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El mejor aval

27/03/2014

Las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) representan un papel básico en el proceso de financiación de las pymes. Sirven de avalistas ante las entidades financieras para que las pequeñas y medianas empresas puedan obtener recursos con los que financiar sus inversiones. La condición es que su proyecto empresarial sea viable y rentable.

España es un país de pymes. Prácticamente la totalidad del tejido empresarial está formado por pequeñas y medianas empresas. Esta realidad deja entrever un serio inconveniente: la dificultad de éstas para acceder a financiación, especialmente durante la fase inicial del proyecto empresarial.

Esta circunstancia genera un círculo vicioso: cuanto más necesaria es la financiación para acometer las inversiones proyectadas, más dificultoso es su acceso porque el pequeño y mediano empresario no puede ofrecer garantías para responder a los créditos; mucho menos, en la fase incipiente de su negocio.

Para convertir ese círculo vicioso en virtuoso, a principios de los años ochenta se implantaron en España las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR),siguiendo un modelo que mantenía una larga tradición en muchos países europeos. El aval del éxito en las naciones de nuestro entorno impulsó de forma notable la creación de un sistema de garantías español que en estos momentos tiene un papel determinante en el desarrollo de la estructura empresarial española.

 

¿Qué son?

Las Sociedades de Garantía Recíproca son entidades financieras sin ánimo de lucro que se desarrollan en un ámbito territorial –o sectorial– específico: básicamente, las comunidades autónomas. Su objetivo principal es procurar el acceso a créditos a las pequeñas y medianas empresas o mejorar sus condiciones de financiación en el caso de que ya disfruten de financiación.

Su papel es prestar avales a la empresa frente a los bancos y cajas de ahorro, de tal forma que, en caso de créditos fallidos –es decir, si el empresario no puede devolver el dinero recibido– la SGR responde ante la entidad financiera. Esta fórmula beneficia a todos. Por una parte, a las pequeñas empresas, porque gracias a ese aval tienen acceso a una financiación que, de lo contrario, les resultaría muy difícil.

A los bancos, porque prestan dinero sin riesgo, ya que está avalado por la SGR.Y al territorio de actuación de la Sociedad de Garantía, puesto que se beneficia de la actividad económica y creación de empleo que generan las pymes.

 

¿Cómo funcionan?

A menudo, la principal preocupación de los bancos y cajas de ahorro a la hora de conceder financiación a una pyme es si podrá devolver el dinero prestado. El estudio de viabilidad de la empresa se limita casi exclusivamente a un análisis de riesgo crediticio. Las SGR, por el contrario, centran su análisis, fundamentalmente, en la viabilidad del proyecto empresarial.

El empresario deberá aportar un plan de negocio en el que la Sociedad se basará para medir el riesgo del aval. Si decide asumirlo y, por tanto, avalar, el paso siguiente es que la pyme se convierta en socio-partícipe de la Sociedad de Garantía Recíproca.

Para ello, debe adquirir una cuota social determinada, –una participación– de la SGR, que tendrá que ser proporcional a los avales solicitados (mínimo, una acción). La mecánica es parecida a la de los fondos de inversión. La relación entre el capital suscrito y el máximo aval que puede solicitarse varía en función de cada SGR. El importe de su suscripción será reembolsado a la finalización del plazo del crédito obtenido. Siempre que la pyme así lo quiera porque también puede permanecer como socio-partícipe de la SGR y conseguir, de esta manera, mejores condiciones de financiación.

 

Amplias ventajas

Para las pequeñas y medianas empresas, las principales ventajas que se pueden citar son:

• Posibilita el acceso a financiación que, de otra manera, no podrían obtener por falta de garantías.

• Permite a los bancos y cajas de ahorro minimizar los riesgos que asumen.A cambio de este menor riesgo, ofrecen mejores condiciones de financiación: tipos más bajos y plazos más largos.

• Las SGR disponen de equipos de expertos que asesoran a las empresas sobre sus proyectos de inversión y las mejores alternativas financieras para acometerlos.

• Gracias al aval de las SGR, el empresario que acuda en busca de financiación no tendrá que poner como garantía los bienes muebles o inmuebles de su propiedad.

• Las SGR también canalizan y tramitan ayudas y subvenciones destinadas a los pequeños y medianos empresarios.

Para las entidades financieras:

• Disponen de una garantía, totalmente líquida, ante el posible impago de la operación avalada.

• Los riesgos avalados a través de las SGR ponderan al 20% en el coeficiente de solvencia que exige el Banco de España. Por tanto,este tipo de operaciones no deteriora los márgenes de la entidad.

• Tampoco tienen obligación de hacer dotaciones por los riesgos que generan las operaciones respaldadas por las SGR.

• A través de las SGR, los bancos pueden atender a un importante nicho de mercado que, de otra forma, desatenderían por el riesgo que conlleva financiar a pymes.

 

Conseguir el aval

Ahora bien,¿quién puede obtener el aval de una SGR? Las pequeñas y medianas empresas que no tienen garantías suficientes para obtener un crédito o un préstamo de las entidades financieras a pesar de que dispongan de un proyecto empresarial rentable y atractivo.

Cualquier empresario que, si bien posee esas garantías, sabe que con el aval de una SGR obtendrá mejores condiciones de financiación, tanto en tipos de interés como en plazos de amortización.

En definitiva, a través de las Sociedades de Garantía Recíproca se puede financiar prácticamente cualquier proyecto empresarial, siempre que, claro está, sea económicamente viable.

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CON TODA LA GARANTÍA

Las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) son eso, sociedades, que están constituidas por dos tipos de socios: los protectores (o impulsores) y los partícipes. Los protectores son los socios institucionales, encargados de impulsar las SGR como instrumento de desarrollo empresarial de las comunidades autónomas donde actúan.

Básicamente, esa presencia institucional se canaliza a través de los institutos de fomento empresarial, las cámaras de comercio y las diferentes patronales regionales y/o sectoriales. Los partícipes son las propias pequeñas y medianas empresas que han acudido a las SGR en busca de las garantías necesarias para conseguir financiación. A cambio del aval, toman una participación de la sociedad, cuyo importe pueden recuperar o no a la finalización del plazo del crédito.

 

Más operaciones

Las SGR se integran en la Confederación Española de Sociedades de Garantía Recíproca (CESGAR). Según sus datos, al cierre de 2006 había 85.744 pymes asociadas a las SGR, que juntas sumaban más de medio millón de puestos de trabajo. El riesgo vivo (operaciones avaladas en vigor) ascendía a 4.826 millones de euros, lo que supone un 22,5% más con respecto a 2005 y el doble que durante 2002.

El 80% de las pymes que recurren hoy por hoy a una Sociedad de Garantía Recíproca son empresas con menos de 50 trabajadores y en un 90% de los casos demandan una financiación a largo plazo, más de tres años. Pero son cada vez más las pymes que acuden a las SGR buscando su intermediación para conseguir mejorar las condiciones financieras que tienen fijadas con su banco o caja de ahorros.