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La revolución inalámbrica

01/09/2007

Desde su tímido comienzo, como redes sin cables para las oficinas, la tecnología IEEE 802.11b, también conocida como Wi-Fi, se ha hecho fuerte con el apoyo de los usuarios no sólo en las salas de espera de los aeropuertos y en los hoteles, sino al aire libre, con un alcance que está llegando a preocupar al famoso, aunque dormido, UMTS (sistema universal de telecomunicaciones móviles). ¿Veremos también pronto a la tecnología Wi-Fi triunfar en las aplicaciones de radiofrecuencia utilizadas en las operativas logísticas de la industria?

Es de sobra conocido que algunos de los más grandes avances tecnológicos, desde el horno de microondas hasta el teléfono, se descubrieron por casualidad. De entre las anécdotas relacionadas con la tecnología, no cabe duda de que una de las más originales es la que relaciona la revolución de las redes inalámbricas, también denominadas Wi-Fi o IEEE 802.11b, con las conocidas patatas fritas Pringles.

La historia trata de cómo una tecnología relativamente minoritaria y que existía desde hace ya más de una década, comenzó a popularizarse hasta ser hoy casi un fenómeno social, presente en forma de numerosas comunidades virtuales de usuarios de las que trataremos más adelante.

Todo empezó con las noticias, cada vez más concretas, de que las inocentes redes locales sin hilos basadas en el estándar IEEE 802.11b, en un principio pensadas para evitar los cables en las oficinas, tenían muy poco de “locales”, ya que era posible acceder a ellas desde puntos exteriores.

La muestra más demoledora de este hecho fue un artículo aparecido en BBC News en marzo de 2002, en el que se relataba como un reportero, acompañado por un experto en seguridad, había circulado por el distrito financiero de Londres con un portátil, dotado de un dispositivo de acceso inalámbrico de uso común valorado en poco más de 75 euros, entrando en hasta 60 redes de empresa diferentes en tan sólo 30 minutos.

La clave del experimento, en la que nadie había caído en la cuenta hasta entonces, consistía en sustituir la minúscula antena estándar que incorpora el dispositivo receptor por un envase vacío de patatas Pringles. Como muchos otros envases de alimentos de larga duración, son de cartón recubierto en su interior de aluminio para una mejor conservación del producto.

Gracias a este ingenioso truco, se consigue ampliar enormemente el alcance de la transmisión, poniendo la red al alcance de puntos de recepción distanciados a varios cientos de metros e incluso a kilómetros en condiciones favorables. Las revelaciones de este singular descubrimiento y otros similares han tenido una fuerte repercusión en la consideración y aplicaciones de las tecnologías inalámbricas.
 

Las redes inalámbricas como servicio de Internet

El experimento “Pringles” puso de relieve algunos de los ingeniosos motivos que persiguen los hackers accediendo a las redes de empresa mediante los nodos inalámbricos. No se trata tanto de conseguir información corporativa, de muy poco interés para ellos, como de “robar” el servicio de Internet, en muchos casos, de una calidad muy superior a la que se puede alcanzar a través del clásico sistema por teléfono y, por supuesto, gratis. De esta forma, basta con situarse en una zona cercana a los edificios de oficinas con la ayuda de una antena, para entrar en la Red en banda ancha.


Bien es cierto que la comunidad hacker no es la única que ha inspirado el acceso a Internet inalámbrico; desde hace algún tiempo, se han multiplicado en todo el mundo las iniciativas para proporcionar este servicio a usuarios en los sitios más proclives a utilizar portátiles y PDA (agenda personal digital). Cabe destacar la propuesta de Starbucks, una poderosa franquicia de cafeterías extendida por todo el mundo, que permite navegar y consultar el correo electrónico en sus locales, mediante un servicio de banda ancha por suscripción proporcionado por el operador T-Mobile.

El modelo de negocio engloba desde una suscripción a este servicio para los visitantes más asiduos a navegar con su agenda electrónica mientras toman un café, hasta unos bonos en múltiplos de media hora para los visitantes ocasionales. Incluso el local alquila una placa de conexión para PC portátiles por un módico precio.

Qué duda cabe que alguna de las más penosas tareas diarias, como repasar y contestar el correo electrónico, puede ser más agradable en un confortable sillón en compañía de un buen café. Hoy día, el volumen de ciberadictos es inferior al que hubo entre 1995 y 2000, y quizá nuestra cultura no se presta tanto a estas costumbres como sucede en Norteamérica.

En nuestro país, ya se han puesto en marcha algunas iniciativas para proporcionar este servicio a los usuarios. Las salas VIP de las compañías aéreas Iberia y Spanair ubicadas en los aeropuertos, por ejemplo, permiten acceder gratuitamente a la Red, proporcionando incluso una placa Wi-Fi para el PC portátil. Es de esperar que otros lugares públicos adecuados, tales como estaciones de tren, de metro u hoteles, puedan disponer de este servicio muy pronto.

Con la visión de explotar este mercado y quizá motivadas por el relativo éxito de empresas como Kubiwireless (responsable de las instalaciones de la sala VIP de Spanair antes descrita, (ver http://www.kubiwireless.com), recientemente, IBM, Intel y AT&T han anunciado la creación de la compañía Cometa, destinada a proporcionar acceso a todos aquellos lugares en los que la entrada inalámbrica a Internet sea entendida por los usuarios como un valor añadido y, por tanto, para las empresas que la brindan, como una ventaja competitiva.

Cabe recalcar que Kubiwireless y Cometa no se dirigen a usuarios finales, sino a sociedades que quieren prestar un servicio diferente al de su competencia o un servicio público, siendo, en este último caso, libres de repercutir al cliente el coste de un modo u otro.
 

Wi-Fi como alternativa a otros medios de acceso residencial

Una de las más prometedoras aplicaciones de Wi-Fi es el acceso residencial de banda ancha en determinadas circunstancias y puntos geográficos. Al contrario que en la ciudad, donde ADSL (línea de abonado digital asimétrica) y cable compiten como alternativa de banda ancha, el acceso telefónico de 56Kb es la única opción posible en zonas rurales donde la población desciende en tamaño y densidad.


Sin embargo, las dificultades que conlleva encontrar un modelo económico viable y un servicio uniforme en estas zonas de baja densidad, supone que estas iniciativas estén todavía en desarrollo y restringidas a comunidades de usuarios sin ánimo de lucro, como es el caso de Madridwireless.net, Barcelonawireless.net o la pionera Baleareswireless.net.

El objetivo de estas comunidades es principalmente desarrollar una red de nodos que permita compartir el acceso a Internet entre los usuarios (ver, por ejemplo, la red inalámbrica desplegada en Madrid, en http://nodos.madridwireless.net/nodeList.php).

El principal desafío es conseguir la máxima cobertura posible gracias al ingenio de los usuarios en la elaboración de las antenas. Las distancias conseguidas no son en absoluto despreciables. Recientemente, se ha logrado establecer una comunicación basada en esta tecnología entre Tenerife y Gran Canaria, a una distancia de 70,5 km.

Sin embargo, se perfila un modelo de negocio que aunque muy relacionado con el antes descrito, se trata justo del caso opuesto. Consiste en que los usuarios que dispongan de conexiones rápidas, tipo ADSL o cable, puedan prestar parte de su ancho de banda a usuarios itinerantes que entren en su radio de acción. Un ejemplo es el de una persona que ocasionalmente utiliza un portátil mientas se encuentra en el restaurante ubicado justo debajo de su casa. Para ello, la operadora proporcionaría una antena gratuitamente y se quedaría parte de los beneficios que provengan de dicho usuario móvil. El que presta su conexión también recibiría una compensación.
 

La seguridad en el acceso inalámbrico

Hasta no hace mucho tiempo, la principal posibilidad de ataque a una red de empresa desde el exterior provenía de los nodos de conexión corporativos a Internet, usualmente protegidos con cortafuegos a diferentes niveles. El peligro de una red inalámbrica no era tenido muy en cuenta, ya que se suponía que su alcance era sumamente restringido.

El experimento “Pringles” puso de relieve que con unos precarios medios para amplificar la señal era posible captarla desde el exterior, por lo que se empezó a prestar la debida atención a los métodos para garantizar la seguridad de este tipo de redes. Las principales precauciones que se deben tomar son dos: impedir que la información que circula sea intervenida y evitar el acceso a nodos no autorizados, según se describe a continuación:

  • La “escucha” de la información que circula por la red es el equivalente al “pinchazo” de los teléfonos, con la diferencia de que los paquetes de datos no son directamente interpretables, sino que deben ser tratados para recomponer la información original. Esto es perfectamente posible, aunque requiere unos recursos que sólo se justifican cuando lo que se busca es sumamente valioso. No obstante, la forma de evitarlo es encriptar los datos, mediante una clave de 128 bits, virtualmente indescifrable, que es la misma que se utiliza en las comunicaciones seguras por Internet.
  • Como consecuencia de la “escucha” antes descrita en una red sin encriptación, el intruso puede detectar las claves de entrada a la red y penetrar en ella, bien en busca de información o simplemente para poder disponer de acceso a Internet gratis y por tiempo indefinido, si no se le descubre. La forma de evitarlo es definiendo en la estación base una lista de las estaciones que pueden acceder al sistema, bloqueando aquellas que no formen parte de la empresa en cuestión.

Estas dos recomendaciones han sido fervientemente sugeridas desde medios especializados para que sean adoptadas por los usuarios de redes inalámbricas corporativas, ya que el peligro de intrusismo es real y cada vez más frecuente.
 

Wi-Fi frente a UMTS y otras tecnologías inalámbricas

Wi-Fi no está solo. Al menos otras dos tecnologías tienen aplicaciones similares en determinadas circunstancias.

  1. En distancias cortas, Bluetooth, pensada para comunicar móviles con PDA y portátiles, es una alternativa a considerar, aunque la potencia y versatilidad de Wi-Fi le está quitando mucho protagonismo. De hecho, Bluetooth está cada vez más restringido a móviles de gama alta de determinadas marcas, además de ser muy limitadas sus prestaciones, tanto en alcance como en velocidad de transmisión.
  2. UMTS (sistema universal de telecomunicaciones móviles), todavía sin operar, puede estar seriamente amenazado por Wi-Fi, aunque a priori cumple con diferentes cometidos. Por un lado, está pensado para distancias relativamente largas en exteriores e interiores, por lo que está gravado con una fuerte licencia de operación, mientras que Wi-Fi, que opera en una banda de libre utilización, se diseñó sólo (teóricamente) para interiores y distancias cortas.

No obstante, el experimento “Pringles” antes comentado y la iniciativa de los usuarios está cambiando las cosas muy deprisa, hasta el punto de que ya se puede vislumbrar en un futuro cercano que la densidad de nodos inalámbricos en las ciudades sea tan densa que permita la conexión en cualquier punto. Si bien sería necesario consolidar un modelo que garantice un servicio estable. Como el ingenio no tiene límites, ya se hacen algunas pruebas con emisores Wi-Fi en globos de baja altura que permitan cubrir con un solo nodo grandes extensiones, especialmente en zonas rurales.

¿Qué puede pasar con las millonarias licencias de UMTS en tales circunstancias? Cabe esperar que los fabricantes de móviles no incluyan Wi-Fi en sus terminales o el futuro para UMTS sería realmente preocupante.
 

Wi-Fi en la industria: logística y gestión de almacenes

La industria, y en concreto la logística, es una gran usuaria de las tecnologías inalámbricas, ya que es obvio que los sistemas de información deben acompañar en todo momento al operario hasta donde esté el producto, por supuesto, sin el obstáculo de los cables. De hecho, existen en el mercado diversas soluciones, denominadas específicamente de radiofrecuencia, que resuelven perfectamente esta problemática.


¿Qué valor puede añadir la tecnología Wi-Fi en este sector? El más evidente es una reducción de costes, tanto por basarse en dispositivos más económicos, como por operar sin licencia, además de ser compatible con unidades estándar, tipo PDA y PC portátiles, más asequibles y flexibles que los sistemas propietarios que se utilizan habitualmente.

Ahora sabemos que una red Wi-Fi puede cubrir distancias grandes con la ayuda de una antena adecuada, presentándose cada día en el mercado nuevas unidades de uso industrial para cubrir distancias de cientos y hasta miles de metros. Es de esperar que conforme se estandaricen los terminales inalámbricos la tecnología Wi-Fi se implante progresivamente en las instalaciones logísticas.

Fuente: Carmelo Pérez – www.netchallenge-consulting.com - carmelopere@netchllenge-consulting.com