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Una piel de hormigón

27/03/2014

La salud de un pavimento y sus características técnicas comienzan por una buena base, es decir, por el propio suelo de hormigón. Alfredo González, director de project management de la inmobiliaria King Sturge, comenta que “los clientes demandan, cada vez más, el efecto de lo que podríamos llamar losa perfecta”.

No es de extrañar esa demanda, ya que un suelo liso, resistente y limpio permite que el trabajo que se haga sobre su superficie se lleve a cabo con mucha mayor comodidad y eficacia. Según González, “cada vez es más habitual el uso de fibras sintéticas o metálicas mezcladas homogéneamente con los hormigones que forman parte de las soleras”.

El empleo de esos materiales, junto con controles de calidad adecuados y una planimetría precisa, consiguen que los suelos tengan una base sólida y de calidad en la que se puede hacer un trabajo posterior para conseguir un resultado por encima, incluso, de las necesidades del cliente.

La losa perfecta aún requiere de un tratamiento posterior. Los materiales de recubrimiento proporcionan al hormigón unas cualidades y aspecto únicos. Puede que el tratamiento superficial de este material parezca un mero detalle final de la instalación de un suelo, pero supone con mucho una de las partes más críticas de todo el proceso, si no la primordial.

Lo que nosotros hacemos –comenta Javier Íñigo, director técnico de Astra Química – es mejorar las prestaciones del pavimento. Básicamente,conseguimos incrementar su resistencia y limpieza”.

 

Calidades y cualidades

El que un suelo disfrute al final de estas características –u otras – depende del material utilizado y de la técnica empleada. El tratamiento del hormigón, que es el elemento implantado más comúnmente en las instalaciones industriales, puede ser superficial o multicapa. La llamada capa superficial es una aplicación de un producto a base de material plástico, con el que se obtiene un recubrimiento de un espesor inferior a un milímetro.

Se suele emplear un compuesto antipolvo, de tal manera que el suelo resultante sea higiénico y fácil de limpiar. Además de evitar ralladuras en el firme debido a las partículas de suciedad, la razón esencial para que se utilice este tratamiento es la seguridad en el trabajo. Tal como comenta Xavier Ribas, gerente de Resifloor, “el pavimento de hormigón lleva cemento portland y el polvo que se desprende con el uso a largo plazo es nocivo”.

La segunda categoría de tratamiento es el recubrimiento. Se efectúa con resinas autonivelantes de entre 1 y 5 mm de espesor. Este tipo de recubrimiento proporciona características adicionales a los suelos además de conferirles propiedades antipolvo y resistencia a algunos productos químicos.

En concreto, si se utiliza un buen material, se favorece la fortaleza del firme pudiendo llegar a soportar un peso varias veces superior al que aguantaría el hormigón desnudo. Existe la idea errónea de que un pavimento más grueso es más resistente.

En los productos de recubrimiento hay una carga de áridos que se mezclan con la resina. Así que lo importante es la proporción de esta última, que es el material plástico. Cuanta más resina haya en la mezcla final, mayor será la resistencia del suelo. Estas resinas son polímeros, como metacrilatos o epoxis,por ejemplo.

La elección de una categoría u otra, así como el producto que se ha de usar dependerá de varios factores. Según Astra Química, hay que tener en cuenta la calidad del pavimento, su estado (puede ser un suelo ya antiguo y gastado o uno nuevo) y la composición de los materiales.

En segundo lugar, es necesario analizar la actividad a la que se destinará el firme y qué trato se le dará; por ejemplo, si tendrá que soportar la carga de estanterías o de maquinaria pesada, si habrá un continuo rodamiento por la superficie, si soportará productos químicos, abrasivos o deslizantes, etc.

 

A partir de 10 euros

Por último se ha de tener en cuenta el presupuesto disponible. Dependiendo de esta variable, se puede aplicar un suelo con mejores características o con propiedades más modestas. De ello también dependerá si es posible realizar una aplicación a toda la superficie de una nave o instalación o sólo en aquella parte en la que se desarrollarán unos determinados esfuerzos; una solución más económica pero menos flexible si se quiere reorganizar el espacio en un futuro.

En áreas de carga se extiende un producto multicapa y en otras zonas sólo un antipolvo”,describe Xavier Ribas. El presupuesto depende a su vez del estado del firme –por el trabajo previo que habrá que acometer para prepararlo– y del material que se emplee, así como de si se necesita mucho tratamiento posterior (por ejemplo, efectuar una nivelación). “Si el pavimento es irregular, hay que darle espesor para que el resultado quede liso, por lo que la proporción de resina será más alta y todo se encarecerá”, analiza Javier Íñigo.

En cuanto a los precios, éstos varían en función de los requisitos del cliente. Un pavimento conductivo puede costar hasta 60 euros/m2 . Un recubrimiento autonivelante normal –el más habitual – tiene un precio de 25 a 35 euros/m2 (según el fabricante, el espesor, etc.) y una capa superficial antipolvo, por ejemplo para un parking, vale entre 10 y 12 euros/m2 . En todos los casos, con la instalación incluida.

 

Soportar peso

El propio instalador o fabricante le propondrá la mejor solución para sus necesidades y presupuesto. La aplicación más habitual es, según Astra Química, un pavimento continuo de poliuretano y duralastic. Este tipo de suelo cubre las juntas y fisuras en el hormigón y le confiere al firme la capacidad de soportar seis veces más presión que sin la utilización del producto.

Con respecto a la capacidad de carga, Javier Íñigo revela que “otra de las creencias falsas que se tienen es pensar que cuanto más duro sea el recubrimiento, más presión aguanta”.Pero no es así, ya que lo que se crea con estos productos es como una piel que recubre al hormigón, adhiriéndose a éste. Por ello si es muy dura lo que se consigue es transmitir demasiada tensión al pavimento original, que se acaba rompiendo.

Si tiene un nivel adecuado de elasticidad –precisa Íñigo– se amortigua el peso y se logra trasladar al hormigón una sexta parte del peso que se coloque encima”. La resistencia a la presión no es, sin embargo, la única cualidad que puede interesar en un suelo de uso industrial o público. Una de las últimas novedades del mercado es un pavimento aislante acústico, que se está instalando en edificios públicos y, especialmente, en hospitales y bibliotecas.

Se trata de un producto que tiene un componente de reducción acústica que se combina con un tapiz de poliuretano. Otro estreno es la resina epoxy de base de agua, que tiene como particularidad que es más respetuosa e inocua para el medio ambiente y para las personas.

 

El valor de la instalación

Las novedades en este sector no se encuentran solamente en los materiales empleados, sino también en las máquinas utilizadas para el saneamiento previo del pavimento en el que se instalarán estos innovadores compuestos. Sin una buena aplicación, el producto no tendrá la garantía de cumplir con sus especificaciones

Sobre este tema, el tratamiento previo del pavimento, los responsables de Astra Química y de Resifloor son categóricos: “Es tan fundamental como el propio producto que se aplicará después”.

Javier Íñigo expone que “si no se acomete un trabajo previo sobre el hormigón, la instalación de un recubrimiento o de una capa superficial no tendrá la calidad requerida. Es imprescindible un trabajo mecánico para abrir el poro del hormigón de tal modo que el producto plástico penetre bien en el piso. Sin embargo, si el hormigón está sucio, por ejemplo de aceite, el compuesto de recubrimiento penetra poco y no se obtiene la resistencia deseada”.

Ésa es la razón por la que el trabajo de recubrimiento del pavimento se lleva a cabo tras completar la obra civil. Para limpiar el poro y abrirlo se pueden utilizar tres tipos de máquinas distintas que, básicamente, desempeñan la misma función: quitar una capa superficial de hormigón.

Las fresadoras mecánicas son las utilizadas en un 80% de los casos. Consisten en una máquina que hace pequeños surcos de 2 mm de profundidad aproximadamente en la superficie del pavimento, lo que provoca que se levante una especie de costra y se pueda acceder al hormigón de origen, que está perfecto.

La segunda máquina que se puede utilizar para abrir el poro es la granalladora. Se trata de una herramienta que lanza un constante perdigoneo con bolas de tungsteno contra el suelo, decapándolo. Por último, también se puede recurrir a rectificadoras con disco de diamante, material este que, por su dureza, es ideal para trabajar el hormigón.

 

Cuidados mínimos

Todos nuestros pavimentos tienen mantenimiento. Todos”.Así de claro se expresa Javier Íñigo en lo que se refiere a la necesidad de algún tipo de cuidado del suelo que ellos instalan. La razón de la aclaración es que en el mercado hay fabricantes que afirman que no es necesario el mantenimiento.

Algo que tanto para los responsables de Astra Química como de Resifloor no es válido. Ambos coinciden en que si bien sus tratamientos son para toda la vida, resulta necesario renovar la última capa superficial cada cierto tiempo, dependiendo del uso concreto que le dé el cliente.

Xavier Ribas comenta que “nuestros suelos duran en perfectas condiciones una media de entre siete y diez años. Si han estado cuidados y no se han maltratado, transcurrido ese tiempo,se ponen al día, algo que básicamente consiste en lijarlos y darles una nueva capa de pintura en una proporción de unos 100-150 gr por m2” .

En definitiva, el suelo para uso industrial puede ser altamente personalizable en función de la actividad de la empresa. Dadas las características que estos materiales le confieren al pavimento casi se puede decir que el pavimento desnudo se viste auténticamente de gala una vez que se le ha dotado de estas limpias y resistentes pieles.

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Consejos prácticos

✑No aguarde a que su suelo se deteriore. Aplique un recubrimiento antes de estrenar la nave. Si no lo ha hecho anteriormente, no espere a que el firme se fisure, porque repararlo resulta más caro.

✑El grosor del recubrimiento no le asegura su calidad. En lo que realmente debe fijarse es en que tenga una buena proporción de resinas.

✑Cuide el pavimento como le indique el instalador y no espere a que se deteriore para restaurarlo.

✑Busque un proveedor que le garantice la adherencia del tratamiento plástico al hormigón.

✑No espere a que normativas futuras le obliguen a aplicar un revestimiento a su nave industrial. Hacerlo ahora mismo le ahorrará dinero y facilitará el trabajo de sus empleados.

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El análisis

La elección de los materiales y las técnicas empleadas en los pavimentos de las instalaciones industriales es fundamental para que se pueda realizar el trabajo con seguridad y para aportar la resistencia suficiente de cara a que el suelo no se rompa ni se fisure a largo plazo.

Generalmente, los pavimentos industriales requieren varias condiciones a tener en cuenta. Entre éstas destacan que sean absolutamente planos, una gran dureza superficial, ausencia de juntas y que la superficie resulte fácilmente lavable. Estos factores, unidos a las características físicas que requieren estos pavimentos, que en la mayoría de los casos van a soportar grandes cargas, serían las condiciones generales que deben reunir este tipo de suelos.

Controles de calidad

Lo más habitual es fabricar estos firmes en hormigón ligeramente armado con tratamientos superficiales, los cuales varían en calidad, espesor, características técnicas, etc. Con los medios auxiliares, cada vez más complejos, se logran mejores acabados. Los controles de calidad y ejecución son cada día más intensos y precisos. Todos tienen la finalidad de conseguir que los pavimentos industriales tengan un comportamiento óptimo para la función que deben cumplir.