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La deslocalización positiva

01/12/2004

Si hay una palabra que, durante los últimos meses, se puede encontrar casi todos los días en los medios de comunicación esa es deslocalización. El término, y lo que representa, está produciendo bastante preocupación en algunos sectores y; sin embargo, bien orientado se puede convertir en una ventaja para la economía de un país en crecimiento y con profesionales cualificados como España. Es lo que muchos expertos comienzan a llamar deslocalización positiva.

Mucho se está hablando en los últimos meses de deslocalización (conocida en inglés como offshoring), ¿pero qué es realmente? Consiste en trasladar la producción o el desarrollo de bienes y servicios a un país cuya mano de obra es más barata con respecto a la nación de origen. Así de sencillo. Este traslado puede afectar a parte o a la totalidad de la actividad que desarrolla la compañía. Es un proceso que no tiene nada de nuevo pues se viene dando en la economía mundial desde el siglo XIX, cuando el economista David Ricardo explicó qué eran aquello de las ventajas comparativas entre dos economías.

Aunque hasta el momento los trabajos que se trasladaban fuera eran los llamados de cuello azul (poco cualificados), lo cierto es que también está afectando a los de cuello blanco (cualificados). Ante esta situación algunos gobiernos se han llevado las manos a la cabeza y han visto una amenaza donde muchos expertos ven ya nuevas posibilidades para una economía cada vez más ágil y flexible como la española. Oportunidades, sí. ¿Pero dónde y cómo?

Una buena manera de contestar a esta pregunta es analizando algún caso real que pueda servir como guía. La principal razón que lleva a una empresa a trasladarse de un lugar a otro es el ahorro de costes. Por término medio éste se estima en un 50%. Un porcentaje que se cumple con precisión en el sector de las tecnologías de la información. Veamos, pues, lo que está ocurriendo en este segmento de mercado en la India ya que puede resultar muy representativo de cómo se está comportando la economía mundial.

Según la Nasscom –asociación hindú que representa al sector de la tecnología de la información– la deslocalización de esta industria ha supuesto para la India unos ingresos de 2.600 millones de dólares durante el periodo 2002-2003. Este importante volumen de dinero procede fundamentalmente de Estados Unidos y el Reino Unido. Una situación que ha despertado las señales de alarma económicas en ambas naciones. ¿Pero es realmente una amenaza para la industria tecnológica mundial el offshoring del país asiático?

Estados Unidos gana 50.000 millones

De acuerdo con un estudio de la consultora americana McKinsey, la deslocalización beneficia en este caso a los dos países a los que afecta. Por una parte, cada dólar que Estados Unidos paga a la India por realizar servicios que antes el coloso americano hacía dentro de sus fronteras genera un valor de 1,46 dólares, de los que más del 75% regresan directamente a la primera potencia del mundo. Y por otra, la economía estadounidense ha ingresado nada menos que 50.000 millones de dólares en los últimos cinco años con la deslocalización de servicios a naciones como la India. Está claro que si bien a corto plazo el offshoring genera pérdidas de empleos, a medio y largo plazo proporciona sólidos beneficios para empresa y trabajadores.

Los expertos describen un proceso que actúa de la siguiente manera. En una economía que funcione con la flexibilidad precisa, la creación de puestos de trabajo procede de la destrucción de otros. Conforme a los datos que ofrece el instituto especializado en estudios económicos Cato, entre 1993 y 2002 el empleo neto en el sector privado de Estados Unidos aumentó en 17,8 millones de trabajadores. Una cifra realmente espectacular. Esto fue el resultado de 327,7 millones de empleos creados y de 309,9 millones destruidos.

En España, en los últimos ocho años, se han creado cuatro millones de puestos de trabajo netos. De esta forma, a partir de la deslocalización, el trabajo nuevo que surge es mucho más sólido y estable. Tal y como explica un informe presentado por la ITAA (Information Technology Association of America), que agrupa a las principales compañías de tecnologías de la información de Estados Unidos, el ahorro procedente del offshoring permitió a las compañías estadounidenses crear unos 90.000 trabajos nuevos durante 2003.

Con esta fórmula España puede convertirse en receptora de empresas procedentes de fuera, y no porque tenga unos costes más baratos que, por ejemplo, los de la industria alemana, sino porque sus trabajadores son más productivos y están más cualificados. Esta es la línea argumental que transmite un informe realizado por la consultora DMR Consulting. “"España debería aprovechar las posibilidades que se le abren con la segunda fase de la deslocalización, marcada por la búsqueda de mano de obra cualificada"”. Las tornas deben cambiar. España puede ser un país receptor de industrias al igual que exportador, de la combinación de las dos fórmulas puede salir tremendamente favorecido.

El ejemplo de Sanmina-SCI España

Algunas empresas españolas ya han comprendido con claridad el mensaje. Es el caso de Sanmina-SCI España. Esta firma de ensamblaje de componentes informáticos ha transferido una parte muy destacada de su producción desde Suecia a su planta de Toledo. Las instalaciones donde tiene su sede Sanmina –que ocupan una extensión de más de 90.000 m2– habían pertenecido hasta julio de 2002 a la multinacional de telecomunicaciones Alcatel, que tuvo problemas en la explotación de su actividad. Sin embargo, sus nuevos propietarios han sabido darle la vuelta a la tortilla. Han convertido a la empresa en una compañía tecnológicamente puntera, receptora de encargos y peticiones de más de veinte países y que este año facturará unos 100 millones de euros.

"“Y no porque nuestros costes laborales sean más baratos sino porque la productividad de los trabajadores y su cualificación es más elevada. Nuestra estrategia se centra en sectores de alto valor añadido, esto es algo que permite que nos vean más como un socio industrial que como un simple suministrador"”, explica Enrique López Ayllon, director general de Sanmina-SCI España. “A mi juicio”, continúa, la deslocalización es una potente herramienta de internacionalización que debe aplicarse en casos concretos"”.

Lo cierto es que un cambio de mentalidad recorre toda la industria europea. Hace falta igualar los niveles de competitividad que ofrecen estos nuevos países y el primer paso es aumentar la productividad de las empresas. La fábrica de Siemens, en Alemania, ha aumentado la jornada laboral de 35 a 40 horas a la semana, con el beneplácito de trabajadores y sindicatos, que son conscientes de la necesidad de adaptarse a los nuevos vientos económicos que soplan en todo el mundo.

Una estrategia similar es la que también han emprendido en el país germano los 100.000 trabajadores de Daimler Chrisler. Empleados y empresa han entendido que ambos están remando en la misma dirección: que la compañía sea lo más rentable posible. “"Pero a la Administración"”, explica un experto, “"también le atañe una gran responsabilidad como es no incurrir en la tentación, en un momento como el actual, de subir los impuestos que gravan la actividad de las empresas. Hoy por hoy, en un país moderno, son los motores de la economía"”.

Como vemos, la deslocalización de servicios, como los informáticos, debe considerarse como una oportunidad para ahorrar costes. Aunque a corto plazo signifique la emigración de empleo cualificado, se traducirá en un aumento de los beneficios de la compañía que repercutirá en el crecimiento del país y en la aparición de nuevos puestos de trabajo.

Hay que tener muy claro, tal y como señalan los expertos, que las parcelas de producción que son susceptibles de ser deslocalizadas son fundamentalmente aquellas intensivas en mano de obra o con una intensidad tecnológica reducida. Por el contrario, las fases de diseño, ingeniería, innovación tecnológica, gestión y comercialización, etc. permanecerán en los países que tengan mejores infraestructuras tecnológicas, capital físico y humano, y un entorno social e institucional estable y seguro.

Es en este ambiente en el que España debe encontrar y aprovechar sus potencialidades y ventajas. La economía española cuenta con unas dotaciones de infraestructuras, unas disposiciones culturales, unas condiciones para la inversión, y unas circunstancias legales favorables para ser un destacado receptor de procesos de deslocalización desde otros países.

Progreso del país

Dentro de este boom de la deslocalización, las telecomunicaciones y, en especial, el telemarketing son, sin duda, unos de los sectores más proclives a que se produzcan estos fenómenos. Cuando un sector tiene un 70% de sus costes directamente relacionados con el salario de su personal, los costes laborales se convierten en un factor tan esencial para su competitividad que la salida afuera, de la totalidad o parte de las producciones, es inevitable.

Esto, que pudiera parecer negativo, tiene otra interpretación, cada vez más extendida, que hace unas semanas recordaba el economista Pedro Schwartz: "“Sin duda hay quien sufre temporalmente con el traslado de plantas de automóviles desde España hasta los antiguos países comunistas, del desvío de la producción textil al Magreb, o de la ubicación de centros de servicios informáticos o telefónicos a Marruecos o la India. Sufren los que tienen que buscar un nuevo empleo. Sufren las empresas auxiliares que temporalmente pierden su cliente principal. Pero el país en su conjunto progresa gracias a la deslocalización y a cualquier destrucción de empleos improductivos, por efecto de la competencia internacional o nacional”".

Desde luego, leer palabras como destrucción de empleos improductivos no resultan en un principio agradables, sin embargo, desde esta nueva visión que están adoptando la mayoría de las economías occidentales, resulta inevitable para garantizar que la industria sea sana y competitiva.

"“No hay duda de que vamos a tener que acostumbrarnos al fenómeno de la deslocalización, que también tiene su vertiente positiva ya que veremos como firmas españolas que tienen capacidad de sacar fuera algunas de sus funciones se aproveharán de las ventajas que ofrecen los nuevos países que han entrado en la Unión Europea”", analiza Emilio Ontiveros, consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales.

Cortefiel, puntadas precisas

Todos los expertos coinciden en afirmar que globalización y deslocalización caminan de la mano. Un ejemplo muy claro de esta simbiosis lo encontramos en el sector textil y concretamente en Cortefiel. La empresa española, dueña de marcas como Springfield, Milano o Women´ Secret, atravesó un momento complicado cuando cerró Mark & Spencer.

En ese momento comprendió que la defensa era un buen ataque y emprendió un ambicioso plan de expansión mundial basado en el desarrollo de tiendas propias y franquicias. El objetivo de la compañía era crecer para dar seguridad a trabajadores y accionistas. Uno de los muchos pasos que se emprendieron fue la puesta en marcha de tres fábricas en Marruecos. ¿Por qué? "“Además de contar con una mano de obra especializada, el país está próximo a España y tiene una larga tradición textil, con lo que se asegura la calidad en el acabado de los productos”", indica Ignacio Sierra, director del área corporativa de Cortefiel.

Estas ventajas, además de los reducidos costes de la mano de obra, le daban la posibilidad de poder competir con éxito frente a las multinacionales del sector. De hecho, la deslocalización les ha permitido, como explican en la propia empresa, cambiar empleo primario por cualificado en España y Europa; generar estabilidad, trabajo y riqueza en países en vías de desarrollo y aumentar la capacidad de inversión en el extranjero.

Este último punto es esencial. Vender y producir en el exterior supone que a España llega un sustancial flujo de capital a través, por ejemplo, de los dividendos. "“De esta forma”", precisa Ignacio Sierra, "“nos convertimos en un agente económico generador de mayores oportunidades tanto en los países en los que fabricamos como en los que vendemos"”.

La importancia de la investigación y el desarrollo

Está claro que el león del offshoring no es tan fiero como lo pintan. Incluso el sindicato UGT, en su documento, El fenómeno de la deslocalización industrial en España: pautas de actuación, precisa que "“la decisión que toman algunas empresas de sacar fuera de nuestras fronteras sólo parte de su producción puede ser compatible con el mantenimiento o crecimiento del empleo y de la actividad económica, siempre que exista la posibilidad de empleo alternativo, a partir de nuevas actividades que la empresa pueda desarrollar, y siempre que cuente para ello con capacidad de investigación y desarrollo de nuevas actividades o productos"”.

Tal vez la clave de todo esté en estas últimas palabras. El desarrollo y la investigación es una garantía de permanencia y éxito de las empresas en el siglo XXI. Los expertos explican que las tornas están cambiando. La forma más eficiente para que la deslocalización no tenga ningún efecto perverso es ofrecer a las compañías emplazamientos donde se favorezca la innovación. Antes a las empresas, por regla general, la Administración les ofrecía suelos baratos e incentivos fiscales para que se establecieran en un determinado lugar.

Ahora hay que cambiar estos instrumentos tradicionales por otros diferentes que garanticen un entorno aceptable, infraestructuras modernas, disponibilidad de trabajadores cualificados y, más en general, una sociedad que tienda hacia la innovación en procesos, productos y organización. De esta forma se limita la deslocalización porque la innovación lleva a sacar fuera del país únicamente las actividades de menor valor añadido.

Como explica Juan José de Lucio, director del servicio de estudios del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España, "“la deslocalización es un reto, pero también una oportunidad y un signo de modernidad. Estas oportunidades residen en las actividades con intensidad tecnológica alta, unas dotaciones de capital humano especialmente cualificadas y unos procesos de elevado valor añadido"”.

Ficosa, una estrategia sobre ruedas

Esta es la estrategia que ha seguido la empresa de componentes de automóvil Ficosa Internacional. Esta compañía, fundada en 1949 con capital español y que el año pasado facturó 720 millones de euros, ha apostado decididamente por el mercado de Europa del Este y Turquía. En Polonia adquirieron en 2001 la división de retrovisores Magneti Marelli. Estas instalaciones tienen en la localización su primera gran ventaja competitiva ya que se encuentran a sólo 360 kilómetros de Alemania, uno de los grandes centros de producción mundial de automóviles, con lo que se favorece la entrega just in time de productos. Algo que resulta fundamental en este sector.

Un caso distinto es el de Rumanía. En este país crearon en 2002 una joint venture con la empresa local UAMT que desarrolla y fabrica componentes para el Dacia Logan, el famoso coche de 5.000 euros que está creando Renault destinado a los mercados emergentes. En los dos casos la principal razón de la entrada en estos países fue que tenían un elevado desarrollo en I+D y un personal cualificado con dominio de diversos idiomas, que eran capaces de mantener una comunicación fluida con la central española.

Ficosa sigue manteniendo su presencia en el mercado nacional, de hecho su sede central está en Barcelona y continúan trabajando en sus instalaciones en Soria, Logroño, Rubí (Barcelona), etc. Explicado de otra forma, la empresa del sector automovilístico ha sabido compensar costes laborales superiores mediante una productividad mayor, más eficiencia en la logística, unos productos superiores y una excelente gestión comercial.

La deslocalización, pues, no es sinónimo de desindustrialización ni paro sino de nuevas oportunidades dentro de un mercado global que exige competir con cualquier empresa en cualquier parte del mundo. España puede, y debe, aprovecharse de esta situación en beneficio de su propia economía, para ello necesita trabajadores que se preocupen por su nivel de cualificación técnica constantemente, todo ello apoyado en un sistema impositivo que favorezca la llegada de empresas extranjeras a nuestro país.

Ventajas de la deslocalización
 

  • Supone una reducción del coste marginal de producción de las empresas, aumentando sus beneficios y generando nuevos estímulos para innovar. Esta innovación, a medio plazo, tendrá efectos positivos sobre el crecimiento y el empleo.
  • Es un progreso para la eficiencia y la competitividad del país en su conjunto al eliminarse empleos improductivos por la competencia internacional.
  • Mayor beneficio para los consumidores al ofrecerse productos finales a un precio menor.
  • Aumenta el salario medio.
  • La evidencia empírica para el caso español muestra que en los últimos veinte años, periodo en el cual la deslocalización se ha intensificado en los países de la OCDE, las cifras de creación de empleo y empresas en la economía española han crecido de modo continuo.
  • Fomenta el desarrollo de terceros países.

A la fiscalidad le salen las cuentas

No cabe ninguna duda de que el tratamiento fiscal que reciben las empresas es básico a la hora que éstas decidan instalarse en un país o en otro. Esta situación no debe pasar inadvertida para la Administración española, que tiene que sacar sus propias conclusiones. Por ejemplo. En Rumanía o Polonia el beneficio de las sociedades soporta un gravamen del 25 y 19% respectivamente mientras que en España estaríamos hablando de un 35%. La diferencia es evidente.

Pero además se ofrecen otro tipo de incentivos fiscales con el objetivo de potenciar la inversión extranjera. Si nos centramos en estos dos países del Este, en el caso de Rumanía, las empresas que se instalan allí por primera vez disfrutan de una reducción adicional en el impuesto de sociedades mientras que en Polonia las compañías se benefician de una rebaja de tributos en las importaciones.