Al navegar por este sitio web acepta el uso de cookies propias y de terceros para una mejor experiencia y servicio. Para más información, visite nuestra Política de Cookies. Aceptar

Entrevista a Don Reynolds, economista estadounidense

27/03/2014

Don Reynolds es un economista estadounidense, consultor y “futurista”, que trabajó como presidente de la Junta de Pensiones y del Comité de Inversión durante el Gobierno de George W. Bush —actual presidente de Estados Unidos— cuando éste era gobernador del estado norteamericano de Texas.

En aquel entonces, fue el encargado de emplear más de 120 billones de dólares con el fin de obtener el mayor rédito financiero. Este gurú, que hoy recorre el mundo como conferenciante, sostiene que el euro seguirá subiendo frente al dólar, que se incrementará el precio del petróleo y que la integración de tres billones de nuevos participantes en la economía capitalista —pertenecientes a ex estados comunistas— y la inmigración sólo pueden ser beneficiosas.

¿Cómo definiría el trabajo de un “futurista”?
El futurista es un historiador del futuro, de lo que aún no ha ocurrido. Su tarea es identificar tendencias a largo plazo gracias a su perspectiva histórica y hacer proyecciones y pronósticos.

¿Qué herramientas utiliza?
Me baso en la demografía, la economía y los desarrollos tecnológicos para determinar qué impacto tendrán en el futuro de un país o de una industria específica.

¿Cómo describiría la economía mundial actual?
Se encuentra en la transición de una etapa industrial a otra tecnológica y, como consecuencia, algunos sectores de negocio salen ganando y otros perdiendo. En una economía industrial las materias primas son la energía, el acero, los productos químicos y el papel. En el nuevo mundo de la tecnología, el chip de silicio es el material básico y está hecho a base de arena. Es más fácil y barato construir una planta de energía solar que una hidroeléctrica. Las materias primas del nuevo milenio son la arena, el aire y la luz.

¿Cuál es su pronóstico para la economía mundial a corto plazo?
Está pasando por una etapa de fortaleza que no sólo está fundamentada en la bonanza de la economía estadounidense, sino también en el gran crecimiento de China. Sin embargo, a largo plazo, hay varios aspectos que me preocupan. De 1966 a 1982 la economía y la Bolsa se estancaron por diferentes motivos como la alta inflación o la incertidumbre por el precio del petróleo.

De 1982 a 2000 tuvimos un periodo de expansión sin precedentes con un gran rendimiento de las inversiones en Bolsa. Y ahora, en los últimos dieciocho meses, después de ese ciclo de maduro crecimiento, me temo que estamos en una corta etapa de prosperidad que antecederá a otra de estabilización como la que atravesamos de 1966 a 1982.

Aún no estoy preparado para realizar una predicción formal acerca de esto pero cada vez me inquieta más lo que pueda llegar a suceder a comienzos del año 2005. Es como si La tormenta perfecta —en referencia a la película estadounidense— fuera precedida por la fiesta perfecta, que sería la que estamos viviendo actualmente, con reducidos tipos de interés, inflación extremadamente baja, políticas fiscales liberales y un aumento en el déficit presupuestario, tanto en EE UU como en varios países de la Unión Europea.

Todos estos elementos posibilitan un aumento de estímulos económicos a corto plazo. No obstante, a largo término, hay hechos como el valor del euro frente al dólar que alarman a los especialistas. Creo que el cambio llegará hasta el 1,38 ó 1,45 dólares por euro y los industriales europeos se verán afectados negativamente por esta fortaleza de su moneda a la hora de exportar.

Por otra parte, los tipos de interés terminarán subiendo bastante, especialmente en EE UU después de las elecciones presidenciales. Y tampoco hay que olvidar el incremento del endeudamiento de las familias. En mi país, el promedio de gasto del salario familiar en 1998 era del 90%, cuando hoy se invierte un 108%. Además, es preocupante el precio de la vivienda, aunque tenderá a frenar su crecimiento, a estabilizarse o, incluso, a disminuir.

Con respecto al precio del petróleo, subirá hasta alcanzar los 40 dólares el barril, en parte, debido a la gran demanda energética de China. El país fabrica unos 13.000 automóviles diarios en Beijing sin tener una producción petrolífera propia. Un efecto similar sucederá con el gas natural.

¿Cuál es su proyección demográfica en relación con la economía para los años venideros?
El hecho más importante que estamos presenciando hoy en día es el resultado de lo que ha pasado con la introducción del capitalismo y de las economías de libre mercado en el ámbito mundial después del fin del comunismo. Lo podemos ver, por ejemplo, en China o en la India, que ya están inmersas en el comercio global. Ahora hay tres billones de nuevos participantes en el sistema capitalista y eso desarrollará un estímulo a largo plazo para el crecimiento económico.

Asimismo, está la cuestión del envejecimiento de la sociedad. En la actualidad, la gente se jubila relativamente joven, lo que provoca un impacto negativo en los presupuestos estatales. En el futuro habrá un aumento del déficit presupuestario o un intento, por parte de los gobiernos, de ejecutar cambios en el sistema de pensiones que serán muy controvertidos.

Otro de los temas que más preocupa, en Europa especialmente, es el de la inmigración. Con la llegada de los nuevos miembros a la UE se teme que los habitantes de los países más pobres se muden a los Estados más ricos. Soy un gran “creyente” de la emigración a cualquier país, incluso la de aquella a EE UU. Como economista considero que el movimiento de la población es una tendencia favorable porque se traduce en crecimiento del número de habitantes y éste por sí mismo estimula la economía.

La gente que emigra es, por lo general, la que apuesta por cosas nuevas y la que corre riesgos, es muy trabajadora y su inteligencia está por encima de la media de su país. A su vez, estas personas inyectan energía joven y fuerte al Estado en el que se establecen. Son cualidades que cualquiera quiere para su economía.

Según sus palabras, las guerras del siglo XXI estarán ocasionadas por la lucha por el agua y no por el petróleo. ¿Qué le ha llevado a afirmar esto?
Es lógica la premisa que sostiene que, en una economía capitalista con mayor Producto Interior Bruto por habitante, el ser humano querrá pasar de un plato de arroz al día a incluir en su dieta pollo y después fruta. Cuando sus posibilidades también se lo permitan querrá consumir, cubrir sus necesidades sanitarias, acceder al sistema educativo, etc.

Con la llegada de tres billones de consumidores al sistema capitalista, inicialmente, se disparará la agricultura y con ésta el consumo de agua. Habrá una lucha entre su utilización para las urbes y para el campo. En EE UU ya se paga más por un litro de agua que por uno de gasolina.

Es un hecho el que el 87% del agua es empleada en la agricultura y más de 80 países en el mundo están experimentando carencias de este bien; por este motivo creo que en el siglo XXI el agua será la causante de pugnas, en vez del petróleo.

También está especializado en administración y planificación pública. ¿Qué tendencia aprecia para este sector?
En mi opinión, en el marco de la UE se tenderá a eliminar procesos y regulaciones burocráticas con el fin de simplificar muchas cuestiones. Me preocupa, como a muchos otros colegas, la concentración de poder que se está generando en Bruselas así como la entrada de nuevos miembros a la hora de llevar a cabo estos cambios.

¿Qué augura a nivel socioeconómico de cara al futuro?
Por una parte, se acentuará el nivel de democratización en las sociedades; el capitalismo estará presente en todo el planeta y se enfatizarán procesos como los de descentralización, privatización, desregulación y libre comercio.

Por otra, los consumidores pasarán a ser grandes ahorradores; crecerá la fuerza del pequeño comercio así como la de las transacciones electrónicas; los ejecutivos prestarán mayor atención a los nichos de mercado frente a lo que les puedan ofrecer los consumidores masivos; habrá una polarización de clases sociales, incrementándose la distancia entre ricos y pobres; se valorará más la creatividad y los activos de conocimiento; y no habrá un trabajo para toda la vida sino múltiples profesiones para una misma persona.

Para concluir, ¿qué consejo le daría a un ejecutivo europeo para afrontar los nuevos tiempos?
Le diría que tuviera en cuenta los aspectos que han llevado a EE UU a ser la potencia dominante internacional: el liderazgo en I+D, la valoración de los emprendedores que corren riesgos en sus negocios, además de un menor énfasis en la clase social y uno mayor en el mérito personal.