Al navegar por este sitio web acepta el uso de cookies propias y de terceros para una mejor experiencia y servicio. Para más información, visite nuestra Política de Cookies. Aceptar

Emilio Ontiveros, Consejero Delegado de Analistas Financieros Internacionales

01/09/2004

"EL DÉFICIT CERO NO RESPONDE A NINGUNA CAUSA LÓGICA"”

Pocas personas, por no decir ninguna, tienen tanta influencia con sus opiniones y análisis en el sistema económico español como Emilio Ontiveros, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid y consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

Esta entidad independiente, con más de 15 años de trabajo a sus espaldas, crea líneas de opinión seguidas con el máximo interés por cualquier partido que llegue al Gobierno (independientemente de su ideología) y por los mercados.

Ortodoxo y heterodoxo, racional e intuitivo, pero siempre lúcido y sincero, Emilio Ontiveros disecciona los grandes males que planean sobre la economía española y mundial, sin rehuir dar soluciones.

La primera pregunta es tan recurrente como obligada en estos días. ¿Hasta qué punto es el precio del petróleo responsable del retraso en la recuperación mundial?

El mantenimiento del precio del petróleo en el entorno de los 40 dólares por barril es la principal amenaza que se cierne sobre la recuperación de la economía mundial, que estaba emitiendo sus mejores señales desde hace cinco años.

Esto va a afectar especialmente a los países que en los últimos años no han reducido su dependencia de los hidrocarburos y no han incrementado la eficiencia en la utilización de la energía. Un petróleo por encima de los 30 dólares supone reducir posibilidades serias de crecimiento.

¿Y quiénes son los responsables de esta situación?

Más que responsables, hay explicaciones. Una de ellas sería el aumento de la demanda mundial de hidrocarburos, que se encuentra en unos niveles que no conocíamos desde hace muchísimo tiempo.

De esto no sólo es responsable Estados Unidos, que está creciendo a un ritmo anual del 4,5%, sino que tenemos a esa segunda locomotora mundial que es China, la cual está consumiendo cerca del 30% de todo el crudo que se produce en el mundo. Además, no debemos olvidar que Japón lleva tres meses consecutivos creciendo de forma significativa.

¿Cómo casa toda esta situación de crisis energética con que el mercado de coches español haya registrado en el mes de mayo pasado su récord de matriculaciones?

En general, en Europa, contrariamente a lo que ocurre en Estados Unidos, el impacto que tiene el precio de los carburantes en la demanda de automóviles no es grande. Resulta curioso pero es así. En segundo lugar, hasta ahora no se ha percibido como una amenaza seria.

Supongo que en la medida en que el precio del crudo empiece a mermar habrá más posibilidades de crecimiento para el sector y se reactivará no sólo la demanda de automóviles, sino también la de otros bienes de consumo duradero.

Sin embargo, hoy por hoy, la clave de la economía española es el nivel de crecimiento del empleo. Mientras no se produzca un impacto serio sobre éste, la demanda de bienes duraderos va a seguir.

Hablando de otras amenazas, ¿la tan traída y llevada deslocalización [fuga hacia países donde los costes laborales son más baratos] de las empresas va a ser algo a lo que habrá que acostumbrase?

Sí. Creo que es algo a lo que debemos acostumbrarnos, para bien y para mal. Para bien porque vamos a ver empresas, incluso compañías españolas, susceptibles de externalizar determinado tipo de actividades, tratando de aprovechar las ventajas que ofrecen, principalmente, los diez países que se acaban de incorporar a la Unión Europea.

Entonces es posible que algunas empresas, y esa sería la lectura positiva, aprovechen esos nuevos mercados. Pero también para mal en la medida en que esa ampliación lo que va a hacer es acelerar el grado de maduración de algunos sectores. Como puede ser el del automóvil.

Josep Borrell ofreció hace poco una receta para evitar la deslocalización que era, básicamente, establecer un salario mínimo profesional idéntico para todos los miembros de la nueva Europa, de tal forma que éste no fuera un factor por el cual las empresas se trasladaran de un país a otro.

Creo que es una medida interesante, aunque discutible. Es un error pensar que ese salario sería la solución a un problema de competitividad. Esa no es la receta adecuada. Puede ser una medida más o menos aceptable, pero el camino es fortalecer la capacidad competitiva de las industrias españolas. [...]

Lo que hace falta es aumentar la renta por habitante y para eso tenemos que hacer que nuestra población sea capaz de realizar cosas distintas y mejores a las de, por ejemplo, los eslovenos. Y esto pasa por apostar con fuerza por la inversión en capital humano y tecnológico.

Volviendo a la economía nacional, parece que ésta se sostiene sobre el auge de la demanda interna y el boom del sector inmobiliario. ¿Son suficientemente sólidos estos dos pilares?

A mi juicio, el patrón de crecimiento de los últimos años en España adolece de un exceso de dependencia de la demanda interna. Dentro de ésta lo que funciona muy bien es la demanda de las familias y, en segundo lugar, la construcción, tanto en obra civil como sobre todo en inversión residencial.

Estos dos pilares no habrían estado tan mal siempre y cuando la inversión en tecnología y bienes de equipo hubiera crecido a un ritmo similar; porque sin esta inversión en equipos, es decir, sin modernización de las empresas y sin el aumento de la dotación de capital humano, nunca pasaremos a esa Primera División donde no nos preocupe que Eslovenia fabrique vehículos baratos.

Si, por el contrario, lo único que hacemos es centrarnos en un mercado inmobiliario que ha tenido sus atractivos, por las razones que sea, y estamos huérfanos de inversión en capital empresarial y capacidad industrial, la vulnerabilidad que podemos exhibir frente a otros países con salarios más bajos, como Polonia, es fuerte. Por eso yo diría que el patrón de crecimiento ha estado huérfano de inversión; pero de inversión tanto privada como pública.

Hemos tenido un exceso de celo en la contención de las finanzas públicas olvidando que endeudarse puede ser inteligente. Si lo que se persigue es aumentar la inversión, no puede ser que la inversión en educación secundaria sea, en relación al tamaño de la economía, superior en algunos de estos países, que se integran ahora a la Unión Europea, que en España.

Mucho se habla del déficit cero y del Pacto de Estabilidad... ¿realmente es tan importante cumplirlos?

Tiene que haber reglas. Sobre todo cuando existe una moneda única. Lo que hace falta es que esas reglas sean inteligentes y se cumplan. Respecto al caso del Pacto de Estabilidad hay ya pruebas suficientes que, en mi opinión, validan dos proposiciones.

Primero, que tiene que existir; y segundo, que su formulación debe ser más inteligente y flexible. No hay que tomar sólo como referencia el déficit público sobre el Producto Interior Bruto (PIB) sino ir también a la demanda pública. Particularizar en función del ciclo económico. Ver si el origen del déficit de un país es el gasto corriente o es el gasto en inversión.

Creo que ahí la discusión en Europa ha sido suficientemente rica y técnicamente autorizada para saber que ese Pacto necesita ser revisado y reformulado. En cuanto al déficit cero, no responde a ninguna causa lógica. Un país con las carencias de inversión pública, tecnológica y en educación como España no puede plantearse, en mi opinión, restricciones como las que puede afrontar Noruega, Suecia, Finlandia o Holanda que, de alguna forma, tienen todas las necesidades cubiertas.

España tendría que asumir como principal restricción el Pacto de Estabilidad. Hacer que su déficit no excediera el 3% del PIB, que la demanda pública se mantuviera en el entorno, como máximo, del 60% de producto interior y que cualquier incremento del gasto público se dirigiera a aumentar la inversión.

Pero si hay que incrementarlo para extender las tecnologías de la información o acelerar el gasto en educación, y eso genera un déficit público del 1,5%, no nos deberían doler prendas. Sobre todo en un entorno en el que los tipos de interés han sido históricamente bajos.

Se dice que en política económica está casi todo inventando. ¿Cree que el actual Gobierno tiene margen para hacer cosas nuevas?

En el nuevo Gobierno se dan dos circunstancias cuya conciliación va a exigir habilidades extraordinarias. Hay un diagnóstico que señala que la economía española tiene un problema de productividad. Esto sólo se soluciona mejorando la relación entre capital y trabajo.Y al mismo tiempo hay una restricción que es que el gasto público no exceda el nivel en el que lo dejó el anterior Gobierno. También hay que cumplir, a la vez, una ley de estabilidad presupuestaria. Va ser difícil.


¿Cuáles serían, a su juicio, los peligros fundamentales para la economía española?

El principal peligro sería la continuidad de esta especie de crisis energética, de revolución en los precios de los carburantes, durante más tiempo. Esa es la gran amenaza. A partir de ahí, la economía española, si eliminamos este peligro, se encuentra inmersa en una dinámica de crecimiento muy aceptable que habría que aprovechar para seguir diversificándose.

Durante el primer trimestre del año ya hemos tenido algún indicio muy positivo. En este periodo de tiempo, la construcción se desaceleraba un poco y aumentaba algo el índice en bienes de equipo. Y, a la vez, hemos visto como las exportaciones tenían un poco más de alegría. Todo lo que salga de ahí, de forma que el crecimiento tuviera tres o cuatro patas en lugar de dos [construcción y demanda interna], sería muy bueno.

Esto parece bastante razonable, ¿pero se pueden mejorar las exportaciones, por ejemplo, con un euro casi un 20% más caro que el dólar?

En el caso español esa influencia del tipo de cambio del dólar es menos importante porque el 70% de nuestras exportaciones se realizan en el área euro. No es igual en el caso de Alemania o Italia que son economías con un elevado grado de influencia sobre el dólar. Desde luego, un euro a 1,20 ó 1,21 dólares incorpora como elemento favorable la posibilidad de abaratar el precio del crudo; mejor dicho, su factura.

Sigamos por el camino internacional. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha demostrado que es un organismo que no tiene la suficiente capacidad de reacción para enfrentarse a crisis profundas, como la vivida por América Latina. Ahora tenemos a Rodrigo Rato como director gerente, ¿qué papel cree que puede desarrollar esta institución?

Los directores gerentes en el Fondo Monetario Internacional (FMI) tienen un papel limitado dentro de la organización, porque todavía hay un Consejo en el que el país con mayor capacidad de decisión es Estados Unidos. El FMI, a pesar de los progresos que ha hecho, sigue todavía adoleciendo de una estructura de organización que no responde del todo a las exigencias actuales.

Probablemente la principal tarea que hoy en día debería tener el Fondo, una vez que se abandonó su finalidad básica, que era la de revisar el sistema de cambios, sería la de prever y anticipar crisis financieras. No tanto generar terapias, porque cualquier terapia es mala, y, efectivamente, la experiencia tampoco ha sido brillante, pero sí reforzar ese papel de observador, de observatorio de la estabilidad financiera internacional.

Algo se ha avanzado, pero yo diría que esa sería un poco la principal función, y hacerlo sobre bases más amplias. Como decía el economista Keynes en 1944, “teniendo en cuenta que en el Fondo no están sólo unos cuantos países sino prácticamente todas las Naciones Unidas”. Al mismo tiempo hay que exigirle un mayor grado de coordinación con las instituciones financieras nacionales y con los principales bancos centrales del mundo.

El FMI tiene una capacidad de respuesta limitada porque sus recursos lo son. Los Gobiernos nacionales deben darse cuenta de que si vivimos en una globalización financiera y los riesgos son globales deberían ceder más competencias a lo que representan esas instituciones multilaterales.

Uno de los efectos de esta globalización de la que hablamos es la entrada, como se ha visto en España, de muchos inversores en lo que se ha dado en llamar “capitalismo popular” (Bolsa). ¿Piensa que a pesar de los sustos de los últimos años, la renta variable seguirá siendo una opción, sobre todo, para el pequeño y mediano inversor?

Sí. Creo que va a continuar siendo una alternativa de inversión. En primer lugar porque todavía, a pesar de los repuntes que hemos visto, los tipos de interés en general son relativamente bajos, por lo que, lógicamente, España ha ido generando un cierto ahorro.

Sobre todo este país va envejeciendo y se va planteando la necesidad de disponer de algo de riqueza financiera, y la renta variable continúa siendo una opción. En segundo lugar, porque en lo que llevamos de año hemos visto como la renta variable ha sido castigada en exceso.

Si no existiera esa amenaza de crisis energética, lo sensato sería anticipar que los mercados de acciones de casi todo el mundo deberían experimentar un comportamiento favorable en los próximos meses.

Una pregunta final que engloba, creo, toda esta conversación. ¿Existe en economía un tercer camino al margen de las sendas ya conocidas del sistema capitalista, o de libre mercado, y el centralizado?

La historia ha demostrado que las dos grandes opciones económicas son ineficientes, tanto la planificación centralizada como el capitalismo a ultranza. Dejar de la mano de Dios el mercado genera estropicios. Pero no sólo en términos de que beneficia a unos y perjudica a otros. Es que produce estropicios para todos.

Creo que no hay nadie en su sano juicio que no admita la necesidad de que haya una regulación, de que existan unos mecanismos de supervisión. Europa puede hacer una mejor utilización de su sistema fiscal para compensar lo que pueden ser faltas de igualdad de oportunidades entre los ciudadanos. Lo que creo de verdad es que el mundo está eliminando los extremos. Ya sea la sacralización salvaje del mercado, que hemos visto que no da resultados, como la sacralización salvaje de la planificación centralizada.

Tras los escándalos contables que hemos visto en los últimos meses en medio mundo, está claro que uno de los déficitS de las empresas es su transparencia de cara al mercado y a los inversores...

Tenemos mucho que hacer todavía en este sentido en todo el mundo. Una de las grandes decepciones que hoy vive el sistema en todos los países, en España pero también en Estados Unidos, que es el principal exportador de cultura económica, es la asimetría que existe entre el grado de ampliación de la base inversora de los mercados (cada vez más personas tienen una parte de su riqueza vinculada al mercado de acciones) y la insuficiente mejora de lo que son prácticas de juego limpio.

En España tenemos que avanzar hacia la transparencia de tal forma que los inversores o los accionistas particulares no tengan la más mínima sospecha de engaño, de que con sus recursos no se están satisfaciendo intereses de los administradores. Y en ese sentido creo que a las empresas españolas les queda por recorrer un gran camino. No sólo en la apariencia formal de esa transparencia, sino también en cambiar métodos y prácticas.