una matrícula o referencia que incluye datos como el tipo de vino, la fecha y hora de envasado, el número de lote al que pertenece y su ubicación en el silo. El sistema informático que regula la producción y el envasado vuelca sus datos en el software que gestiona el almacén de modo que antes de introducir la mercancía en él ya esté "“tomada la decisión"” del hueco que va a ocupar.

El enlace físico entre la planta de envasado y el silo se ha resuelto con la instalación de una electrovía aérea por la que circulan "“colgados”" veinte carros en los que se transportan las paletas. Sin embargo, esta electrovía cuenta con otras paradas además de la de entrada y salida al almacén; también recorre el área de expediciones, deteniéndose frente a cada uno de los diez muelles de carga y, como última estación, junto al área de picking.

El intercambio de información entre los sistemas informáticos vuelve a repetirse: los datos se transmiten de la zona de envasado a los carros y de éstos a los transelevadores del almacén, produciéndose la operación contraria en los movimientos de salida.
 

Un silo para más de 18.000 paletas

El silo de Félix Solís, como ya se ha explicado, se ha construido a continuación de la zona de envasado y unido a ella a través de la electrovía. Se trata de una estructura de estanterías de paletización convencional que a su vez sirven de apoyo para la instalación de la cubierta y las paredes. Esta superficie de 29,5 m de ancho consta de 14 estanterías de unos 117 m las más largas y de casi 99 m la más corta.

De este modo, su forma rectangular no es perfecta ya que uno de sus lados estrechos es escalonado. El objetivo era aprovechar el suelo disponible y, qué mejor forma, que alargando al máximo los siete pasillos del almacén, por donde circulan los siete transelevadores.

En la cabecera se ha colocado una pasarela de piso metálico estriado frente a los pasillos para llevar a cabo el mantenimiento de la instalación con mayor facilidad. A su vez, está climatizada a una temperatura que no supera los 18ºC, la más oportuna para conservar el vino en perfectas condiciones.

El número de huecos del silo es de 18.236, repartidos en las estanterías que tienen 13 niveles de carga; una capacidad muy superior a las antiguas instalaciones, que permitían el almacenaje de poco más de 5.300 paletas. Anteriormente, las paletas con las botellas de vino se colocaban unas encima de otras, directamente sobre el suelo, y los tetrabriks en estanterías convencionales.

Por otra parte, los huecos de este silo están preparados para paletas de 800 mm de ancho y 1.200 de largo (europalet), además de para unidades 1.000 mm de ancho y 1.200 mm de largo, una medida muy demandada en países como el Reino Unido. Asimismo, los dos últimos niveles de carga poseen una altura superior al resto, lo que les permite almacenar configuraciones diferentes.

Un dato característico es que el sistema de gestión de almacenes (SGA) trabaja en función de tres premisas para alcanzar el perfecto almacenamiento de las 900 referencias:

1.Que todas ellas se ubiquen por igual en los siete pasillos para evitar roturas de stock debido a una posible avería de un transelevador.

2.Que las de mayor rotación ocupen las posiciones más cercanas a la cabecera de las estanterías para reducir el recorrido del transelevador.

3.Que en los movimientos se respete el FIFO, ordenando la salida de aquellas paletas que entraron antes, con una rotación de siete días (es decir, hay stock de cada referencia para siete días).

No obstante, estos cálculos se complican al combinar el movimiento de 350 paletas que entran y salen por hora del almacén. La electrovía debe optimizar el flujo para no obstaculizar ni las dos mesas de rodillos de las líneas de envasado ni los movimientos de los siete transelevadores.
 

Expediciones y picking

Una vez el SGA ordena la salida de unidades para el área de expediciones, la electrovía manda un carro a la cabecera del pasillo correspondiente. A continuación, dicho carro transportará la paleta hasta una de las diez salidas ubicadas frente a los diez muelles de carga.

El seguimiento del tráfico de la mercancía no termina aquí, ya que en cada uno de estos muelles se ha instalado un terminal y un lector de código de barras o matrículas, de modo que los operarios pueden controlar todas y cada una de las unidades que se cargan en los camiones, cumpliendo con la trazabilidad de las referencias hasta la casa del cliente. En total, diariamente salen de estas instalaciones de 50 a 60 tráilers.

La zona de picking también se alimenta gracias a la electrovía, que dispone de otra estación de salida y entrada directa. La unidad mínima de venta es la caja, los clientes de Félix Solís son grandes distribuidores pero también restaurantes y pequeños comercios con almacenes muy reducidos para guardar su stock.

En esta zona se han instalado estanterías de paletización de tres niveles de carga con capacidad para 90 referencias distintas a partir de las cuales se preparan los pedidos formando paletas multirreferencia y multilote. Antes de iniciar el picking, el sistema comprueba que dispone de todas las unidades que va a necesitar y en caso contrario ordena las salidas del silo que correspondan.

Una vez los operarios han preparado las paletas nuevas, a partir de un picking list, se identifican con una nueva matrícula y se vuelven a introducir en el silo, a través de la electrovía, a la espera de la orden de salida definitiva. Sin embargo, antes de ser cargadas en uno de los carros, de nuevo deben pasar por un gálibo para respetar las medidas de los huecos del almacén. En total, al día se preparan más de cien pedidos.

Fuente: Ana de la Hoz




Ficha técnica del silo automático de Félix Solís

Altura: 25.523 mm
Longitud: 117.362 mm
Ancho: 29.470 mm
Nº de estanterías: 14
Nº de pasillos: 7
Ancho de calle: 1.580 mm
Nº de transelevadores: 7
Nº de módulos: 44, 46, 48, 50, 52 ó 54
Nº de niveles de carga: 13
Nº de paletas por módulo: 2
Capacidad: 18.236 paletas
Carga máxima por paleta: 1.000 ó 1.100 kg
Unidad de carga: 800x1.200x1.650 ó 1.750 ó 1.950 mm
1.000x1.200x1.650 ó 1.750 ó 1.950 mm



De Valdepeñas a Shanghai
 

Es en la década de los cincuenta cuando el padre de los actuales propietarios de la empresa (los cuatro hermanos Solís Yánez) se instala en Valdepeñas al percatarse de las perspectivas de negocio para el vino de la región. Tras la compra de una bodega y la asociación con otros bodegueros de la localidad, adquiere una empresa embotelladora en Madrid, que le permite crear una notable red de distribución a los mejores establecimientos de la capital.

Más tarde, con la constitución de la Denominación de Origen de Valdepeñas, cuyos estatutos obligan al envasado dentro de la zona de producción, se traslada esta actividad a la citada zona. Además, se inicia la expansión del negocio al ámbito nacional e incluso al internacional. En los sesenta, Félix Solís ya enviaba sus vinos a los emigrantes instalados en Alemania y en el Sáhara, sentando las bases de su experiencia emprendedora.

Hoy día, estas bodegas cultivan 600 ha de viñedo propio en Valdepeñas y mantienen acuerdos con productores privados de la comarca y cooperativas que le permiten abastecer su mercado. Los caldos se distribuyen a partir de una red comercial con presencia en casi todas las ciudades españolas, además de oficinas y centros de suministro en Francia, la República Checa, Polonia y Eslovaquia. También dispone de una planta embotelladora en Shanghai (República China), que cubre parte de las ventas en este país asiático.

Según la Federación Española del Vino en los mercados exteriores están las mejores perspectivas de futuro para las bodegas nacionales. Si bien las cifras españolas de exportación muestran un panorama relativamente optimista, exceptuando las caídas provocadas por excesivas subidas del precio, la imagen de esta evolución varía al compararla con la de los restantes exportadores mundiales más destacados, como son Australia, Argentina, Nueva Zelanda, California, Sudáfrica o Chile.

En cuanto al consumo doméstico, la Federación también informa de una disminución (hasta un 33% en los últimos 15 años) debido a distintos factores: los nuevos hábitos del consumidor, la competencia de otras bebidas o las políticas antialcohol. Sin embargo, el presidente de esta entidad, José Luis Bonet, afirma que el vino, en un consumo moderado, forma parte de la dieta mediterránea y que no puede ser considerado como una bebida encuadrada dentro de las que pueden ser perjudiciales para la salud.

Asimismo, Bonet valora el esfuerzo que se está haciendo en el sector, con una mejora de la tecnología, para conseguir vinos de mejor calidad que puedan calar en los mercados extranjeros. En este sentido, Bonet considera que, para alcanzar este objetivo, es preciso que toda las partes implicadas, productores, embotelladores y administraciones, actúen de forma coordinada para “"mirar al futuro con optimismo"”.