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La seguridad portuaria norteamericana en el punto de mira

27/03/2014

El programa C-TPAT fue lanzado en abril pasado como un arma más en la lucha contra el terrorismo en Estados Unidos. Propone una cooperación entre el servicio de aduanas norteamericano y cualquier agente privado que quiera introducir mercancías en ese país.

Por motivos económicos y falta de tiempo sólo se inspecciona el 2% de los 16 millones de contenedores que llegan anualmente a los puertos estadounidenses, de tal forma que se procura asegurar que los productos importados hayan sido vigilados intensivamente antes de su entrada.

Los terroristas han demostrado cómo pueden provocar un acto siniestro desde el núcleo de nuestra sociedad influyendo en el libre comercio. Desafortunadamente, esto pone en jaque a la actividad del almacenaje"”, advierte Al Gina, director de la junta de seguridad de las Aduanas de Estados Unidos (US Customs) en Washington.

Y continúa, "“informaciones recientes indican que nuestro enemigo no tiene la sofisticación necesaria para crear un método ofensivo propio, por lo que depende de nuestros actuales procedimientos logísticos para llevar a cabo un golpe al sistema. Se esconderá para después mezclarse casualmente en el mundo de los negocios; allí esperará hasta tener la oportunidad de atacar"”.

Christopher Koch, presidente del Consejo Mundial de Navieros (World Shipping Council), coincide con él. Para Koch, el desafío reside en desplegar un efectivo sistema de seguridad marítima que defienda los sistemas de comercio y transporte al tiempo que preserve la eficiencia de la que goza la economía norteamericana. “

"El Gobierno ha apuntado que si los terroristas atacaran el sistema, éste probablemente cortaría el flujo comercial, lo que permitiría a nuestros enemigos estrangular los negocios mundiales. Por ello, la Administración debería desarrollar una estrategia que asegurase el comercio, aunque ocurriera un incidente. El no implantarla, tentaría aún más a los extremistas a atacar la industria del transporte porque sus consecuencias serían muy dañinas”", observa Koch.
 

Confiar en los socios y sospechar del resto

A fin de combatir los posibles peligros, en abril pasado, las Aduanas de Estados Unidos pusieron en marcha el programa Customs Trade Partnership Against Terrorism (Asociación entre la Aduana y el Comercio contra el Terrorismo, en español, o C-TPAT), la primera iniciativa para incrementar la seguridad en la cadena de abastecimiento mundial.

Se invitó a los mayores importadores de mercancías a unirse voluntariamente y se obtuvo como resultado la participación de 230 empresas, entre ellas Daimler Chrysler, Ford Motor Company, General Motors Corporation y Motorola Inc. Desde agosto de 2002, agentes de aduana, expedidores, fabricantes y transportistas pueden ser parte de este plan, que tiene una estructura similar al llevado a cabo en la década de los noventa en la lucha contra el tráfico de drogas.

El propósito del C-TPAT es aumentar la seguridad desde la fabricación del producto hasta la distribución final, pasando por el transporte y la importación. Para esto, los participantes deben asegurar la veracidad de la información de las mercancías a priori, por ejemplo, la que figura en los formularios de ingreso al país de productos extranjeros (detallada descripción de la carga, de los transportistas, de los contenedores, etc.).

Además, deben entregar a la aduana documentos que demuestren que la cadena de abastecimiento se maneja de forma responsable y con caución, siguiendo los requerimientos mínimos establecidos por EE UU. De cumplirse todas estas condiciones, se declara a la empresa una “socia segura” y se le permite la introducción de sus mercancías de manera expeditiva y sin muchos controles en los puertos.

En lo que respecta a los fabricantes, por citar otro caso, se les solicita que otorguen datos detallados de cómo manejan el almacén (debe tener perímetros vallados y cerrados bajo llave, iluminación adecuada y un área especial para productos peligrosos), además de que describan los procedimientos de entrada a la empresa y su seguridad, el entrenamiento que brindan a sus empleados y los métodos de selección.

La contratación de personal temporal es entendida por los expertos como una opción muy peligrosa y, por ejemplo, se exige que los trabajadores de limpieza acudan a los depósitos en horario normal y no durante la noche.

Tom Devlin, un agente especializado en temas de seguridad del FBI, se lanza por el camino de la sospecha generalizada: “"Como regla general, los terroristas actuarán donde encuentren menos resistencia. Si hallan un potente sistema de vigilancia en una compañía, esto neutralizará su habilidad para atacar”".

E insiste, "si algo o alguien no te parece “normal”, sigue tus instintos, repórtalo a tu superior, a las autoridades locales o al FBI. Es mejor involucrarse en el caso incorrecto que permanecer en silencio y que tu negocio sea escenario del peor de los desastres".

Por otra parte, los agentes de aduana deben ser extremadamente cuidadosos con la información y documentación que proveen al gobierno de EE. UU. Cuando hay menos o más productos de los que figuran en el albarán de importación y datos ilegibles, erróneos, o con riesgo de haber sido adulterados u omitidos son interpretados como una falta grave que conlleva severas sanciones.

Asimismo, se solicita a todas las empresas trabajar con proveedores que también sigan las pautas del plan. Para las compañías que elijan no participar en este programa “voluntario” se prevén grandes retrasos a lo largo del proceso de importación y transporte.
 

Lo que hay que prevenir

De acuerdo con US Customs, se tienen que prestar especial atención a las ventas a ciegas, a las transacciones en efectivo que previamente hayan sido pagadas a crédito, a las ordenes de envío urgente, a un embalaje excesivo, a la falta de remitente y al uso de apartados de correos. De igual forma se deben considerar las incoherencias en los inventarios. ç

Si previamente al 11-S este tipo de errores delataba problemas informáticos comunes en el mundo de los negocios, hoy en día, estos fallos pueden ser signo de robo de una mercadería para la futura elaboración de artefactos explosivos, especialmente en las industrias químicas, alimenticias, técnicas o farmacéuticas.

La dependencia de los modernos almacenes de las tecnologías de la información para comunicarse con los clientes y controlar inventarios y el sistema de transporte evidencia otro “talón de Aquiles”. Por eso se debe estar muy alerta frente a posibles ataques informáticos.

“"Los precintos electrónicos, las comunicaciones satelitales y los sistemas como el GPS para la localización de contenedores pueden ser muy útiles”", señala en contrapartida el experto norteamericano en seguridad Jeffrey Beatty.

Algunas cifras que hablan por sí solas

Si los motivos arriba mencionados daban razones suficientes para la aplicación de un plan como el Customs Trade Partnership Against Terrorism, las cifras y porcentajes que se detallan a continuación terminan de confirmar el papel relevante que cumple en la lucha contra el terrorismo:
 

  • El 95% de la carga que entra o sale del país se introduce mediante transporte transoceánico. El actual crecimiento hace prever a los especialistas que la carga en contenedores se cuadriplicará en los próximos veinte años.
  • Las aduanas norteamericanas sólo inspeccionan un 2% de los 16 millones de contenedores que llegan cada año. Respecto al 98% restante, la información de las mercancías depende únicamente de los formularios de importación.
  • Se estima que si se incrementara el control de contenedores en un 5% en el puerto de Nueva York, 4.500 unidades se quedarían allí atascadas mensualmente, habría que contratar a 400 inspectores y a la industria le costaría unos 1,2 millones de dólares al mes.
  • Nueve de cada diez compañías dedicadas a la logística carece de sistemas seguros para proteger la información guardada en sus ordenadores. Otras medidas como las compuertas o los guardias de seguridad tampoco funcionan de manera ideal.



El C-TPAT es necesario, pero no perfecto

Más allá de la necesidad real de un programa de protección en puertos y prevención de la introducción de mercancías peligrosas, muchos ven en el C-TPAT un obstáculo en la búsqueda de rentabilidad en las empresas. "“Este plan erosionará la flexibilidad y la eficiencia de los puertos de Hong Kong, que son nuestras ventajas competitivas"”, se queja Sunny Ho Lap-kee, director ejecutivo del Consejo de Navieros de Hong Kong.

A lo que Roy Delbyck, abogado y asesor de exportadores asiáticos, añade: "“Dicen que la decisión de unirse al programa es voluntaria, pero es una oferta que no podemos rechazar, ya que los productos quedarían estancados en los puertos de EE UU. No creo que las autoridades norteamericanas se den cuenta de la verdadera dimensión de este proyecto"”.

Por otra parte, fuentes de la Asociación Internacional de Vendedores en Grandes Superficies critican la falta de criterio en la aplicación de reglas generalizadas. No es lo mismo, indican, productos provenientes de Asia que de Europa. Cualquier esfuerzo que considere que todos los contenedores acarrean el mismo riesgo no es válido. También argumentan que “"las inspecciones en puertos extranjeros serán llevadas a cabo por personal contratado. ¿Quién nos asegura la calidad e integridad de estos empleados?”".

La información que es requerida en los albaranes de importación es otro punto conflictivo. "“Es como si el gobierno de EE UU esperara que los terroristas indicaran en los documentos que en el contenedor han introducido armas de destrucción masiva"”, ironizan desde la asociación.

De hecho, de acuerdo con lo que la misma organización internacional explica, las Aduanas estadounidenses tienen hoy en día suficiente información acerca de la carga que se introduce en el país, ya que los importadores hacen unas declaraciones que les acarrean unos 20 billones de dólares en impuestos de importación al año.

El problema, según dicen, no es la falta de información sino su procesamiento. “"Lo que ocurre es que no es transmitida al Gobierno tan rápidamente como a éste le gustaría"”, concluyen desde la Asociación Internacional de Vendedores en Grandes Superficies.

Fuente: Johana Kunin