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España-Marruecos: en busca del acuerdo estable

27/03/2014

Marruecos y España firmaron en 1991 un Tratado de Amistad y Cooperación, a raíz del cual se iniciaron las llamadas Reuniones de Alto Nivel (RAN). Estos encuentros anuales pretenden estrechar la relación entre ambos países. Pero en la práctica, esos contactos pasan por uno de los momentos más delicados desde mediados de la década de los ochenta. Los puntos de desacuerdo continúan siendo básicamente los mismos que entonces: inmigración ilegal, agricultura y pesca.

El fracaso, en abril de 2001, de las negociaciones para renovar el acuerdo pesquero que permitía a los barcos españoles faenar en los caladeros marroquíes marcó el inicio de una escalada de tensiones entre Madrid y Rabat. La negativa de Marruecos a prorrogar el pacto en los términos propuestos por la Unión Europea molestó sobremanera al Ejecutivo español y comprometió las relaciones económicas entre ambos países. El dato más concluyente se produjo en el primer semestre de 2001, cuando las inversiones españolas en el reino alauí cayeron un 97% con respecto al mismo periodo de 2000.

Aunque el ritmo inversor terminó recuperándose al final del ejercicio, la decisión del Gobierno marroquí de retirar el pasado 28 de octubre a su embajador en Madrid avivó en el último trimestre de 2001 la polémica sobre la falta de entendimiento político. La llamada a consultas del embajador supuso una ruptura de facto de las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos.

España es el quinto inversor en Marruecos, por detrás de Francia, Estados Unidos, Holanda y Portugal, y su segundo proveedor (recibe cerca del 50% de las exportaciones españolas, en su mayoría bienes industriales, dirigidas a todo el norte de África). El reino alauí, por su parte, es el undécimo cliente de nuestro mercado, al que destina más del diez por ciento de sus exportaciones.

Desde 1991, año en que se impulsaron de forma significativa los contactos entre los máximos dirigentes de ambos países, las empresas españolas han comprometido en Marruecos más de 600 millones de euros. Telefónica, que en 1999 se adjudicó la segunda licencia de telefonía móvil licitada por el Gobierno, y Endesa, que participa en el proyecto de construcción de una central de ciclo combinado en Tahadart (a 30 kilómetros de Tánger), figuran al frente de las casi 800 compañías de nuestro país que, según datos del Ejecutivo español, están instaladas en Marruecos.

También grandes bancos, como el BBVA (que recogió el testigo de la representación que ya tuvieron allí el antiguo Banco Exterior de España y, posteriormente, Argentaria) o el SCH, e importantes empresas como Aldeasa y Sol Meliá, están presentes en el país vecino. Pero no sólo las grandes corporaciones se interesan por Marruecos.

A mediados de octubre de 2001, el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) organizó un foro empresarial en la ciudad de Tánger al que acudieron medio centenar de representantes de sociedades españolas (la mayoría pymes) para entrevistarse con 150 empresarios marroquíes. Según el instituto, algunos de los contactos han dado ya sus frutos, sobre todo en iniciativas dentro de los sectores de la energía, el textil y la alimentación.

Otro de los indicadores que da fe de la importancia estratégica que tiene el mercado marroquí para las empresas españolas lo constituye el hecho de que el tercer programa de conversión de deuda de Marruecos en inversiones privadas acordado por ambas Administraciones (entró en vigor en febrero de 2001) se ha cubierto en su totalidad en tan sólo un año.

La iniciativa contemplaba convertir 45,2 millones de euros de deuda externa de Marruecos en inversiones a realizar por empresas españolas en la zona, con una tasa de redención del 56% del valor nominal (se condona el 44% del adeudo) y un beneficio máximo para las empresas inversoras del 6%. Programas parecidos se llevaron a cabo con un éxito similar en los años 1996 y 1997.

Asimismo, el acuerdo de asociación que Rabat alcanzó con la Unión Europea en 2000 ha ayudado a que el país continúe siendo prioritario dentro de las estrategias de internacionalización de las empresas españolas. El convenio establece la desaparición progresiva de los aranceles del país norteafricano, una circunstancia que está animando aún más a los empresarios. El Gobierno marroquí está muy interesado en la futura creación de una zona de libre intercambio entre Marruecos y una UE ampliada a los países del Este. La próxima convocatoria del Comité de Asociación con la Unión Europea está prevista en Rabat, pero todavía no tiene fecha.

Incentivos para las empresas

Rabat continúa ofreciendo unilateralmente importantes incentivos a la entrada de capital extranjero. La Administración exime del pago del impuesto de sociedades durante cinco años a sociedades exportadoras y empresas del sector turístico que decidan instalarse en el país. Las nuevas construcciones tampoco deben pagar el impuesto sobre bienes inmuebles en los primeros cinco años, y los comercios e industrias que sobrepasan ese periodo obtienen ventajas fiscales en sus nuevas inversiones. Un informe presentado meses atrás por el Consorcio de Promoción Comercial de Cataluña (Copca) señalaba que las inversiones españolas en Marruecos se concentran en las siguientes zonas: Casablanca (36%), Tánger (25%), Nador (12%) y Souss y el sur del país (10%).

Entre las firmas de alimentación, destaca la inversión de 4,21 millones de euros que la primera compañía del sector, Ebro Puleva, ha llevado a cabo con la construcción de una fábrica de arroz en la localidad de Larache. La nueva planta, que fue financiada en parte a través del programa de conversión de deuda, tiene capacidad para procesar hasta 60 millones de kilogramos de arroz. Las instalaciones ocupan una superficie de 20.000 m2.

El Gobierno español ha incluido a Marruecos como destino prioritario de la cooperación en 2002 y ha abierto recientemente una oficina en Casablanca para detectar nuevas oportunidades de inversión y apoyar a las empresas españolas.

En el marco del incremento de las relaciones comerciales entre los dos países se circunscribe también la apertura a finales de 2001 de una oficina del Banco Marroquí de Comercio Exterior (BMCE), especializado en la financiación de operaciones de exportación, en la ciudad de Barcelona. Las 400 empresas catalanas que figuran como clientes de la entidad eran atendidas hasta al fecha desde la única oficina que poseía en España, situada en Madrid.

El ministro de Economía y Finanzas de Marruecos, Fathallah Oualalou, visitó el pasado mes de marzo Barcelona, donde firmó convenios con la Agencia Catalana del Agua –con vistas a mejorar el tratamiento del ciclo completo del agua en su país–, con la Cámara de Contratistas y con el Colegio de Ingenieros de Barcelona. El ministro también aprovechó la visita para publicitar entre los empresarios las concesiones que su Gobierno realizará en el futuro en el suministro de agua, gas y electricidad, así como las privatizaciones de algunos sectores .

Plataforma para el Magreb

Las firmas españolas se ven atraídas igualmente por los bajos costes de producción que encuentran en Marruecos y por la excelente plataforma que significa para el acceso a otros mercados del Magreb, una zona con la que tanto Madrid como Bruselas quieren potenciar las relaciones económicas. La Comisión ha mostrado su disposición a crear un banco multilateral europeo para la región que potencie los intercambios y las inversiones en el territorio.

Las empresas marroquíes también sacan provecho de estos acuerdos bilaterales e intentan utilizar España para poner un pie en Europa. Su producción de frutas y hortalizas, por ejemplo, depende en gran medida de las exportaciones a los países comunitarios. Pero en este sector chocan con los intereses españoles, ya que nuestro país también es un gran productor hortofrutícola y defiende su parcela de terreno en la Unión Europea.

No es casualidad que las negociaciones del capítulo agrícola quedaran fuera del acuerdo de asociación Marruecos-UE del año 2000. Desde entonces, y de manera provisional, la Comisión acuerda con Rabat el contingente anual de tomates que puede exportar al continente. No obstante, las conversaciones para alcanzar un pacto estable sobre esta cuestión podrían retomarse aprovechando la Presidencia semestral española, según señaló en su día el Gobierno de Aznar.

Vaivenes políticos

La decisión de las autoridades marroquíes, el pasado día 1 de diciembre, de suspender las importaciones avícolas españolas (alegando que sus técnicos habían detectado la presencia de salmonela y residuos de medicamentos veterinarios en varias partidas) originó otro capítulo polémico entre ambas Administraciones. La medida, tomada de improviso, no es baladí, ya que nuestro país exporta al reino alauí un millón de pollos de un día y otro tanto de huevos para incubar. Los servicios sanitarios del Ministerio de Agricultura español aseguraron no haber detectado ninguna irregularidad en los envíos a Marruecos.

Para quitar hierro a estas cuestiones el Gobierno de España difundió un documento que recopila todos los planes de ayuda y colaboración mutua que están desarrollando los países en su relación de "partenariado global". Ambos firmaron en 1996 un Acuerdo de Cooperación Económica y Financiera, que ponía a disposición de Marruecos créditos por un importe superior a los 900 millones de euros para la compra de bienes y servicios españoles y la realización de proyectos de interés común. El acuerdo incluía dos líneas de crédito de 54 millones de euros con cargo al Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) y pensadas para pymes marroquíes y empresas mixtas.

En septiembre de 2000, el rey Mohamed VI se reunió dos veces con el presidente del Gobierno español. Con motivo de la visita del monarca se firmó otro programa financiero de cooperación por el cual nuestro país ofreció 50 millones de dólares para desarrollar proyectos en la zona norte de Marruecos. Tras el encuentro, Aznar hizo una manifestación "pública y reiterada" de su plena confianza en el presente y el futuro del país africano.

Con todo, y a pesar de la avenencias expuestas, el documento del Gobierno español recordaba, en referencia a la crisis pesquera, que Marruecos rechazó la última oferta de los Quince para la consecución de un acuerdo. El escrito destacaba que, "tras este hecho, España ha seguido manteniendo su cooperación económica, financiera y al desarrollo del Reino de Marruecos, y en ningún momento ha solicitado a la UE la adopción de sanciones contra dicho país". Eso sí, Marruecos dejó de recibir los 200 millones de euros que percibía como contrapartida por permitir la pesca en sus aguas a la flota comunitaria.

Lazos culturales e inmigración

No son pocos los intelectuales, tanto en España como en Marruecos, que lamentan que la relación entre ambos países esté cada vez más circunscrita al terreno económico, sobre todo teniendo en cuenta que los 300.000 ciudadanos marroquíes que residen en España constituyen el primer colectivo de extranjeros en nuestro país. Pero en el apartado cultural también existen en la actualidad numerosas iniciativas que intentan estrechar los lazos. La Comisión Mixta hispano-marroquí de Cooperación Científica y Técnica, por ejemplo, negocia cada tres años un presupuesto conjunto para desarrollar proyectos en ambos países. Para el trienio 2000-2002, se ha destinado a este particular una partida de algo más de 40 millones de euros.

Existe igualmente un Comité Mixto de Cooperación Interuniversitario y de Centros de Investigación constituido en 1996. Este organismo seleccionó 164 proyectos de investigación en el periodo 1999-2000, a los que becó con 1,2 millones de euros. Los beneficiarios fueron 208 investigadores españoles y 220 marroquíes. Por su parte, el Instituto Cervantes está presente en las ciudades de Casablanca, Fez, Rabat, Tánger y Tetuán.

En cuanto a los problemas de la inmigración, uno de los temas (junto con la agricultura y la pesca) que provocan más beligerancia entre los dirigentes de ambos países, España continúa mostrándose firme en su empeño por acabar con la entrada ilegal de ciudadanos procedentes de Marruecos. También en ese aspecto se trata de llegar a acuerdos estables entre las dos Administraciones.

El último firmado por las dos partes data del 25 de julio de 2001, y en él se establecía un convenio de reordenación de los flujos migratorios. Sin embargo, cada cierto tiempo, y casi siempre coincidiendo con las nuevas oleadas de inmigrantes, este asunto se utiliza como arma arrojadiza. Desde nuestro país se alzan a menudo voces que critican a las autoridades marroquíes por no hacer todo lo que está en su mano para controlar las redes que trafican con personas en el paso del Estrecho. Del otro lado, el Gobierno del primer ministro Abderramán Yusufi, espoleado por la prensa local, recrimina a su homólogo español que se desentienda de la problemática de fondo que provoca el drama humano de las pateras.

El Ejecutivo de Aznar alega que los súbditos marroquíes ocupan el primer lugar entre los contingentes de población foránea autorizados en los últimos años para venir a trabajar a nuestro país. Además, Marruecos es el país que más Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) recibe de España en todo el mundo.

En cualquier caso, durante 2000 la policía española desarticuló 317 redes dedicadas a la inmigración ilegal en el Estrecho y detuvo a 1.010 responsables, frente a las 244 redes detectadas en 1999 y la detención de 695 personas. Aquel año se realizaron un total de 22.716 devoluciones, de las cuales 21.454 correspondieron a ciudadanos de Marruecos.

No obstante, para otros muchos marroquíes España es sólo un lugar de paso. El Ejecutivo español calcula que la Operación Paso del Estrecho tiene un coste aproximado de 7,2 millones de euros e implica la movilización de 2.600 personas. España sufraga esta actuación y la organiza en colaboración con las autoridades de Marruecos. Durante su desarrollo, más de dos millones de personas y 500.000 vehículos traspasan nuestro país en su trasiego entre Europa y el continente africano.

Buenas intenciones

Si bien la retahíla de acuerdos socioeconómicos firmados entre Marruecos y España desde mediados de los ochenta no ha impedido los cíclicos episodios de tensiones políticas (la provocada por el permiso de Madrid a Repsol YPF para que busque petróleo en aguas situadas entre el noroeste de las Canarias y la región marroquí de Fartaya, sobre las que Marruecos reclama su soberanía, o la polémica por la inexistente reunión del ex presidente Felipe González con el primer ministro Yusufi en Tánger son, hasta la fecha, los últimos capítulos), ambos países continúan mostrándose favorables a encontrar un clima de entendimiento más sólido.

Así, iniciativas como la celebración de un "Año de Marruecos en España y de España en Marruecos" prevista para el periodo 2002-2003 podría contribuir a conseguir que las relaciones económicas se desarrollaran sin más bandazos que los propios del mercado.X

DANIEL MARTINEZ