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La solución automática, paso a paso

01/06/2008

Todo tiene un principio. Hasta la mayor y más compleja obra de ingeniería del mundo empieza desde cero, de una idea que surge, de un proyecto que se elabora minuciosamente y del trabajo de un equipo humano que le dota de vida de un modo casi mágico. Los almacenes automáticos, colosos de la ingeniería, también requieren de un largo proceso de creación que puede durar varios meses o incluso más de un año.

Todo comienza con la llegada de los avisos comerciales en la sede de Mecalux, para la posible instalación de un almacén automático. Estos avisos se reciben por varios canales. Quizá los más habituales sean los que se producen a través de la red comercial tradicional de la compañía, un extenso tejido que trabaja para ofrecer las mejores soluciones a los usuarios.

Un ejemplo. Un cliente, que ya posee un almacén convencional, ve como poco a poco su empresa va creciendo y evolucionando. Llega un momento en el que el volumen de negocio justifica el que se plantee el montaje de un almacén automático para mejorar su producción. El usuario ha podido llegar a esta conclusión por sí mismo o bien porque un comercial le ha sugerido la necesidad de incorporar nuevos sistemas para optimizar el rendimiento de su empresa.

El departamento comercial establece una relación muy estrecha con estos clientes que disponen de almacenes convencionales desde hace años. Miguel Ángel Saavedra, responsable comercial de robótica de Mecalux en Madrid, comenta que “los comerciales asesoran a los usuarios sobre las ventajas que entraña modernizar sus instalaciones con la implantación de un almacén automático. Ellos son el primer enlace entre el cliente y el departamento de robótica”.

Acudir a robótica

En otras ocasiones, cada vez más usuales, los clientes son quienes acuden directamente al departamento de robótica de Mecalux en busca de asesoramiento. Esta necesidad surge después de analizar los costes del terreno, los de la instalación y los del personal. Un tercer tipo de aviso se origina a través de otras vías, como por ejemplo el teléfono, el correo electrónico de la página web o a partir de anuncios en prensa.

 

Una vez que se genera este aviso por cualquiera de los canales mencionados, se traslada al departamento de robótica, que pone al personal técnico a disposición del usuario. Inmediatamente se efectúa una visita a las instalaciones del interesado para conocer los requisitos reales y el potencial que poseen. Desde este instante se analiza la viabilidad del proyecto a partir de unos datos que el cliente facilita tales como: planos de las instalaciones actuales o de la parcela (si se trata de una obra nueva), maestro de artículos de la compañía, líneas de preparación, personal actual dedicado a las labores de almacén, volumen de entradas y salidas, turnos de trabajo, etc.

También se tienen en cuenta otros factores que pueden influir en el desarrollo de la obra, como pueden ser todos los concernientes a normativas tanto municipales como laborales, de cálculo y seguridad.

De esta forma se llega a plantear una solución automática que abre diversas posibilidades. Con estos datos, que son muy preliminares, el departamento técnico, en colaboración muy estrecha con el departamento comercial (no hay que olvidar que los comerciales también son técnicos y conocen muy bien esta rutina), elabora un estudio en el que se detalla el número de máquinas y las características de las mismas.

Los almacenes automáticos ofrecen infinidad de soluciones, por este motivo es fundamental dotar a las instalaciones de la tecnología que más se adapte a los requerimientos de cada compañía: máquinas de paletas o de cajas, con giro en curva o puente de trasbordo, de doble profundidad o triple, con carro satélite o incluso un híbrido entre un sistema automático y un convencional, entre otras muchas posibilidades.

 

Precio final

Todas estas operaciones conducen a determinar el coste final del proyecto,que puede variar en función de las propuestas, aunque este no es un condicionante definitivo ya que existen otras circunstancias que influyen en la toma de decisiones como por ejemplo el valor del terreno, relacionado con los coeficientes de edificabilidad del mismo, el coste de operativa,etc.

Llegados a este punto es donde empiezan a verse claramente las ventajas de crear almacenes a gran altura, donde lo importante es el ahorro en terreno y construcción, en detrimento de la volumetría, que hoy por hoy no tributa. El importe que se podría ahorrar el cliente gracias a los beneficios que conlleva la instalación de un almacén automático es considerable.

El coste de la solución está directamente vinculado con el retorno de la inversión o payback. Una vez que se calculan estos números de explotación se puede determinar si un diseño de estas características es conveniente. De no ser así, hay otros condicionantes que podrían llevar a tomar la decisión de adquirir un almacén automático.Para comenzar, se hace un planteamiento inicial con una serie de layouts (planos con el despliegue de los elementos que componen la instalación) que se analizan y comentan con el cliente y a los que se aplica una serie de modificaciones de mejora.

Habitualmente no se suelen valorar definitivamente hasta que no se tiene un layout consensuado por todos los departamentos que forman parte de la generación de la oferta. Este último diseño es el que se le presenta al cliente. Concretado este layout, se procede a evaluar una serie de factores, como por ejemplo, determinar ciertos servicios imprescindibles en el proyecto:sistemas contra incendios, cerramientos, obra civil, etc.

 

Firma del contrato

Al tener en sus manos la oferta completa, el cliente decide si quiere contratar única y exclusivamente el montaje de la estantería y de la parte de robótica o si, por el contrario, precisa un llave en mano, es decir, la instalación completa que incluiría también la obra civil; un servicio que Mecalux ofrece desde hace tiempo.

Esta opción supone que la empresa se encarga de tramitar y gestionar todos los trámites precisos para la realización del almacén. Todo el proceso que se ha seguido hasta desembocar en este punto se realiza en un mínimo de 30 días.Asimismo es en este momento cuando se redacta un contrato que deben analizar minuciosamente los departamentos jurídicos de ambas partes hasta que se defina el que será el contrato final.

Este es el compromiso formal que Mecalux establece con los usuarios interesados en contratar sus instalaciones, en él se recogerán todas las puntualizaciones que requiera el cliente como: formas de pago, condiciones relativas a los plazos de entrega, suministros y cantidades de materiales, etc. El siguiente paso es vital, ya que el cliente toma la decisión final de comenzar con el proyecto, por tanto, resulta esencial dejar claros todos los detalles. Una vez firmado el contrato,se convoca una reunión de lanzamiento a la que asisten los responsables de cada uno de los departamentos de ingeniería: de estructuras, mecánica, eléctrica, control y software y gestión. A lo largo de la vida del proyecto se harán más reuniones de seguimiento para evaluar el estado de cada etapa del proceso.

 

Trabajo en equipo

En el instante en el que se lanza el proyecto cada una de las ingenierías comienza a trabajar en él por separado pero paralelamente. Hay un doble objetivo. Primero, cumplir con las características técnicas necesarias en la instalación y, segundo, conseguir hacerlo y tenerlo todo funcionando en los plazos establecidos en el contrato.

Aunque todavía no esté entregada la obra civil, las ingenierías empiezan a desarrollar su trabajo, que incluye un completo desglose de materiales. Este es enviado a las distintas fábricas de Mecalux en donde existe un planning con unas fechas marcadas en función de cuándo haya que arrancar cada fase del plan”, relata Saavedra.

Una vez que la obra civil está constituida, los equipos que participarán en la instalación se preparan para entrar en acción. Las primeras personas que actúan son los responsables de estructura metálica. Después de que ellos hagan su labor se van solapando las distintas colaboraciones e intervenciones de los diferentes departamentos:ingeniería mecánica,ingeniería eléctrica, puesta en marcha, y por último, el sistema de gestión del almacén que realizan los informáticos.

El montaje y puesta en funcionamiento de un almacén automático, sin contar la obra civil, oscila entre los seis y los 12 meses, en función de las dimensiones y complejidad de la obra, y requiere de un equipo humano formado por más de 50 técnicos especializados. Las principales tareas que tendrán que llevar a cabo son el montaje de las estructuras, de los elementos mecánicos, el izado de los transelevadores o la instalación eléctrica y control, entre otros.

El levantamiento de estructuras es la parte que implica más tiempo de trabajo.La ubicación de las estanterías es lo primero que se efectúa, después se pasa al sistema robotizado. Sin duda, en esta parte lo más complicado es el izado del transelevador. Son máquinas muy grandes, que en algunos casos pueden alcanzar los 40 m de altura, y capaces de mover cargas de varias toneladas. Se trata de labores muy precisas que exigen mucha coordinación y seguridad.

El cometido del departamento comercial continúa siendo vital en todo momento, ya que a lo largo del proceso se convierte en el principal enlace entre los clientes y los demás actores que participan en el proyecto.“De un modo u otro, siempre es necesaria nuestra intervención, por lo que nuestro conocimiento sobre el estado de cada una de las fases está actualizado al máximo”, asegura Miguel Ángel Saavedra.

 

El papel técnico

Tras el trabajo correspondiente a los técnicos mecánicos, hacen su aparición los técnicos eléctricos, encargados de dotar a la instalación de energía.Con posterioridad, se procederá a una minuciosa comprobación del funcionamiento de cada uno de los componentes eléctricos del almacén y se ejecutarán ajustes muy precisos. Igualmente, aún quedan por delante varias semanas en las que deberán implementarse todos los elementos de control y efectuar la puesta en marcha y las integraciones informáticas.

Una vez que el proyecto ha concluido y se han cumplido los plazos establecidos,se acomete una recepción provisional de la instalación en la que el director de operaciones de la obra junto con el cliente crearán un acta que comprometerá a la recepción provisional de dicho almacén. Al mes siguiente, aproximadamente,se producirá una recepción definitiva en la que ya se daría por finalizada la construcción del almacén automático.

Ahí entra en juego el servicio de posventa de la empresa, que genera un contrato de mantenimiento, haciéndose cargo de la instalación durante los dos años de garantía. Transcurrido este tiempo, el cliente continúa con el servicio a través de Mecalux para seguir garantizando el buen funcionamiento de su planta automática. Mediante ese contrato se vinculan ambas partes año tras año, de forma renovable, hasta que llega a término la vida útil de las instalaciones,que puede superar sin problemas los 30 años.

 

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OFERTAS POR CONSULTORÍA

Ciertos clientes son conscientes de que tienen que acometer obras de mejora en sus almacenes, pero que no saben qué hacer exactamente ni qué solución puede ser la más adecuada. Ahí es donde entra en acción la red comercial de Mecalux, que les brinda su asesoramiento. Posteriormente se genera una oferta de consultoría en la que se efectúa un análisis logístico muy minucioso, tanto in situ, en las instalaciones del cliente, como en la oficina técnica. “Además, si el usuario lo desea, también se puede optar por una oferta de ingeniería civil o llave en mano”, comenta Miguel Ángel Saavedra, responsable comercial de robótica de Mecalux en Madrid.

 

Diversas soluciones

Al final lo que se entrega es un completo trabajo de análisis del que se desprenderán varias soluciones, con una inversión y un coste de operativa. La empresa interesada elegirá una y entonces se trabajará a fondo sobre ella, una tarea muy laboriosa que puede ocupar a varias personas durante meses. Al final, la labor de la consultoría siempre revierte en un ahorro para el cliente.

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IMPLANTAR EL SOFTWARE

El proceso de instalación de un almacén automático se completa con las tareas que realizan los miembros del departamento informático, responsables de instalar el software que permitirá que todos los elementos implantados hasta el momento funcionen de forma precisa y sin errores. En definitiva,son los encargados de dar vida al gigante automático.Las plantas automáticas cuentan con diversos elementos de software que deben estar perfectamente sincronizados entre sí para que el funcionamiento de las instalaciones resulte el adecuado.