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La letra pequeña de la nueva Europa del Este

01/12/2004

Riesgo. Esta es la palabra que más se escucha a los expertos cuando hablan de los nuevos países de Europa del Este. Las oportunidades existen, pero también los peligros. Empresas como Acciona o Ferrovial han tenido experiencias muy difíciles en esta región y los daños aún se reflejan en sus cuentas de resultados. Además, los flujos de inversión directa no están siendo todo lo elevados que se esperaba y algunos analistas creen que puede suceder algo similar a lo que ha ocurrido en Latinoamérica. ¿Será verdad?

El 1 de mayo de este año fue un día de alegría en Dublín, lugar donde se escenificó la nueva Europa. Desde Chipre hasta Madrid pasando por Roma, Praga o Varsovia la felicidad parecía desbordarse. La entrada de los diez nuevos socios suponía dar el carpetazo final a la histórica separación entre Este y Oeste. Pero justamente en ese momento fue cuando algunos analistas empezaron a atar cabos y a recordar que lo más difícil estaba aún por llegar. Esta nueva Europa de 25 estados y 455 millones de habitantes tenía en la economía su gran talón de Aquiles. Con la entrada de los nuevos miembros, únicamente se conseguía aumentar un 5% el Producto Interior Bruto (9,2 billones de euros) europeo. Este porcentaje es el que algunos esgrimen para advertir de que el camino es bastante más complicado de lo que se transmite desde algunas instancias políticas.

En los últimos meses muchos expertos han anunciado las grandes posibilidades que se abren en los países del este, aunque como si se tratara de un anuncio bancario se han olvidado de leer la letra pequeña. Por ahora, estas naciones deben ser capaces de atraer la inversión en un momento en el que los flujos de capitales caen año tras año. Según el observatorio de la revista The Economist, la inversión directa extranjera en el mundo se quedó en 575.000 millones de dólares en 2003, frente a 655.000 millones en 2002, lo que supone la tercera caída anual consecutiva.

Dicho de otro modo: cada vez se invierte menos en todos los sitios y desde luego la antigua Europa del Este no es uno de los destinos prioritarios. Veamos como se comportan los tozudos números. Por bloques económicos los Quince acapararon el año pasado 271.000 millones de dólares de flujos directos, por delante de los países en desarrollo de Asia-Pacífico (110.000 millones, de los cuales 50.000 corresponden al espectacular crecimiento del coloso chino), América del Norte (87.000), América Latina y el Caribe (50.000), Europa del Este (26.000) y África y Oriente Próximo (11.900).

De este listado se extrae la conclusión de que los antiguos países comunistas ocupan la penúltima posición en el capítulo de las preferencias. Desde luego, de lo que no cabe ninguna duda, como explica Antonio Garrigues Walker, presidente del bufete Garrigues Abogados y Asesores Tributarios, "“es que los grandes inversores, como los Estados Unidos, se han fijado en los países del Pacífico como primer destino para su dinero por encima de Europa o América Latina"”.

Las inversiones se van al Pacífico

Con este panorama, los países que se acaban de incorporar a la Unión tienen un futuro complejo puesto que el mercado ya ha ido invirtiendo en los últimos años ante la perspectiva de su ingreso. Los fondos, pues, se van gastando y los ojos del capital se fijan en la zona del Pacífico. Ante esta situación, ¿qué futuro aguarda a las economías de estas naciones?

Esta pregunta tiene respuestas de todo tipo y colores. Por una parte, algunas expertos, como Javier Pujol Artigas, consejero delegado de la firma de accesorios para el automóvil Ficosa Internacional, ya han señalado que “"en los países del este se puede dar una situación similar a la que hemos vivido en América Latina". Las crisis económicas de algunas naciones latinoamericanas en los últimos años, léase Argentina, o la inestabilidad financiera y social de otras como Venezuela o Brasil, desaniman la llegada de dinero. Al menos esta es la situación que dibuja un informe elaborado por la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad). Aun así, Brasil sigue teniendo a su favor un mercado –a pesar de las enormes desigualdades sociales–, de 100 millones de habitantes, con un potencial económico de 642.000 millones de dólares.

Es ahí cuando entra en el tablero de esta singular partida la palabra riesgo. El presidente del Grupo Santander, Emilio Botín, consideraba en unas recientes declaraciones echas a la agencia EFE que los países emergentes (y esto se aplica a la Europa del Este) ofrecen para los bancos "“que saben operar y gestionar el riesgo”" posibilidades interesantes. Sin duda es la llave que abre la caja de los beneficios o las pérdidas. Como explica Emilio Ontiveros, consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales, "“hay que distinguir entre los países que pertenecen a la nueva ampliación de la Unión Europea y aquellos que están fuera. Estos últimos cuentan con un nivel más alto de riesgo porque la legislación que regula los mercados de capitales todavía es muy débil. Dicho de otra forma: el riesgo-divisa es más alto. Mientras que los que están dentro de la Unión tienen mayor solidez”".

La llave del riesgo

Conforme a los índices que elabora el grupo francés Coface, especializado en el seguro de crédito, el nivel de riesgo de los países emergentes ha mejorado menos del 2% de abril a junio, después de que esta firma recalificara al alza a Irán y Tailandia y pusiera en vigilancia positiva a Sudáfrica, India y Polonia.

El estudio de esta compañía destaca que la dinámica de crecimiento de los países emergentes de Asia "“debería continuar”" y ha confirmado la solvencia de las empresas en la mayor parte de la región, lo que ha llevado a una recalificación –sus clasificaciones siguen el orden del alfabeto– al alza de Tailandia (de A3 a A2) y Pakistán (de D a C), así como a poner bajo vigilancia positiva a India (A4) y Filipinas (A4). Por su parte, en los nuevos estados miembros de la Unión se está dando una mejora en la solvencia, que ha llevado a situar en vigilancia positiva al mayor de los todos ellos: Polonia (A4), debido a la esperanza de que el PIB supere el 5% en 2004. Sin embargo, Coface señala el peligro que supone "“la situación política del nuevo primer ministro Marek Belka”. “Aun así, esta mejora”", continúa el informe de esta compañía, "“tiene lugar después de muchos años durante los cuales los impagados han permanecido altos y vulnerables a la situación económica"”.

La dura experiencia de Ferrovial y Acciona

Sin duda, Polonia es el país de la nueva Europa que mejor ejemplifica la situación real que atraviesa el mercado y la economía en estas naciones. Las compañías constructoras Ferrovial y Acciona fueron en su día las pioneras en trasladarse a esta región. Allí crearon dos filiales: Dudimes y Mostotal Warszawa, respectivamente, que han tenido y están teniendo una vida cuanto menos complicada.

Las expectativas en un principio era halagüeñas. Polonia es una nación de 40 millones de habitantes, una cifra similar a la española. Además, está situada en una estratégica posición geográfica y tiene un importante déficit de infraestructuras que, en la mayoría de las ocasiones, están obsoletas. El negocio se prometía floreciente. Sobre todo si tenemos en cuenta que en 2007 finalizará el Plan de Infraestructuras dotado con 100.000 millones de euros que en su día puso en marcha el Ministerio de Fomento, con lo que el mercado nacional dejará de ser esa mina de oro para las constructoras que ha sido hasta la fecha.

Por si fuera necesario algún aliciente más, este país, a raíz de su incorporación, recibirá cuantiosas remesas de dinero procedentes de las arcas de los Fondos Estructurales destinadas al desarrollo de infraestructuras. Unas ayudas con las que, por cierto, en España hemos construido una parte muy destacable de nuestras infraestructuras.

Pues bien, Acciona compró en junio de 1999 el 24% de Mostotal Warszawa, una constructora creada tras la Segunda Guerra Mundial que se consideraba una pequeña joya en su sector. Una año más tarde ya tenía el 49% de la compañía. En toda esta operación había desembolsado unos 25 millones de euros. Por si fuera poco, la constructora invirtió 132 millones en bonos de Elektrim, un grupo polaco de telecomunicaciones y electricidad que también participa en Mostotal.

Las cosas salieron mal. Elektrim suspendió pagos en 2002. Y de pronto la compañía española se dió de bruces con la realidad del mercado: la competencia de empresas extranjeras era (y es) tan intensa que únicamente se competía en precio. Tanto es así que, según la legislación polaca, a la hora de adjudicar una obra es el principal criterio. La oferta más baja se lleva la licitación. No se atiende a otros razonamientos. Así de sencillo.

‘A estos mercados aún les faltan algunos años’, asegura un experto

Sin embargo, la situación puede ir mejorando si empieza a llegar trabajo. De , el pasado mes de febrero se adjudicó la construcción de una autovía por 22,5 millones de euros a través de sus filiales Necso y Mostotal Warszawa. El encargo supone el fortalecimiento de un tramo de 22,8 kilómetros en la autopista que une Gdansk, Varsovia y Chyzne en la que Necso ya ha trabajado en otros trechos.

Además de autovías, ambas compañías trabajan en la modernización de un tramo de la red polaca de ferrocarril y en la mejora de infraestructuras de transporte. Por último, Acciona también desarrollará la promoción de viviendas en la ciudad de Wroclaw. Está claro que el camino de la rentabilidad pasa por llenar lo más posible la cartera de pedidos.

Ferrovial no ha tenido mejor suerte. En abril de 2000 compró por 150 millones de euros el 59% de Budimex, la principal empresa del sector. Los tiempos fueron duros. En 2001 y 2002 el mercado cayo un 16% anual; para este ejercicio se espera que esta mala situación dé un vuelco y para eso hacen falta como agua de mayo la llegada de las ayudas europeas. Como explica con dureza y sinceridad un experto del sector: “"A Ferrovial y a Acciona les va bastante mal con las compañías que han comprado en Polonia. De hecho, Ferrovial ha tenido que vender este año la sede social de la empresa para conseguir beneficios. A estos mercados aún les faltan algunos años.

Tiempo. Esto es lo que parece que reclaman la mayoría de las compañías. El argumento es que los primeros años siempre son los difíciles, pero lo cierto es que la situación no ha cambiado mucho en los últimos meses. A pesar de estos contratiempos, otras compañías españolas también están probando suerte: las inmobiliarias Fadesa y Neinver han decidido abrir delegaciones comerciales en Varsovia pero dirigidas al turismo en el caso de la primera y a actividades en el sector terciario en la segunda. La construcción puede esperar.

 


Muchas dudas en los ladrillos del Este
 

No toda Europa del Este es orégano… al menos para las inversiones inmobiliarias. En los últimos tiempos han sido muchas las empresas que han puesto su mirada en estos países, en principio con un razonamiento simple, pero lógico: las naciones que se acaban de incorporar a la Unión Europea disfrutarán de un crecimiento similar al que ha vivido España a lo largo de los últimos diez años, sobre todo gracias a la llegada de ayudas económicas procedentes de los fondos estructurales europeos. Sin embargo, la realidad se empeña muchas veces en ser tozuda.

La oportunidad de negocio existe, pero el riesgo también es muy alto. En el caso de la inversión inmobiliaria, el dinero choca contra un problema nada desdeñable: la complejidad de sus normativas y la inseguridad jurídica. No hay que olvidar que hasta hace bien poco, en países como la actual Chequia o Hungría, estaba prohibido que los extranjeros compraran casas. Esta herencia procedente del antiguo telón de acero ha dado lugar a que la mayoría de los inmuebles, por ejemplo, acaben de salir de la titularidad pública.

Y es que, a pesar del tiempo que ha transcurrido desde la caída del Muro de Berlín, la incertidumbre sobre la propiedad es un impedimento grave para que se desarrolle un mercado inmobiliario que precisa por lógica de un ordenamiento legal estable. Tanto es así, que muchas veces es un verdadero galimatías conocer algo tan simple como el tamaño real de una finca o averiguar qué normas urbanísticas (si las hay) rigen en una zona concreta. En todo este ambiente kafkiano resulta complicada la aventura empresarial.

Riesgo elevado

Para algunos expertos –como las consultoras Richard Ellis o el grupo inversor Litxeco– estos mercados alcanzarán su madurez dentro de cinco o diez años. ¿Esto es mucho o poco tiempo? La verdad es que no es una variable tan decisiva, el principal inconveniente es que hace falta un riesgo alto para obtener un retorno elevado. De momento, el argumento en sectores como el de oficinas es que la revalorización en estas naciones está en torno al 9% (concretamente en ciudades como Varsovia y Praga es del 8 y el 9%, respectivamente) algo por encima del 6% que se obtiene en Madrid o el 5,75% de Barcelona. Pero también es cierto que el mercado madrileño está desde hace dos años en una situación de estancamiento motivado por un exceso de oferta y que los expertos recomiendan diversificar para reducir la posibilidad de encontrarse con problemas.

A pesar del riesgo, algunos fondos alemanes y estadounidenses han optado por tomar posiciones. "“Conscientes"”, explican en la agencia de valores Renta 4, "“de que el peligro existe”". Su opinión tiene aún más validez, ya que la propia agencia comercializa un fondo de inversión –Renta 4 Europa del Este– que invierte en estos países. Concretamente este producto, explica su responsable, el economista Gonzalo Aguirre, "“tiene una volatilidad muy alta: 20%. Esto quiere decir que la inversión tiene un riesgo bastante elevado"”.

Este análisis también se puede trasladar a la inversión directa, para Aguirre todo los mercados emergentes, y Europa del Este no es una excepción, presentan peligros para el ahorro, a cambio se pueden conseguir unas ganancias impensables en otros sectores. Tanto es así, que su fondo de inversión en el Este ganó el año 2003 un 21,71%. Pero no hay que olvidar ese latiguillo tan famoso que dice: ganancias pasadas no garantizan beneficios futuros.

Pero hay más datos. Según la consultora Jones Lang Lasalle, esta zona de Europa atraerá entre el 3% y el 5% de las inversiones inmobiliarias totales de Europa. Un porcentaje, hasta la fecha, bastante reducido.


 


Ganadores y perdedores
 

Hay una vieja creencia china que dice que una mariposa que bata sus alas en el Pacífico puede provocar un maremoto al otro lado del mundo. Tal vez sea cierta y se pueda aplicar al mundo económico. Está claro que hay sectores y negocios que como consecuencia de la ampliación de la Unión Europea van a tener los días contados, algo que producirá un contagio al resto de la actividad económica.

Este efecto mariposa lo vamos a encontrar en muchos ámbitos. Según la última edición de su informe sobre la Europa Emergente, la consultora internacional Cushman & Wakefierd Healy & Baker fija una serie de industrias y áreas que serán los claros perdedores de este proceso y que por lo tanto resultan un campo minado para los inversores foráneos. Para los consultores el peligro radica en "“los sectores que todavía necesitan una reestructuración masiva para converger con los estándares que exige la Unión Europea así como las compañías que van a encontrar dificultades para adaptar su normativa a las exigencias medioambientales de la Unión"”.

Más concretamente Healy & Baker señala con claridad a los caídos en esta peculiar partida: "“La industria pesada, los pequeños productores agrícolas, las plantas nucleares anticuadas y el sector de la minería”". A nadie se le escapa que todas estas actividades han sido clave durante muchos años en las economías de los países del este y que esta desindustrialización en ámbitos intensivos en mano de obra se va a traducir en un aumento del desempleo y por extensión de la conflictividad social. El panorama no parece muy tranquilizador.