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La regeneración del aceite industrial: el último eslabón

20/10/2002

Tras la apuesta de una empresa por cumplir su obligación de reciclar sus residuos, tal y como especifica la normativa europea a fin de proteger el medio ambiente, entran en escena los agentes encargados de su recogida, transporte y tratamiento. La compañía Ecolube se ha especializado en este último paso con la regeneración del aceite industrial usado, antes de cerrar la cadena y comercializar el nuevo producto resultante para su vuelta al mercado.

Según las cifras oficiales de que dispone el Ministerio de Medio Ambiente, en nuestro país se consumen anualmente 560.000 t de aceites y grasas industriales, y se generan un total de 220.000 Tm residuales. De ellas, se recogen 170.000 al año, lo que representa el 77% de lo generado, pero quedan sin controlar otras 50.000 t (un 23 % del total), que en el peor de los casos acaban siendo vertidos ilegales.

Estos datos, y la actual preocupación e intención de proteger el entorno, han empujado a la Unión Europea y a las autoridades medioambientales nacionales a declarar como prioritaria la regeneración de tales residuos.

La problemática va más allá de ser una simple cuestión industrial o de normativas legales: los aceites minerales usados constituyen uno de los residuos peligrosos, con mayor potencial contaminante, que más abundan en la actualidad. Su vertido puede provocar serios problemas de contaminación de suelos, aguas residuales y cursos fluviales o aguas subterráneas, además su combustión incontrolada conlleva contaminación atmosférica.

Por esta razón, la Unión Europea, a sabiendas de las implicaciones que para la salud pública y el medio ambiente tiene la incorrecta —e incluso ilegal— gestión de estos residuos, ha fijado como prioritaria su regeneración por delante de otras técnicas como la cogeneración o la incineración.

La regeneración: una prioridad institucional

Los aceites lubricantes se degradan durante su utilización originando productos orgánicos oxidados procedentes de las transformaciones de sus aditivos. Esta oxidación incluso puede llegar a la propia base del hidrocarburo, con formación de carbón e incorporación de productos de desgaste de los metales y combustibles de los motores. Esto hace que pierdan sus características originales y sean incapaces de dar las prestaciones iniciales.

Una vez finalizado su ciclo de vida, la industria dispone de dos alternativas a su alcance: el reciclado de los aceites o su eliminación. Según los expertos, hoy existen en nuestro país destinos suficientes para reutilizar todo este aceite usado que se produce, mediante incineración, cogeneración o regeneración.

Este último proceso se presenta como el más adecuado ecológicamente, y sin embargo —a pesar de las recomendaciones de organismos e instituciones—, las cifras siguen siendo la mejor muestra de que aún queda mucho camino por recorrer. Según los análisis técnicos, se considera que el 50% del aceite utilizado en aplicaciones industriales es reciclable y que más del 60% del empleado en la automoción también se podría regenerar.

Así, del total de aceites industriales recogidos cada año en España (170.000 Tm), 66.000 Tm se destinan a la incineración o combustión, 51.000 Tm a la cogeneración, 49.000 Tm a la regeneración y 4.000 Tm a otros. Sin duda, aún muy lejos de los objetivos deseados.

En este contexto, destaca la iniciativa de la empresa Ecolube, que inauguró en enero pasado en Fuenlabrada (Madrid) una planta dedicada al reciclado de estos residuos por regeneración para la obtención de bases lubricantes.

La iniciativa partió, hace cinco años, de la compañía española de ingeniería y consultoría Sener, dentro de su estrategia de impulsar su presencia en el sector medioambiental. Con posterioridad, se sumaron al proyecto los otros socios: Tracemar, con un 39%, y Emgrisa (compañía pública de gestión de residuos), con un 10%, quedando el 51% del accionariado para Sener.

En esta planta, única en nuestro país y pionera en el ámbito mundial, se emplea una tecnología desarrollada por Sener (basada en la tecnología de extracción de Interline) que no genera ningún residuo sólido ni emisiones gaseosas y tiene un alto rendimiento de regeneración; es decir, se pueden obtener 700 kg de bases lubricantes de cada tonelada de aceite usado.

Además, se recupera un componente asfáltico y el agua que acompaña al aceite usado para ser tratada posteriormente por gestores autorizados, no requiriéndose tratamientos de terminación del producto reciclado. Ecolube cuenta con una capacidad de tratamiento de 27.000 t anuales de aceites usados y produce 20.500 t de bases para aceite lubricante y 5.000 t al año de asfalto.

La empresa madrileña no cobra el aceite usado a la compañía productora; al contrario, paga a aquellos que lo recogen por realizar este servicio, y una vez se ha regenerado el producto, lo comercializa a otras firmas que lo emplean para realizar la formulación adecuada y obtener aceites lubricantes (de automoción, industriales, grasas, etc.). Asimismo, el asfalto se vende a fabricantes de telas asfálticas.

Mediante este proceso Ecolube consigue volver a introducir estos aceites en la cadena útil de trabajo, sin gastos para la empresa productora del residuo y con un gran beneficio para el medio ambiente. Por otra parte, y aunque parece que está costando más de lo previsto, empiezan a agilizarse las hasta ahora poco punitivas normativas legales, tanto nacionales como europeas, y aumentan las dotaciones económicas de las diversas administraciones en apoyo a las iniciativas respetuosas con el entorno.

Así, en el caso español destacan las ayudas que las empresas reciben en su labor de protección o prevención medioambiental. Ecolube ha recibido subvenciones tanto de la Comunidad Europea como de los Gobiernos Central y Autonómico.

También cabe destacar la notable muestra del interés institucional por estas cuestiones, ya que próximamente entrará en vigor la Ley de Aceites Industriales Usados, que establecerá el marco adecuado para garantizar que el destino prioritario del aceite usado sea la regeneración, de acuerdo con la política marcada, tanto por la Comunidad Europea, como por el Ministerio de Medio Ambiente.

Fuente: Cristina Espelta y Ana Díaz