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Gestión medioambiental en polígonos industriales

01/05/2004

El concepto de polígono conquista el panorama industrial a partir de 1970 en los países industrializados y, con posterioridad, en las zonas de Asia con mayor crecimiento económico. Si en 1996 eran 12.000 los enclaves mundiales catalogados como tal, hoy existen muchos miles más.

La aplicación de sistemas de gestión ambiental es un fenómeno más tardío, y aún carente de la implantación necesaria, que actúa sobre el conjunto de los procesos y siempre va ligado al aspecto económico. En España, los enclaves industriales han proliferado en las últimas dos décadas con un rasgo distintivo: se suele abordar la problemática ambiental cuando ya están consolidados.

¿Motores de la economía o bombas de relojería? Este tipo de recintos industriales, al igual que ocurre con buen número de parques empresariales, son auténticos impulsores del desarrollo económico local, pero sus efectos traen perjuicios ecológicos sin el debido “colchón” de protección.

En un espacio restringido como éste, se suman los problemas derivados de la industria allí operante y las consecuencias adicionales de los servicios e infraestructuras que sostienen dichas actividades. Sin una gestión medioambiental eficaz, el impacto negativo revierte incluso en las condiciones laborales de los empleados, sin olvidar que muchos emplazamientos colindan con zonas residenciales, turísticas o de protección especial, circunstancia que agrava aún más las repercusiones.

En España −donde la proliferación de polígonos ha sido más que notable en los últimos 20 años− existe una tendencia a abordar el problema de la protección medioambiental cuando el recinto ya está edificado y en funcionamiento, según ha constatado la Fundación Entorno, organización especializada en programas enfocados a facilitar a las empresas la mejora de su gestión ambiental.

Este error de cálculo echa por tierra todas las ventajas que aporta un enfoque más preventivo en el diseño preliminar de los espacios. Raquel Aranguren, directora técnica de la Fundación Entorno, considera que incluir las características medioambientales en la fase inicial de planificación de un proyecto facilita mucho las cosas: “"Es lo mejor y lo más fácil. Sin embargo, en España nos encontramos muchos polígonos consolidados desde hace tiempo, con gran diversidad y cantidad de empresas, donde resulta bastante difícil implantar estos mecanismos"”.

Otro desatino sería querer atajar la problemática ambiental de forma individual (cada empresa por su cuenta) cuando es mejor unir fuerzas, aunque la dirección de muchos polígonos lo desconozca todavía. A este respecto, la directora técnica de la Fundación Entorno, tras seis años de estudio detallado de la problemática, opina que es fundamental que un polígono no sea exclusivamente un grupo de empresas totalmente disociadas e inconexas, sino que se busquen sinergias para poder llevar a cabo una gestión ambiental “responsable”.

Otro obstáculo es la escasa cualificación de las empresas para implantar y controlar los mecanismos medioambientales, o la falta de herramientas apropiadas para ejecutar estas funciones. Si nos fijamos en la tipología de las firmas instaladas en polígonos, la mayoría son pymes, que sufren el lastre de la desinformación. Aranguren reconoce que “"conocer toda la legislación, que es muy amplia, es muy difícil”".
 

Ente gestor y soluciones colectivas

Por la mera concentración de empresas se generan impactos en las infraestructuras en sí mismas, independientemente de otros agentes como son los vertidos o las emisiones contaminantes. Una amenaza añadida son los productos químicos utilizados en las cadenas de fabricación, capaces de provocar fuegos y vertidos devastadores.

La escasez de espacio para depositar residuos sólidos es otro de los quebraderos de cabeza que tampoco se puede zanjar trasladando estos desechos a vertederos de localidades cercanas porque se produciría un conflicto con el municipio en cuestión. Cuando estos emplazamientos pertenecen a zonas agrícolas o costeras, el choque contra el hábitat y sus pobladores es frontal, con el consiguiente perjuicio para la flora y la fauna.

Si estos polígonos llegan a sobrepasar una determinada dimensión, entonces las consecuencias se traducen en elevadas cantidades de gases de efecto invernadero que inciden de forma persistente en todo el entorno. Éste sería el peor de todos los casos.

Las medidas adoptadas en común siempre resultarán la mejor alternativa. La óptica colectiva −según insiste la Fundación Entorno− siempre será la más fácil, la más eficaz y, muy posiblemente, la más conveniente económicamente para las empresas.

Por eso, se propone la figura del gestor colectivo, que tendrá mejor acceso a terrenos marginales o degradados para decidir si se transforman en polígono para la industria. También ayudaría que la política nacional identificara y distribuyera estos centros a través de un plan racional a fin de proteger los recursos y decretar las ubicaciones más idóneas.

La Fundación constata que la normativa actual −basada en concentraciones autorizadas− no resulta eficaz ni suficiente ante la elevada contaminación, salvo si no existe el refuerzo de otras medidas o acuerdos. "“La única legislación que tenemos son normativas internacionales y están totalmente pensadas para unidades productivas. Todavía no hay nada que englobe este tipo de iniciativas; la verdad es que estamos aún un poco verdes”", lamenta Aranguren.

Otra alternativa propuesta sería la fórmula del “microestado”, siempre en la línea de la legislación vigente en el país. Se trata de dotar al polígono de un reglamento propio según sus características, si bien, de telón de fondo, siempre estarían las autoridades nacionales o locales, que son las que deben velar porque las normas sean cumplidas y en hacer efectivo el control en esas zonas. Los dilemas administrativos ante la falta de control se pueden convertir en conflictos sin solución satisfactoria en muchos de los casos, recuerdan los expertos de esta fundación.

Hay quien defiende que estos enclaves implementen sus propios modelos de gestión −cada uno según su idiosincrasia− tomando elementos prestados de modelos y filosofías de gestión actuales en el mundo desarrollado.

Ecología industrial e imagen corporativa

La filosofía llamada ecología industrial se ha preocupado por una mayor optimización de los procesos de producción en los polígonos y por una mejor interconexión con los procesos aislados, de forma que se creen sinergias a partir de los flujos de residuos. La meta perseguida es aproximar todo este mecanismo a un punto de emisiones tendentes a cero.

Precisamente algo parecido es lo que promulga el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNEUMA), una especie de combinación de la ubicación de estas zonas con unos criterios ecológicos, con a adecuada planificación de las infraestructuras y, por último, con una implantación de servicios medioambientales.

La ecología industrial es un término poco utilizado en España: “"Es una disciplina muy incipiente; la verdad es que si se hace una búsqueda de artículos o documentación relativos a ella, se encuentra muy poco”", admite la responsable de la Fundación Entorno.

Lo que sí es cierto es que ha habido una evolución en la mentalidad de muchos empresarios: la vertiente ecológica no sólo es una pesada obligación que cumplir, sino una ventaja que puede llegar a posicionar a mi empresa muy bien en el mercado si exploto una imagen debidamente.

La Fundación Entorno constata en los últimos seis años que "“estas políticas se están empezando a incorporar, no sólo por exigencias del propio mercado, sino por imagen hacia el cliente interno de la compañía y sus inversores”".

Hay que tener en cuenta que muchas pymes tiene su razón de ser por ser proveedoras de otras sociedades más grandes, que suelen ser mucho más estrictas con el medio ambiente y exigen a sus socios una política medioambiental determinada. Todo este engranaje funcionaría mejor −Aranguren está convencida− si nosotros, los consumidores, como eslabón final de la cadena, estuviéramos un poco más concienciados.

Proyecto piloto

En 2001 la Fundación Entorno llevó a cabo un proyecto piloto con el patrocinio del Ministerio de Ciencia y Tecnología a fin de diseñar una metodología de aproximación a la situación medioambiental en estos emplazamientos. Tres centros neurálgicos de actividad industrial fueron seleccionados por su relevancia: Arganda del Rey (Madrid), Villarobledo (Alicante) y Zamudio (Vizcaya).

La pretensión era que las empresas existentes en estas zonas cooperasen entre ellas para la mejora del entorno, una forma de incentivar y de servir como ejemplo para otras que siempre van a remolque en la implantación de medidas y avances.

La metodología aplicada se construyó en base a tres criterios fundamentales: las empresas del polígono no tienen relación específica entre sí; alguna de las compañías del polígono posee excedente de energía, lo que permitía su reutilización; o eran firmas punteras muy vinculadas al ámbito de las IT y, en general, pertenecientes al sector terciario avanzado.

A cada enclave de los descritos se ofreció un determinado diagnóstico medioambiental y se le diseñó una serie de servicios acordes con las características de las empresas allí representadas. Se propuso, o mejor “se intentó proponer”, dice Aranguren con franqueza, recalcándolo, que los residuos no peligrosos pasaran por una recogida conjunta (siempre que las empresas más avanzadas en este sentido empujaran a las menos avanzadas); además de que la recogida conjunta de residuos peligrosos pasara por el ente gestor del polígono.

También se perseguía conocer las trabas y carencias de formación para poder definir un programa para todo el polígono e , incluso, se vislumbraba la posibilidad de ofrecer un sistema de transporte, "“porque aunque parezca mentira, el transporte público a veces no llega hasta ellos”", apunta la directora técnica.

“"Aquí quisiera dejar muy claras las dificultades con las que nos hemos topado en el estudio. El proyecto era bonito y las empresas involucradas estaban de acuerdo a priori, pero cuando el ente gestor de un polígono era una administración pública, las empresas percibían de forma peligrosa que se les solicitase información", aclara Aranguren.

"Suelen temer -continúa- que el hecho de ofrecer esta información suponga sanciones por parte de la Administración, o una subida de impuestos”". Aranguren cree que todas las reuniones realizadas entre empresas y entes son muy positivas para la mejora del enclave y una forma de evidenciar los fallos o carencias, si bien el que un gestor sea público cohíbe a muchas sociedades.

“"Si echamos un vistazo a algunos ejemplos en Europa, creo que los polígonos que mejor funcionan son los que poseen un gestor mixto, en el que participan tanto las autoridades locales como las propias empresas"”, asegura.
 

¿Cómo gestiona la empresa española?
 

El llamado Índice de Entorno Ambiental (IEA) sirvió a la Fundación Entorno para evaluar el grado de compromiso de la empresa española con el medio ambiente entre los años 2001 y 2003. Los datos referentes a 2001 denotan una postura más bien reactiva en el tejido empresarial, es decir, muy limitada a cumplir con las obligaciones que impone la ley. En 2003 se observa una actitud menos reactiva; empiezan a aparecer síntomas de prevención, y no sólo de corrección.

Por regiones y de un año al otro, vemos que destaca la actitud de las empresas en Madrid, Andalucía, Aragón y Comunidad Valenciana, donde más del 70% de las firmas estudiadas muestra esta tendencia. Por tipo de actividad, los sectores de material de transporte y construcción son los que se han desarrollado más hacia el medio ambiente y la sostenibilidad, al contrario de lo que ocurre con el segmento del cuero y el textil, por ejemplo.

No es cierto que sean las grandes empresas las que más han avanzado en cuanto al índice IEA se refiere. El informe señala que las pequeñas y medianas han registrado un mayor crecimiento entre las fechas estudiadas, quizá por ser más proclives a extender su responsabilidad sobre los productos y servicios que comercializan en el mercado.

La evolución más creciente en cuanto a compromiso (medida por el IEA) se ha dado en Castilla-León, Extremadura, Galicia, Asturias y Cantabria. Otro tema distinto es la formación, donde las madrileñas parecen las más dispuestas aunque se constatan lagunas formativas en todo el conjunto español.

El peso ineludible de la legislación sigue siendo el arma principal para que nuestras empresas reaccionen positivamente, aunque en los últimos años se introducen otros factores como la imagen corporativa y la propio presión que ejerce el mercado. En la otra cara de la moneda se hallan las razones de índole económica como principal freno para que se adopten compromisos ambientales.

Un 40% de las firmas encuestadas asegura que encuentra trabas para traducir estos esfuerzos en beneficios tangibles para su buena marcha y un 42,8% asegura haber obtenido alguna ventaja económica. De un año a otro este porcentaje aumenta muy levemente, siendo los empresarios riojanos y navarros los que más beneficiados se han visto, y los andaluces y madrileños los que menos.

La desaceleración de los últimos años también ha hecho mella en las inversiones. Si en 2000 se invirtieron unos 933,3 millones en equipamiento de prevención, en 2001 la cifra fue sólo de 714 millones (un 30% menos de un año al otro). Los resultados de 2003 indican que un 40% de las sondeadas no sabe si va a realizar este tipo de inversiones medioambientales en los próximos ejercicios, dato que refleja una falta de previsión generalizada.

Parece evidente que, en años venideros, el desarrollo sostenible gozará de un mayor protagonismo dentro de la estrategia empresarial de nuestras empresas. El futuro “ideal” es que se produzca la integración de la variable económica, la ambiental y la social; al menos así percibe el futuro la Fundación Entorno y por estos derroteros orienta sus programas y proyectos.

El nuevo escenario así descrito podría, según este organismo, favorecer una gestión empresarial más transparente, más ética e integradora; además de ser determinante la contribución de las políticas comunitarias contra el cambio climático a partir de ahora, capaces de marcar la agenda de los empresarios en lo sucesivo.


Por la adopción de medidas correctoras

A finales de los cincuenta España acusaba la necesidad de otorgar más espacios a la industria. No existían entonces las comunidades autónomas, pero ya desde la puesta en marcha de los llamados Polos de Desarrollo se contribuyó a dar vida a algunos polígonos de cabecera en ciertas provincias de la geografía nacional hacia mediados de los sesenta, mucho antes del boom definitivo.

Éstos fueron motor de riqueza sin duda, pero la dotación de infraestructuras primarias era muy básica, en ocasiones ni siquiera se había previsto en la urbanización el suministro de agua potable. “"En un principio, no se tuvo presente en absoluto la problemática medioambiental”", recuerda Marisa Negrete, secretaria general de la Confederación Española de Polígonos Empresariales (CEPE).

El CEPE es un organismo que abordó por primera vez un estatuto jurídico para estas áreas empresariales e industriales. Bajo su protectorado, se aglutinan ya 80 polígonos de diez autonomías diferentes y un total de 33.000 empresas hasta la fecha.

Negrete, desde la sede central de CEPE en Asturias, admite que varios años más tarde de la explosión de estos recintos es cuando se empezaron a imponer buenos sistemas de alcantarillado interno, así como puntos de vertidos ordenados, entre otras infraestructuras fundamentales. Reconoce que todavía es elevado el número de áreas empresariales que carecen de mecanismos indispensables, como son las redes separativas, puntos limpios para residuos o los sistemas de tratamiento de aguas residuales.

Además, el mapa de polígonos en España está claramente dividido: "“los de la antigua etapa heredan la situación descrita anteriormente y los de nueva construcción ya incluyen esta planificación contra el impacto ambiental y los instrumentos necesarios para controlarlo”", diferencia Marisa Negrete. Sobre el nivel de responsabilidad, hay que distinguir también entre los enclaves públicos (la mayoría en España) y los privados. "”En el primer caso, la legislación es muy clara y habla de la responsabilidad municipal, dado que es una de las funciones de las corporaciones locales”".

En el segundo caso, las empresas actúan más o menos individualmente, muy movidas por las necesidades del mercado y de acuerdo con el “imperativo legal”. ¿Por qué tantas reticencias a la hora de abordar mecanismos? A esta representante de la CEPE no le cabe duda de que el desconocimiento de las empresas, la falta de recursos sencillos y la insensibilización están en la raíz del problema. “"

"La eficacia real está en la concienciación generalizada acompañada de recursos y mecanismos que posibiliten adoptar medidas correctoras”", sentencia. Por otro lado, Negrete cree que las federaciones regionales de polígonos están llamadas a ser, en un futuro, las verdaderas estructuras de representación y fuerza, ya que muchas competencias relacionadas con estas zonas −como las medioambientales− serán sunto de las comunidades autónomas. A este nivel sí que se están realizando proyectos y acciones en España como los siguientes:
 

  • Proyecto ECOSILVOTA (Asturias): creación de mapas de residuos para empresas situadas en polígonos, así como bolsas de desechos, negociación con gestoras para la retirada colectiva con precios especiales según el volumen, organización de cursos de formación y jornadas de sensibilización, elaboración de un Manual de Buenas Prácticas, edición de un boletín mensual y celebración de una Semana Ambiental.
  • El principado de Asturias también está estudiando la futura construcción de “ecopolígonos”.
  • El Polígono de Campollano (Albacete) ha creado unos “puntos verdes” para la recogida selectiva de residuos, realiza acciones formativas y de concienciación y ofrece información a través de Internet sobre legislación ambiental.
  • El Polígono ASIVALCO en Paterna (Valencia) efectúa análisis de los indicadores ambientales, de los “puntos limpios”, firma convenios con empresas gestoras y lleva a cabo campañas de señalización ambiental, entre otras acciones.

Fuente: www.cepe-as.es



ACTUALES INICIATIVAS EUROPEAS DE ECOPARQUES
 

  • Parque científico-tecnológico para el medio ambiente de Turín, Italia
    Cuenta en la actualidad con 38 empresas. Es un buen ejemplo de comunión entre medio ambiente, arquitectura sostenible y ahorro energético. Su objetivo es minimizar el impacto ecológico y fomentar el uso de materiales reciclables. Dispone de servicios y asistencia medioambiental a empresarios sobre productos y certificación de los mismos. En este recinto se organizan cursos científicos y técnicos dirigidos a distintos los sectores específicos.
  • Ecoparque Hartberg, Austria
    Situado en la región de Steiermarkt, está formado por empresas pertenecientes exclusivamente al área medioambiental o que han integrado parte de sus negocios en esta rama. Destaca la existencia de centros de investigación con actividades de apoyo científico y técnico para las compañías allí instaladas. Se llevan a cabo importantes labores de formación, de marketing a través de exposiciones para el público en general y de acciones orientadas a la cooperación. Este encalve tiene suministro propio de energía y capacidad para cubrir el ciclo completo de reciclado de aguas residuales, volviendo a introducir éstas en sus procesos una vez tratadas.
  • Ecoparque Industrial de Alsacia, Francia
    Operativo desde 1999, gran parte de su superficie se halla en una zona de protección especial. Funciona a través de un ente gestor representado por varios actores en esta región gala. Ofrece una imagen sólida de respeto al medio ambiente gracias a acciones muy variadas. Se solicita la firma de un “compromiso” a toda sociedad que quiera establecerse allí, es decir, un conjunto de normas medioambientales, bastante sencillas, en cuanto a la gestión de residuos, reducción del ruido ambiental , etc.

Fuente: Fundación Entorno