Las empresas deben prepararse para la IA general y la superIA

04 nov 2026

La superinteligencia artificial podría aventajar a la cognición humana

A medida que los agentes de IA y otras tecnologías evolucionan, los líderes necesitan acelerar su aprendizaje mediante la colaboración. Es un consejo de la consultora KPMG, cuyo Global tech report 2026, de carácter anual, ha ampliado su perspectiva para explorar las predicciones futuras ante el frenético ritmo de la innovación tecnológica.

El 88% de los 2.500 ejecutivos encuestados, provenientes de 27 países, ya está invirtiendo en la integración de la IA agéntica en sus sistemas, y el 92% considera que su gestión se convertirá en una habilidad importante en los próximos cinco años. No obstante, las empresas también deben prepararse para una multitud de nuevas tecnologías y herramientas como la inteligencia artificial general (IAG), la superinteligencia artificial (SIA) y la computación cuántica. Para ello, las compañías requerirán de una previsión estratégica y de una fuerza laboral capacitada y adaptable.

Según KPMG, los sistemas de IA actuales son potentes y destacan en algunas tareas, pero son limitados. En cambio, la IAG y la SIA podrían marcar el comienzo de una era en la que la inteligencia digital supere el rendimiento cognitivo de los humanos.

Por una parte, se espera que la inteligencia artificial general domine cualquier tarea intelectual y que, además de responder peticiones, comprenda su contexto, planifique, razone y aprenda con autonomía, sin necesidad de recibir un entrenamiento específico para cada labor. Asimismo, la superinteligencia artificial podría superar ese umbral y aventajar a la cognición humana en ámbitos como el razonamiento científico, el juicio moral o la percepción emocional. En paralelo, la computación cuántica surge como el motor tecnológico necesario para estos avances, aprovechando la mecánica cuántica para resolver problemas que van más allá de la capacidad de los ordenadores clásicos más potentes.

Los expertos de KPMG aseguran que, pese a que el calendario todavía es incierto, la trayectoria de estas tecnologías es incuestionable. Los sistemas se están volviendo más autónomos, transferibles y capaces de mejorarse a sí mismos, lo que obliga a los líderes a actuar con responsabilidad. Estas tendencias requieren una visión estratégica, marcos éticos y un replanteamiento de cómo la inteligencia artificial se integra en la sociedad, la economía y el propósito humano.