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Tecnología en las venas

27/03/2014

Los emprendedores tecnológicos llaman a la puerta. Con una nueva visión de la actividad empresarial, basan la fuerza de su idea en la I+D. Aunque sigan enfrentándose a viejos problemas, como encontrar financiación, no hay duda de que España debe apostar por el talento emprendedor, pues es el garante del empleo del mañana.

¡Qué rápido cambian las cosas!”

Una exclamación que una generación tras otra ha repetido hasta la saciedad desde la aparición del microchip (1958); no obstante, ahora, los avances son cuestión de meses, semanas o incluso días. Pero ¿por qué todo cambia a esa velocidad? Si tuviéramos que buscar un responsable, creo que deberíamos culpar a los emprendedores tecnológicos.

Pero, ¿quiénes son?, ¿dónde están? El emprendedor tecnológico es la nueva especie de emprendedor, surgida de una combinación de know how, inconformismo y ganas de cambiar las cosas; pero siempre hemos pensado que poseen un algo diferente. ¿Realmente es así? Si los comparamos con los emprendedores “de toda la vida”, sí que se observan disimilitudes, pese a que la base es siempre la misma: la búsqueda de un sueño.

El Instituto de Empresa lleva siete años desarrollando la iniciativa Escuela Banespyme Orange (antaño proyecto NETI) en la que cada año 20 proyectos intensivos en tecnología son seleccionados de entre más de 200 para recibir formación, coachingy apoyo para lograr financiación.

En este tiempo han pasado por esa iniciativa más de 140 ideas, que han logrado 30 millones de euros en financiación y creado más de mil puestos de trabajo, pero todos, o la mayoría, tenían desde el principio un denominador común: detrás de cada iniciativa había un emprendedor tecnológico. ¿Por qué merece la pena que les prestemos especial atención?

¿Por qué dedicarles un artículo? En esencia, porque el emprendedor tecnológico se enfrenta a una serie de particularidades a la hora de poner en marcha su proyecto que son comunes a la mayoría de ellos y debido también a que las empresas de tecnología no solo son el segmento favorito de las firmas de ca pital riesgo, sino que el número de puestos de trabajo que generan, en caso de ser exitosas, resulta muy superior al de la media de las nuevas empresas en nuestro país, que oscila entre tres y cinco empleados.

Una tarea difícil

Sin embargo, a pesar de estos buenos datos, que avalan la significación de este tipo de compañías y perfil emprendedor, siguen haciendo frente a una serie de dificultades que hacen de la tarea de iniciar proyectos en el campo de la tecnología, en España, una misión harto difícil.

Lo primero que hay que comprender es que para que una innovación tecnológica tenga éxito ha de ser robusta, flexible y ajustarse a los cambios para no resultar obsoleta antes de empezar. Ha de ser fácil de utilizar y, sobre todo, debe contar con un mercado, aquí y ahora. Y he aquí el verdadero problema: el aquí y el ahora

Si miramos a Estados Unidos en el espejo de la locomotora mundial–y a su archiconocido Silicon Valley–, nos daremos cuenta, sin demasiado esfuerzo, de que la frase hecha Spain is different nos la aplicamos al pie de la letra. Mientras en España se invierte en ladrillo, ahora sin tanto entusiasmo, en Estados Unidos se apuesta. por las tecnologías, o sea por empresas de futuro; y no por el aquí y ahora español.

En América alguien que tiene la capacidad y la determinación encuentra el apoyo para acometer iniciativas en el mundo de la tecnología. Aquí, por el contrario, alguien con esa misma capacidad y determinación que se lanza a emprender en el ámbito tecnológico, además de ser emprendedor es un valiente.

Una de nuestras asignaturas pendientes más básicas al plantearnos un futuro tecnológico es conocer y aceptar que la tecnología es “materia gris” y por tanto debemos crear un medio en el cual los emprendedores puedan desarrollar sus productos sin tener que vivir del aire.

Y esto es responsabilidad de todos: gobiernos, comunidades autónomas, inversores profesionales… En España, cuando un emprendedor tecnoló- gico llega a un inversor con un software desarrollado o una demo avanzada, no resulta demasiado difícil lograr financiación, pero el verdadero reto se halla en sobrevivir y llegar hasta ese momento.

El gran agujero

Una buena demo o el desarrollo de un software puede requerir de seis meses a dos años de trabajo duro, dependiendo del número de personas que estén “picando datos”, y ese es el gran agujero de nuestro sistema: el apoyo al emprendedor tecnológico durante la fase de desarrollo.

Si queremos tener un país en el que nuestro talento tecnológico vea como una posibilidad viable el desarrollar tecnología, debemos construir un entorno que les permita hacerlo con fuentes de financiación privada y pública (algo que ha mejorado sensiblemente); que comprenda el ciclo de maduración de la tecnología; que fomente infraestructuras de cooperación; que permita la interactuación entre investigadores, universidades y empresas; en definitiva, un entorno que motive a emprender y, aún así, estaremos a mitad de camino.

Quedará un paso crítico por resolver, ya no tan dependiente del entorno, sino del ADN del emprendedor tecnológico: la falta de formación en herramientas de gestión. Al emprendedor tecnológico no le diferencian especialmente las razones de base que le mueven: inquietud, pasión por la tecnología, ilusión por crear y desarrollar algo propio, independencia, etc., pero sí se encuentra a menudo con una barrera nada deseñable: la limitada formación en gestión y, por tanto, en cómo crear una empresa viable con su tecnología.

Carencias

De la experiencia de la Escuela Banespyme Orange podemos constatar que la mayoría de nuestros “genios tecnológicos” tienen una excelente capacidad técnica de desarrollo, pero una falta total de visión de empresa. ¿Cómo podemos solucionar esta realidad? Obviamente con formación. Iniciativas como la de Madrid+D+I, que identifica proyectos con potencial para asignarles un mentor con experiencia profesional; el CDTI, con su propuesta

NEOTEC, que asesora y financia iniciativas tecnológicas; o la propia Escuela Banespyme Orange, son a todas luces una buena manera de ayudar. No obstante, quien ha de ser realmente consciente de la importancia de la formación es el emprendedor, dado que su actividad es arriesgada y una buena formación ayuda a reducir dicho riesgo.

Y lo esencial que una adecuada formación te enseña es que el primer paso lo constituye un buen plan de negocio. ¿Para qué? Precisamente, para reducir la incertidumbre del proyecto y, por ende, el riesgo.

Plan de negocio

Muchos de los estudiantes y emprendedores que participan en la Escuela Banespyme Orange no tienen clara la verdadera utilidad del plan de negocio, ya que lo ven como un trámite para conseguir ayudas o subvenciones –y sí es cierto que resulta la herramienta ideal para lograrlas–, pero el tema va mucho más lejos.

El plan de negocio es la guía del emprendedor, el famoso road map que tanto se aplica a desarrollos de tecnología, si bien en este caso relativos al negocio. Servirá no solo para convencer a terceros, sino para convencerse a uno mismo y tener claro cuál será el plan con el que conseguir ciertos objetivos, concretos y definidos, así como cuantificar los recursos necesarios para lograrlos, tanto físicos como económicos o en capital humano.

En resumen, no vamos por la senda equivocada, aunque sí un tanto retrasados. La apuesta de España ha de decantarse por nuestro talento emprendedor tecnológico, dado que nos garantizará el empleo del mañana. El ladrillo ya no es, fue.

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CÓMO LLEVAR LA AVENTURA A BUEN PUERTO

En España nos enfrentamos a una serie de complicados retos para que nuestros emprendedores tecnológicos hagan realidad sus aventuras. Es esencial que el entorno que les rodea resulte favorable. Se están haciendo cosas muy positivas desde la iniciativa pública que, sin duda, es consciente de la importancia del emprendedor en nuestra economía y sociedad, pero no solo el sector público ha de ser el responsable de dicho empuje.

El sector privado, inversores y compañías han de arrimar el hombro, comprender y dar la oportunidad a la nueva empresa y, sobre todo, tener la paciencia suficiente a fin de que el emprendedor tecnológico desarrolle sus productos. No hay que pensar tanto en el aquí y ahora, sino adelantarse y prepararse para el mañana.

El valor del equipo

Resulta esencial que el emprendedor sea consciente de que las empresas son sus equipos, y que depende de la capacidad de éstos para llevar a cabo un proyecto. Por tanto, el futuro empresario debe centrarse en lo que sabe hacer bien y rodearse de personas que lo complementen en herramientas de management.