El precio de una mala traducción

27 mar 2014

Circula por Internet una leyenda que dice que la segunda bomba atómica lanzada sobre Nagasaki fue el resultado de un error de traducción, que cuando EE.UU. exigió la rendición total e incondicional de Japón después de la primera bomba en Hiroshima, el Emperador dijo que sí se rendirían, pero la traducción le llegó al presidente americano Truman con respuesta negativa.

Independientemente de la veracidad de esta historia, sí es cierto que un error de traducción de la agencia EFE en unas declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, provocaron una importante confusión.

El texto de la agencia, en el que se produjo la tergiversación de las palabras pronunciadas por Rumsfeld, decía: "El secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, reveló hoy en Singapur que varios países, además de Estados Unidos, figuran entre los principales objetivos del terrorismo internacional para este verano".

Y la frase textual que se atribuyó a Rumsfeld fue: "El nivel de la amenaza sugiere un alto interés por parte de los terroristas en atacar Estados Unidos y muchos países más. España, Indonesia y otras cinco, diez o 15 naciones". Una diferencia notable.

Cuando algo así sucede, inmediatamente nos preguntamos ¿quién hay detrás de esa traducción y cómo es posible que una equivocación de tal magnitud se haya producido? Luego, seguimos con nuestra vida cotidiana porque, al fin y al cabo, la responsabilidad de las relaciones diplomáticas no es nuestra.

Ahora bien, ¿se ha preguntado alguna vez quién hay detrás de las traducciones que encarga para su empresa? ¿Se ha planteado cuál está siendo el efecto de la traducción de su web al inglés en el número de visitas?

 

Calidad y precio

Traducir no es una tarea trivial. Se requiere una formación específica y suficiente experiencia como para enfrentarse con profesionalidad a un documento que el cliente entregue manuscrito, en una fotocopia, en un CD-Rom, en formato html, en PDF o en una cinta de vídeo... Y sobre temas tan diversos como el marketing, la informática, la medicina, la economía, las relaciones públicas...

La cuestión es que cuando usted realiza el encargo de una traducción, le preocupan en esencia tres cosas: que no sea cara, que tenga la máxima calidad y que se la entreguen rápidamente. Conseguir las tres cosas a la vez es prácticamente imposible pero lo olvidamos cuando el tiempo apremia, es decir, casi siempre.

Así, por falta de tiempo para buscar y contratar un servicio profesional, o quizá porque piense que de todos modos para traducir este correo electrónico tampoco hace falta saber mucho alemán, acaba por arriesgarse a que la bomba atómica caiga directamente en su oficina.

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Consejos útiles

• Intente, en la medida de lo posible, planificar las necesidades de traducción de su empresa.

• Negocie con una agencia de traducción, o con un traductor autónomo de demostrada experiencia, un contrato corporativo que le permita hacer encargos de traducción a la medida de su compañía.

• Pregunte a su traductor profesional o a su agencia de confianza si utiliza alguna herramienta informática de ayuda a la traducción y para qué tipo de textos.

• Asegúrese de que en el presupuesto de traducción se incluya la revisión y edición del texto, así como la comprobación de que el software funciona como debe (si se trata de la traducción de un programa informático) o de que el diseño original de su web se respete en la versión traducida.