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Arte en construcción

27/03/2014

En principio, y según sus definiciones, el matrimonio entre industria y arquitectura no debería funcionar. Basta atenerse al diccionario. El primer término se refiere a aquella actividad que tiene como finalidad la elaboración de objetos o sustancias útiles. Por contra, la arquitectura es el arte de la construcción de edificios y monumentos.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. Hace menos de un mes el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (MoMA) clausuraba una exposición donde se exhibía la riqueza arquitectónica de la España actual (On site: new archictecture in Spain; http://www.moma.org/exhibitions/ 2006/on_site.html), en la cual muchos de los casi 50 proyectos presentados tenían un fin industrial.

Ejemplos de esos proyectos, desarrollados por los mejores arquitectos nacionales e internacionales, se pueden ver por toda la geografía nacional, dentro de las ciudades y en pleno campo, para almacenaje, fabricación, oficinas... Casos reales de estos matrimonios bien avenidos son la nueva sede corporativa de Gas Natural en Barcelona, diseñada por Enric Miralles y Benedetta Tagliabue o La Casa del Huerto de Cerezos (Granada), del Grupo Aranea.

Otros son el proyecto de ampliación del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM); las bodegas de Marqués de Riscal, de Frank Gehry, en mitad de los campos riojanos; el ayuntamiento de Murcia, de Moneo, un edificio moderno y sobrio enfrentado a la catedral de la ciudad; el Euskotren, de la arquitecta Zaha Hadid y la Ciudad del Flamenco (Jerez), de Jacques Herzog.

En todos estos grandes proyectos el nuevo contexto industrial ha exigido originales respuestas arquitectónicas para dar solución a una forma de producir, que requiere de soluciones ecológicas y debe integrarse en la ciudad o el campo, encontrar nuevos materiales... En este tipo de arquitectura ya no es válido el hierro colado y forjado que hace un siglo marcó la construcción. La vía está más en el acero y el hormigón armado, donde el español Félix Candela fue uno de los pioneros.

 

Un “Guggenheim” del vino”

Las grandes bodegas, como antaño, son hoy una muestra de ese nuevo construir: ambicioso, rompedor, experimental y punta de lanza de la arquitectura. Piedra revestida de metal, 1.750 m2 de acero inoxidable, 1.800 m2 de titanio coloreado, 3.180 m2 de voladizos a modo de viseras metalizadas y 1.200 m2 de muros cortina constituyen la materia prima con la que Frank Gehry levantará su próximo Guggenheim del vino, el espacio para almacenar el famoso caldo de Marqués de Riscal y toda una ciudad en torno al vino (hotel, dos restaurantes, sala de catas, biblioteca enológica, balneario con vinoterapia...).

En total, 2.000 m2 de rehabilitación ;6.940 m2de nueva construcción (2.800 m2 de edificio principal y 4.140 m2de ampliación). La obra, que se prevé esté terminada este verano, es otro barco en mitad del paisaje, pero esta vez el navío extiende sus velas (las cubiertas que cubren y protegen la bodega) por todo el amplio y ancho paisaje transformándolo en otra realidad.

Las láminas están hechas de sinuosas y gigantes cubiertas de acero y titanio inspiradas en los colores de una botella de vino: rojizo, como el vino tinto; plata, como la cápsula de la botella y dorada, como la malla que la cubre. Su construcción costará nueve millones de euros, pero sin duda se plasmará en los libros de texto de arquitectura y dinamizará otros sectores como el turístico.

Por su parte, Santiago Calatrava,para las Bodegos Ysios, en Laguardia, también en La Rioja, optó por una solución que transmite la sensación de un oleaje de madera cubierto de aluminio. Funcionalidad, vanguardia e integración con el paisaje mediante su ruptura en un edificio de más de 8.000 m2 .Otro proyecto industrial similar en Burgos son las Bodegas Portia, del Grupo Faustino, con un coste superior a 20 millones de euros y diseñadas por Norman Foster, que también contarán con hotel y restaurante.

 

Convivir con el entorno

Uno de los eternos problemas de la arquitectura, industrial o no, es cómo hacerla convivir con su entorno. Francisco Leiva Ivorra y Marta García Chico dirigen Grupo Aranea, un estudio de arquitectura compuesto por profesionales de distintas disciplinas. Ellos proponen intervenir sobre el territorio con sus varios saberes “para coserlos con un delgado y resistente hilo arquitectónico”.

Para este Grupo,“la arquitectura debería alejarse de los parámetros de la edificación con el fin de acercarse a la orografía en un espacio donde los suelos se vuelven pared, las paredes techos, las fachadas cubiertas...Todo es continuo, todo recorrible, pisable,utilizable y manipulable”.

Y ante la falta de referencias naturales, sugieren nuevas orografías artificiales que permitan crear emoción. “La naturaleza es sin duda el primer referente en la elaboración de paisajes, pero la arquitectura debe ir empezando a crear sus propios paisajes intencionados, sin recaer en los inhabitables modelos actuales”, señalan.

Ellos son los responsables de uno de esos proyectos destacados por el MoMA: Memorias de una huerta, un edificio de laboratorios y oficinas en Orihuela (Murcia).De esa obra comentan que lograron resolver el conflicto industria-paisaje cubriendo de filtros vegetales fachadas y cubiertas, retomando, de esta forma, la memoria de la huerta y acondicionando térmicamente los laboratorios.

Y en medio del mar de plástico de los invernaderos del sureste de España, en Granada, el Grupo Aranea levantó una singular lonja hortofrutícola en Castell de Ferro trabajando con las cubiertas como si fuera un invernadero más. El gran logro: el espacio interior que se crea gracias a la luz cenital.

Apostamos por una intervención pausada que se nutra de actuaciones sutiles, permitiéndonos dialogar con los diferentes actores del paisaje, e ir poco a poco superponiendo trazas, para así mantener un paisaje vivo, cambiante, que no deje de interpretarse, que no sufra las aportaciones humanas sino que se fortalezca con cada una de sus acciones”, afirman.

 

Industria en la ciudad

El Grupo Gas Natural tendrá muy pronto acabada la que será su nueva sede social en Barcelona. El complejo de edificios, en el que sobresale una torre de cristal de 20 plantas de la que parte un edificio horizontal en voladizo (entre las plantas 5 y 10), permitirá a la compañía retornar a sus orígenes: se levanta sobre el mismo terreno donde hace 160 años estuvo instalada la primera fábrica de gas de España.

La nueva sede corporativa está diseñada por el ya fallecido Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, que continúa en el proyecto. “El edificio surge de la propia ciudad y se integra en ella. Lo mires por donde lo mires encaja perfectamente con las construcciones que tiene alrededor.Ya sea con los edificios bajos del barrio [de la Barceloneta], como con las altas torres de la Villa Olímpica”, explica la arquitecta.

Y para que el espacio industrial y la ciudad convivan armónicamente, se acondicionará una zona ajardinada abierta a todo el vecindario. Además, el tratamiento de las fachadas de cinco vidrios de distintos tipos pretende alcanzar esa misma urbanidad. Una serie de grandes ventanas le dan interés desde una visión cercana, mientras que el tratamiento volumétrico indiferenciado protege al edificio del sol y del ruido con unos volúmenes abstractos que se confunden con las construcciones vecinas.

La piel que cubre el edificio nunca es la misma, cambia en función de la luz, del tiempo que haga y del lugar desde donde observes la sede. Se podría decir por ello que el edificio está en constante metamorfosis”, señala Benedetta Tagliabue. El Mercado de Santa Caterina, en medio de la ciudad, de la misma arquitecta, sería otro ejemplo de perfecta integración, de cómo hacer convivir y restaurar un viejo edificio, en pleno núcleo de la urbe, con una nueva arquitectura.

La solución: un techo bajo y ondulado con 10.000 colores que rompen la urbanidad de la ciudad vieja. Otros creadores, como Rafael Moneo, han propuesto innovadoras respuestas a desafíos que tienen que ver con el uso del espacio. Enfrente de catedral de Murcia, el arquitecto levantó hace diez años uncubo de hormigón, moderno, austero. Un icono que ya forma parte del patrimonio histórico nacional.

Para el Grupo Aramea, los equipamientos industriales tanto en la ciudad como en el campo pueden llegar a tener relaciones intencionadas con el entorno. En el Ayuntamiento de Muchamiel (Valencia) su apuesta se basó en crear un pulmón verde en mitad de la ciudad por medio de un recubrimiento vegetal que culmina en una gran pérgola. Y en el edificio de equipamiento social y oficinas de San Vicente del Raspeig, para aprovechar un espacio urbano degradado, crearon un bloque macizo, atractivo.

 

Una planta que ahorra

La eficiencia energética fue uno de los principales valores a la hora de construir una nueva planta para la empresa Metalúrgica Ros (más de 11.000 m2 ), en Girona. El proyecto lo realizó Bellapart, una firma catalana de ingeniería y arquitectura, que se encargó del diseño y construcción de la planta de fabricación y del edificio central en el polígono industrial del municipio de Sant Jaume de Llierca.

La solución arquitectónica aprovechó los vientos de componente este-oeste que golpean la zona durante todo el año. La sede social de esta industria cuenta con un sistema de rejillas motorizadas en la parte inferior de la fachada oeste y en los lucernarios próximos a la fachada este que proporcionan un flujo constante y continuo de aire, el cual genera entre dos y tres renovaciones por hora.

Independientemente de esta peculiaridad, el proyecto se compone también de dos volúmenes diferenciados externamente; uno destinado a la planta de fabricación y almacenaje y el otro para oficinas. Ambos edificios son estructuralmente independientes y se encuentran unidos por un elemento de vidrio que actúa como distribuidor, y cuya transparencia mantiene la separación formal entre ambos espacios.

 

El “IVAM” estrena una piel de acero

Uno de los museos emblema de Valencia, el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), necesitaba más espacio, continuar siendo parte de la ciudad sin dejar de ser y representar el arte actual. Su iniciativa de ampliación recayó en los japoneses Kazuyo Sejima + Ryue Nishizawa / SANAA.

Ganaron con una propuesta que combinaba un proyecto funcional y que resolvía las necesidades del museo; innovador, tanto en lo que respecta al uso de los materiales –acero perforado – como al concepto de exterior e interior; y espectacular, resuelto con una piel de acero.

El edificio aumenta así su visibilidad urbana y se convertirá por la noche en un auténtico faro del arte. La cubierta del IVAM actuará como un filtro transformando los vientos fuertes en suaves brisas y separará ambientes. Pero también protegerá a los visitantes y a las obras de arte de la exposición directa del sol.