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México, un canal hacia los mercados del Pacífico

10/02/2003

En las últimas décadas, la economía mundial, como parte de un proceso dinámico de globalización, muestra grandes transformaciones estructurales en su funcionamiento, que se traducen en la desagregación internacional de la producción, en una intensificación de las relaciones comerciales, en grandes cambios en la composición de los productos, o en el crecimiento de los flujos de inversiones y de formas de asociación empresarial, entre otras cuestiones. A esta situación y tendencias no escapan Asia ni América Latina ni, por supuesto, México.

La ampliación de la internacionalización de los negocios, bajo la égida de las grandes empresas transnacionales, ha permitido la segmentación del proceso productivo. Esto ha reforzado la interrelación entre los mercados de los diferentes países, bajo la coordinación de dichas empresas, e introducido notables cambios en la especialización mundial.

Mientras tanto, se ha incrementado la participación de los países industrializados y de los asiáticos (en especial, los considerados en vías de desarrollo) en las transacciones comerciales, a la vez que los países latinoamericanos (con un peso relativo muy inferior) han pasado por distintas fases, destacando en los últimos años un incremento de la participación en las exportaciones e importaciones mundiales, con un aumento de la heterogeneidad regional.

Por su parte, el comercio intrarregional (dentro de una misma región geográfica que no de liberalización preferencial) sobresale por su alcance, calculándose que corresponde a la mitad del comercio mundial de bienes. La mayor concentración del mismo se produce en Europa, seguida por Asia y por los firmantes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mientras que el comercio interior latinoamericano es muy inferior.

A su vez, la convergencia empresarial en la organización y en los métodos de producción entre los países se relaciona directamente con la evolución creciente del comercio intraindustrial e intrafirma. Asimismo, los cambios en la composición sectorial del comercio (que tiene correspondencia con los cambios en la composición regional) se manifiestan en el aumento constante de la notable participación de los productos manufacturados, mientras que la de productos agropecuarios y alimentos industrializados disminuyó, aunque cubren un segmento significativo.

Cabe destacar, igualmente, la importancia creciente del comercio de los servicios (tanto los dirigidos al productor como al consumidor) y del comercio electrónico, como resultado de los avances tecnológicos en la comunicación y la información. Del mismo modo es muy destacable la preeminencia de las actividades financieras y su expansión mundial, conduciendo el conjunto de las actividades económicas globalizadas, incluidas, obviamente, las comerciales, puesto que la relación entre el comercio y la inversión extranjera es centro de la globalización económica.

Un rasgo esencial de estos cambios, facilitados por las nuevas tecnologías, es la participación creciente (en el espacio económico y en el volumen de las transacciones) del comercio mundial de las empresas transnacionales. Se estima que alrededor de dos tercios de dicho comercio corresponde a transacciones entre empresas localizadas en diferentes países pero asociadas entre sí.

En el caso de Estados Unidos se calcula que la suma de los diversos tipos de comercio que generan esas empresas establecidas en el país alcanza el 70%. A su vez, una parte significativa de ese comercio es intrafirma, esto es, que se realiza entre empresas bajo el mismo control accionario. En todo caso, con ello se logran abaratar los costos de producción y transacción empresariales e integrar los procesos productivos a escala global.

Lo habitual es que la empresa matriz proporcione el capital, la tecnología y los insumos, mientras que las filiales o las subcontratistas localizadas en países con un relativo menor desarrollo se especialicen en segmentos productivos con un uso más intensivo de la mano de obra. Asimismo, en la realidad concreta estos mecanismos adquieren otras modalidades más complejas de integración, como redes integradas con empresas independientes.

Ello permite acceder tanto a la gran empresa como a la economía del país exportador a otros ámbitos de los mercados internacionales. También destacan las actividades de las grandes firmas comercializadoras que, en multitud de ocasiones, como grandes compradores, controlan considerables cuotas de mercado e inciden directamente en los precios internacionales de los productos.
 

América Latina y México

Aunque hay similitudes en los problemas que padecen, la heterogeneidad del comercio exterior de las diversas economías de los países latinoamericanos obliga a diferenciar los tipos de estrategias de inserción internacional de estos países, correspondiendo precisamente a México uno de esos grupos. Entre otras cualidades está el haber adoptado una estrategia de integración por medio de la producción compartida o de maquila, muy especialmente con empresas de Estados Unidos o que dirigen sus exportaciones hacia ese país.

Según datos de la CEPAL (Comisión Económica para America Latina y el Caribe), se considera a México el exportador más dinámico de América Latina, equivaliendo el valor de sus exportaciones al total exportado por los demás países de su área; a gran distancia de Brasil, el segundo exportador latinoamericano. El desempeño de sus exportaciones fue significativo, aumentando el volumen y el valor unitario, particularmente por el fuerte peso de la participación de las manufacturas.

Otro factor positivo fue el alza del precio del petróleo, porque sus ventas petroleras no están asociadas a nuevas importaciones, y por la reducción de los precios de importación de las manufacturas provenientes de Asia y Europa. El comercio exterior mexicano está fuertemente concentrado en Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere a las exportaciones (alrededor del 90% del total).

Por su parte, las exportaciones hacia Latinoamérica se han reducido, como resultado de la retracción económica de esos países, mientras se expanden levemente hacia países de Europa y Asia. Estos, a su vez, participan respectivamente, en alrededor del 9% en el total de las importaciones mexicanas, frente al 75% de Estados Unidos.

El considerable superávit que tiene México con este último país compensa el aumento de los déficits con otros destinos de su comercio. Aunque en el total de sus exportaciones de bienes y servicios esté por debajo de la media latinoamericana, en el caso del comercio de servicios es el mayor exportador de la región en términos absolutos, a pesar del déficit en su balanza. Por su parte, Brasil es el segundo exportador de servicios comerciales y el mayor importador de la región.

Durante la década de 1990, para el conjunto de América Latina y el Caribe, se hicieron evidentes una serie de tendencias que condicionaron la actual situación del comercio exterior regional. Así se constata que dicho comercio exterior creció continuamente a tasas más elevadas que el PIB, tasas que sólo superaron China y las economías más dinámicas de Asia.

En cualquier caso, el incremento del producto durante la década fue muy bajo y las importaciones aumentaron más que las exportaciones. Entre las economías que tuvieron un más fuerte incremento del comercio está México, con una tasa media de expansión de los volúmenes exportados e importados de 12%, convirtiéndola en la primera economía exportadora de la región.

En cuanto a la composición de las exportaciones de bienes, en América Latina se experimentó un importante cambio expresado en el considerable aumento de la participación de los productos industrializados (del 57% a inicios de la década al 75% a finales). Desagregando estos bienes, se constata que los tradicionales (alimentos, bebidas y tabaco, textiles y metales) tuvieron un ligero incremento, los industrializados con elevadas economías de escala y uso intensivo de recursos naturales disminuyeron en una proporción mayor, mientras que los bienes intensivos en tecnología aumentaron considerablemente.

México responde a esta tendencia, pero sobresaliendo en la mayor disminución y, por lo tanto, menor peso relativo de los bienes primarios y en la mayor proporción de los bienes difusores de progreso técnico, con respecto a la media latinoamericana. En cuanto a la diversificación de las ventas externas, medidas por el número de productos exportados y de países de destino, se demuestra un avance, aunque en el caso de México hay una concentración en términos de mercados de destino.

Los mercados de Estados Unidos y los de la región son los más significativos para las manufacturas, con exclusión de los bienes con elevadas economías de escala y uso intensivo de recursos naturales que se destinan preferentemente a Europa y Asia.

Otra de las tendencias que se consolidó en la década, como resultado de las distintas políticas llevadas a cabo en la región (liberalización comercial, favorecer la inversión extranjera, privatizaciones, integración regional, etc.) fue la creciente presencia de las empresas transnacionales en la participación total de las exportaciones que, en el caso de México, pasó de representar casi el 17 % en 1995 a superar el 33% en 1999.

La orientación estratégica de estas empresas instaladas en México suele concentrarse en las industrias automotriz y electrónica y dirigirse al mercado de Estados Unidos, a diferencia de otros casos latinoamericanos cuyas ventas se dirigen preferentemente al mercado local y regional. Si bien la mayoría de estas empresas son de origen estadounidense, las hay también originarias de Japón y Corea (entre otras, Nissan Motors, Sony Corporation, Matsushita, Sanyo, Nippon Electric y LG Electronics y Daewoo).

Desde hace varios años algunas de las actividades dirigidas a la exportación (sobre todo en las industrias textil y del vestuario) han aprovechado las facilidades de producción compartida otorgadas por Estados Unidos mediante instrumentos que se establecieron con anterioridad al TLCAN.

Según cálculos estimados con datos oficiales de México, entre 1996 y 1999 casi el 50% de las exportaciones e importaciones del país correspondían a las maquiladoras, entendiéndose por tales aquellas empresas que ensamblan, procesan o reparan materiales temporalmente importados para su posterior envío a su país de origen.

Con el establecimiento del TLCAN y el avance en el calendario de la desgravación arancelaria correspondiente, el régimen preferencial bajo el que operaba la maquila de exportación quedó obsoleto, reorientándose las ventas en otras direcciones.
 

México y los mercados del Pacífico Asiático
 

En la actual economía mundial globalizada algunos de los países de América Latina y el Pacífico asiático son considerados entre los centros de crecimiento más dinámicos. Estos mercados emergentes atraen la atención del capital internacional y cada vez más se plantea la posibilidad de un nuevo enfoque en las relaciones entre ambas partes, sobre todo a la luz de los recientes acuerdos de integración.

En el caso latinoamericano sobresalen las circunstancias de un país como México que: forma parte de un TLCAN que agrupa a casi 400 millones de habitantes (entre los cuales una buena parte con alta capacidad de demanda), está en negociaciones para la creación de una Asociación de Libre Comercio de las Américas –ALCA– (encabezada por Estados Unidos y que abarcaría a todo el continente), ha firmado un TLC con la Unión Europea y, asimismo, es miembro de la APEC (Asia Pacific Economic Cooperation, que basada en el regionalismo abierto agrupa a economías de más de 20 países asiáticos y americanos de la cuenca del Pacífico).

Todo ello unido convierte a este país en un caso altamente singular y con enormes potencialidades en las relaciones económicas internacionales. Conviene precisar que cuando se habla de estos países asiáticos la denominación y el universo de los mismos varía. Según los casos, se los define como Pacífico asiático o como Pacífico Occidental o como Asia del Este, incluyendo a países del Pacífico Sur y del noreste, sureste y este de Asia.

En cualquier caso, se tiende a considerar que son Brunei Darussalam, Camboya, Corea del Sur, Filipinas, Hong Kong (hoy formando parte de China), Indonesia, Japón, Laos, Malasia, Myanmar, Papúa Nueva Guinea, China, Singapur, Tailandia, Taiwan (Taipei Chino) y Vietnam, además de Australia y Nueva Zelanda. Por otra parte, la denominación de economías emergentes excluye, obviamente, a Japón. De cualquier manera, hasta ahora el nivel de intercambio comercial entre América Latina y estos países de Asia ha sido generalmente bajo.

Por ejemplo, ninguno de ellos opera comercialmente en más de un 3% con América Latina, lo que ha llevado a más de un analista a considerar que desde una pura lógica de mercado es difícil entender esta situación. No obstante, si se considera desde la perspectiva de los ciclos económicos se constata que estos han sido contrapuestos en muchos casos, como en los años ochenta, cuando los países asiáticos vivían momentos de auge y América Latina (con México incluido) estaba en una profunda recesión económica.

En cambio, en los años noventa, los ciclos expansivos han coincidido en ambas regiones, quedando expresado en unas relaciones con tendencia ascendente entre 1990 y 1997, hasta la crisis asiática y posteriormente la de Rusia y Brasil. No deben olvidarse, en este contexto, que las reformas estructurales se han aplicado, sobre todo las que afectan al régimen de comercio exterior.

En el conjunto de países latinoamericanos se ha practicado una reducción arancelaria que, a mediados de los noventa, tenía un arancel medio en el rango de entre el 10% y el 15%, firmándose más de 30 acuerdos de libre comercio bilaterales, además del establecimiento de los nuevos bloques comerciales preferenciales regionales (Mercosur y TLCAN).

Un estudio (Meller y Contreras, BID-INTAL, 2000: 50 y 63) sobre la similitud y el grado de competencia existente entre las canastas exportadoras de los países latinoamericanos y un grupo de países asiáticos exportadores exitosos permite constatar lo siguiente: exceptuando a Hong Kong y Singapur no hay, en general, una diferencia tan marcada entre los niveles de exportación per cápita de los países de ambas regiones. La diferencia notoria se aprecia en la mayor importancia relativa de las exportaciones (participación en el PIB) en los países asiáticos (excluyendo a Hong Kong y Singapur) respecto a los latinoamericanos.

Por su parte, la importancia relativa de las exportaciones de cada país asiático dirigidas a Estados Unidos, Japón y la Unión Europea en la canasta exportadora total es, en general, muy superior a la observada en cada país latinoamericano, con la notable excepción de las exportaciones de México dirigidas a Estados Unidos, acentuadas en los últimos años; y mencionar que las exportaciones intrarregionales son muy superiores en Asia con respecto a las latinoamericanas.

Por otra parte, al compararse entre sí las canastas exportadoras de Asia y de América Latina se observa que presentan un bajo grado de similitud y competencia a nivel interregional, pero la única canasta exportadora latinoamericana que exhibe significativas correlaciones de rango y altos índices de competencia con exportaciones asiáticas (China y Corea) es la mexicana con destino a Estados Unidos.

Las potencialidades para una más estrecha cooperación entre México y las economías del Pacífico asiático se presentan hoy con unas posibilidades insospechadas hace unos años. El nuevo contexto institucional es inédito.

Los acuerdos ya existentes o por desarrollar a corto plazo en el ámbito del libre comercio abren esas perspectivas, no sólo en un marco multilateral (Pacific Economic Cooperation Council, APEC o el más reciente Foro América Latina - Asia del Este) sino también bilateral, como la posible firma de un TLC con Singapur o con un país como Japón, sin olvidar las relaciones con China (que en México tiene inversiones en varios proyectos), que es la más importante economía emergente del mundo.

En definitiva, en la actual fase de globalización los procesos económicos tienden a intercambios de bienes, servicios, conocimientos, información y tecnología, sobre todo de carácter intraindustrial e intrafirma, con la gran corporación transnacional como la principal protagonista, que diseña, organiza, ejecuta y controla las operaciones, con una tendencia a la concentración. Sin embargo, hay quienes afirman que es una “integración liderada por el mercado”, como si en éste no se expresaran relaciones de poder, donde intervienen distintos actores con diferentes intereses.

En este contexto es relevante el papel y las políticas públicas del Estado, que expresen una estrategia colectiva que desde el territorio coordine y promueva la pluralidad como representante de los intereses generales de la sociedad en el exterior (entre otros, los intereses privados empresariales) y con toda la legítima fuerza para negociar y defender lo que la legalidad y el derecho le conceden.

Es desde estos escenarios que puede proyectarse una agenda con un enfoque multilateral, de modo que a mayor diversidad de relaciones pueda ampliarse la capacidad de defensa de esos intereses, trascendiendo incluso el ámbito del primigenio bloque económico del que forma parte y de otros agrupamientos mega regionales.

A partir de ello, se deberá disponer de cuáles son los instrumentos más adecuados para alcanzar los objetivos propuestos. Por ejemplo, decidir, tras realizar estudios, si convienen asociaciones empresariales en joint ventures con los países asiáticos (en qué ramas, bajo qué acuerdos institucionales, etc.). México, por la situación descrita y por su historia, es un muy buen referente para América Latina.

Fuente: José Déniz – Universidad Complutense de Madrid