Al navegar por este sitio web acepta el uso de cookies propias y de terceros para una mejor experiencia y servicio. Para más información, visite nuestra Política de Cookies. Aceptar

Control del espacio

01/10/2004

Industrias Botella, empresa catalana especialista en la transformación e impresión de papel, ha cambiado su antiguo almacén de producto acabado por otro de nueva construcción, en el cual la informatización de los procesos de ubicación y desubicación permite un completo control de las ubicaciones en las estanterías y de los espacios dentro de la nave.

La principal actividad de Industrias Botella es la producción y comercialización de productos de papel (rollos y ticket) para controles de accesos, puntos de venta y ofimática. La compañía fue fundada por Francisco Botella en el año 1950, cuando se inició en el negocio con un taller de manipulación de papel que tenía como “producto estrella” el rollo de papel para máquinas calculadoras. En la actualidad, este artículo todavía representa el 50% de la actividad de la empresa.

En 1995, la compañía se introdujo en el negocio del “ticketing”, un producto dirigido a clientes como empresas de transporte público, concesionarias de autopistas, parking o espectáculos. Industrias Botella ofrece valor añadido en esta industria del “ticketing” mediante la incorporación de elementos de seguridad, como las bandas magnéticas, que se codifican en los talleres de la firma catalana, y la impresión de los ticket hasta en seis colores, puesto que cada vez son más las empresas que los utilizan para plasmar publicidad e imagen.

En el campo del rollo de papel y el consumible de oficinas, la clientela de Industrias Botella es más variada: desde grandes consumidores a quienes se les personaliza el producto con su imagen y marca (Olivetti o Canon, por ejemplo) hasta tiendas de papelería, pasando por cualquier negocio en el que se necesite un rollo de papel (terminales de banca, máquinas calculadoras, etc.).

La empresa catalana también se ha especializado en la fabricación de billetes de lotería (Bono Loto, Primitiva, la autonómica 6/49, etc.), para lo cual elabora rollos de papel impresos a cuatro y cinco colores y que incluyen los elementos de seguridad requeridos. Estos billetes quedan validados en el momento que se imprimen en los terminales de los puntos de venta, que añaden los últimos elementos de seguridad (numeración y código de barras, entre otros.). En todos los casos, Industrias Botella aplica tecnología propia para fabricar los ticket.

La planta de producción, situada en Badalona (Barcelona) dispone de 4.200 m2 edificados. Allí la empresa cuenta con líneas de elaboración dedicadas a las distintas especialidades que fabrica la empresa, lo que incluye maquinas cortadoras, rebobinadoras, impresoras, rotativas, codificadoras y numeradoras. Además, posee líneas específicas para la fabricación de ticket y tubos de cartón. En total, la capacidad de producción anual ronda las 6000 t de papel transformado.

El nuevo almacén está situado a tres calles de la fábrica. Un vehículo lanzadera, estrenado ex profeso, se encarga de hacer llegar hasta el almacén la producción diaria, que equivale a un mínimo de 14 paletas. Antes de que éstas salgan de la planta, el sistema informático de la compañía ya les ha preasignado el lugar que ocuparán en las estanterías.

El almacén tiene 600 m2 de planta, a los que hay que sumar un altillo de 81 m2. Existe una zona de estanterías de paletización convencional, en la cual se almacenan rollos de papel estándar (producto acabado) en paletas con medida europea (800x1.200 mm). Se trata de un complejo formado por cuatro pasillos de estanterías con cuatro niveles de carga en altura.

Junto a estas estanterías convencionales se ha habilitado un área de unos 100 m2 para almacenar en el suelo paletas con producto a granel (principalmente papel de reprografía). Estas paletas pueden apilarse hasta en cinco alturas, mientras que su disposición en el piso reproduce, en cuanto a longitud y anchura, la posición que ocuparían en los remolques de cuatro camiones tráiler dispuestos en paralelo.

El altillo, a su vez, está equipado con estanterías ligeras para el picking de productos de poco volumen y bajo consumo que completan el catálogo de referencias que la empresa comercializa, como pueden ser sobres, compact disc, cartulinas, etc. Una carretilla elevadora se encarga de depositar estos artículos junto a las estanterías de picking, que tienen tres niveles en altura y estantes formados con tableros aglomerados de madera de 30 mm y chapa galvanizada.

Por otra parte, bajo este altillo se habilita un espacio con idéntica superficie para ubicar de forma temporal pedidos especiales pendientes de expedición, así como el stock de artículos como papel higiénico, un producto que Industrias Botella también suministra a oficinas.

El director general de la compañía, Antoni Termes, comenta al respecto que “"el sector de los consumibles de oficina está muy atomizado: hay muchas empresas que venden sobres, que personalizan CD y disquetes o que fabrican papel para impresoras o papel higiénico (un consumible más dentro de una oficina)".

"Pero no hay tantas -prosigue Termes- que comercialicen todos estos productos a la vez. Por eso es normal que alguien que quiera cierta comodidad en el suministro aproveche para incluir en su pedido esta variedad de artículos”". Por último, una segunda zona de suelo, en este caso situada en el centro del almacén, se usa como área de picking y preparación de pedidos, tareas para las que los operarios utilizan contenedores de plástico. En total, en la nueva instalación se trabaja con más de 600 referencias.
 

Control informático

El traslado inicial de toda la mercancía ubicada en el almacén de la fábrica se llevó a cabo en cuatro días. El antiguo almacén era, en palabras de Antoni Termes, “"arcaico y con muchos rincones”". Allí el stock se almacenaba en el suelo y la operativa estaba a expensas de que el operario recordara en todo momento la situación de los materiales.

Lógicamente, a menudo era necesario mover unas paletas para poder acceder a otras, con la pérdida de tiempo que implica este tipo de operaciones. "“El cambio", –asegura Termes,– "ha sido radical y absolutamente positivo, ya que ahora controlamos informáticamente todos los espacios y ubicaciones del almacén”".

El edificio que alberga el almacén tiene un piso superior con otros 600 m2 de superficie. El segundo piso está destinado a acoger las oficinas de la compañía, cuyo traslado está previsto (en la antigua sede solamente quedarán la fábrica y el taller).

Desde el nuevo almacén se organizan cada día entre 45 y 60 expediciones, con una media diaria de 15 paletas de género. Los envíos llegan directamente al cliente con un servicio puerta a puerta, pero mientras que en Barcelona las entregas se realizan con medio propios, para el resto de destinos se recurre a las agencias de transporte.

Además del mercado español, donde está presente principalmente en Barcelona y en Madrid (con oficina comercial), desde hace un par de años Industrias Botella ha atacado Gran Bretaña con productos de “ticketing”, donde el euro les hace competitivos frente a la industria local, y Noruega, donde comercializa billetes de lotería. Otros mercados donde la empresa ha puesto una pica son Francia, Turquía o Hungría. Básicamente, la compañía está interesada en exportar productos personalizados y con algún valor añadido.

En el caso de Madrid, Industrias Botella sirve desde Barcelona en 24 horas a sus clientes, entre los que se encuentran el Metro, los autobuses y los parking de la capital. Se trata de una clientela variada, con consumidores finales y revendedores, si bien la sociedad declinó entrar de lleno en el mercado del por menor en Madrid, porque no le convenció la idea de funcionar con un almacén externo y un operador logístico, debido en parte a “experiencias anteriores poco satisfactorias” en materia de externalización.

"“Decidimos que serviríamos desde aquí a quienes nos quisieran comprar y, después de diez años, la experiencia ha sido un éxito: nos compran todos aquéllos que nos interesa que nos compren"”, asegura Termes.
 

Valor añadido

Cuando la empresa se introdujo, en 1995, en el mercado del “ticketing”, los plazos de entrega del producto se situaban entre los tres y seis meses. En la actualidad, desde el momento en que el cliente aprueba el diseño del producto hasta que éste llega a su destino transcurre un máximo de 30 días. El ritmo de producción posterior se estipula en base a una programación de pedidos (en los concursos anuales, los contratos suelen renovarse en el mes de diciembre y se establecen compromisos de entrega que deben cumplirse mes a mes).

Según el director general de Industrias Botella, el “ticketing” permite fidelizar clientes, ya que lo primero para las empresas es la seguridad y la imagen que ofrecen a través del producto que se les fabrica de forma personalizada. Obviamente, que el precio sea aquí “"el tercer factor en importancia, es muy interesante desde el punto de vista comercial”", reconoce Termes. “

"Un cliente tradicional como las concesionarias de autopistas" –asegura–, "que son grandes consumidores de ticket, tiene que tener necesariamente en cuenta el precio. Sin embargo, llega un momento en que valoran más que la calidad de la banda magnética no les dé problemas a la hora de expedir un ticket –con lo que se evitan la formación de colas en el peaje– o el hecho de que sus cabezales magnéticos o térmicos apenas necesiten mantenimiento”".
 

Fuera de las subastas

Introducirse en mercados como el “ticketing” permite a Industrias Botella no depender en demasía de productos de escaso valor añadido, en los que factor precio influye mucho en la decisión de compra. Por ejemplo, en su sector se han puesto de moda las subastas on-line, donde se lleva el pedido quien ofrece el mejor precio.

En ellas participan grandes compañías, como el caso real de alguna entidad bancaria que homologa unos cuantos proveedores y les pide que, a partir de un importe inicial establecido por ella, vayan subastando precios a la baja del producto que solicita. El día convenido, el responsable de compras del banco se conecta a Internet y escoge al mejor postor para hacerse con el pedido. Es algo terrible" –comenta al respecto Termes–, "porque entra en el juego aquel que está desesperado y necesita facturar"”.

Nosotros", –continúa–, "hemos participado en cuatro o cinco subastas (con éxito cero) y nos hemos quedado perplejos al comprobar cómo algunas –que pensábamos que podrían durar entre quince minutos y una hora– se convertían en una puja de ocho horas ininterrumpidas, donde la gente se pelea hasta el último momento con precios absurdos que son un 50% más baratos con respecto a la oferta que habíamos hecho a primera hora de la mañana”".

El director general de Industrias Botella apostilla sobre esta práctica de las subastas que “"al final, desde mi punto de vista, el cliente se engaña si cree que el producto que va a recibir va a ser de calidad, porque nadie vende duros a cuatro pesetas”. “En definitiva", –concluye Termes,– "es un sistema que no nos conviene y en el que a veces nos hemos visto abocados porque un cliente tradicional nos ha obligado a participar. Lo que nos interesa es el valor añadido, hacer bien las cosas y ofrecer garantías”".

La cuenta de resultados de Industrias Botella está muy ligada a la evolución de la actividad económica en general, porque sus productos van dirigidos al consumidor final: si la gente entra menos en las autopistas y los parking, se hacen menos ticket; si no viaja a la costa de vacaciones, los comercios no compran rollos de papel para sus máquinas registradoras; si las grandes superficies no venden, ellos tampoco.

En esta línea, el director general de la compañía asegura que, tras un buen 2003, notan este año una estabilización e, incluso, un “cierto parón, y no vemos una perspectiva de futuro demasiado optimista para el mercado, por lo que estamos a la expectativa”. La facturación de Industrias Botella asciende a algo más de nueve millones de euros y su plantilla está compuesta por 65 trabajadores.

Continúa siendo una empresa familiar y su fundador, Francisco Botella, de 81 años de edad, está “"relativamente en activo"”. Antoni Termes asegura que la compañía que dirige está "“orgullosa de la imagen que da al mercado, porque si se le pregunta a cualquiera vinculado a nuestro sector –que es muy específico–, seguro que hablará positivamente de nosotros"”.


 


Ficha técnica del almacén convencional

Longitud estanterías: 17.230 mm
Anchura estanterías: 9.600 mm
Altura estanterías: 6.500 mm
Nº de estanterías: 4
Nº de pasillos: 2
Anchura de pasillos: 2,40 m
Niveles de carga: 4
Nº de módulos: 36
Longitud de los módulos: 1.825 mm
Unidad de carga: Paleta de 800x1.200 mm