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Energía nuclear, ¿un sol artificial para el siglo XXI?

01/01/2005

La energía nuclear ha vuelto tras años de ostracismo al centro del debate energético. Debido, sobre todo, al tremendo encarecimiento de los combustibles fósiles. Por el momento, la Administración ha adoptado dos decisiones: ampliar la vida útil de las centrales de Trillo (Guadalajara) y Cofrentes (Valencia) y no tomar ninguna iniciativa hasta 2010 sobre el destino definitivo de los residuos de alta actividad. Mientras esto sucede, al fondo se escuchan las voces de muchos expertos reclamando el retorno de esta energía. ¿Volverá?

Pocos debates, por no decir ninguno, han generado tantas opiniones encontradas en el sector energético como la conveniencia o no de la energía nuclear. Opositores militantes y convencidos expertos han intercambiado sus puntos de vista desde hace más de 30 años. Algunos, los más pragmáticos, han reducido la cuestión a tener que escoger entre lo malo y lo peor. Pero lo cierto es que en algunos momentos la situación se está tornando angustiosa. Hace falta más energía en el mundo de la que se produce. Casi nadie duda de esta afirmación.

La última crisis petrolífera que los españoles, y con nosotros media humanidad, están sufriendo en sus propios bolsillos demuestra que los combustibles fósiles son tremendamente sensibles a cualquier tirón de la demanda. Ha sido suficiente con dos países como China e India creciendo al 8% –y, también es cierto, una especulación en los mercados galopante– para que se dispararan los precios poniendo en jaque la débil recuperación de la economía mundial. En esta situación, y casi de repente, consumidores, expertos y políticos se han acordado de la energía nuclear, que en los últimos años había pasado socialmente inadvertida en España. Pero la realidad, una vez más, se muestra inexorablemente tozuda.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda crecerá un 60% hasta 2030 conforme a su informe energético para 2004. A su juicio, el precio del crudo está excesivamente alto y debería bajar en 2006 hasta los 22 dólares el barril; las reservas de combustibles fósiles asegurarán la demanda hasta 2030 y la emisión de CO2 crecerá un 60% en las tres próximas décadas, alcanzando la increíble cifra de 38.000 millones de toneladas. El panorama, dicen los expertos, es preocupante.

Para hacer frente a este tirón espectacular de la demanda energética haría falta invertir, conforme a la Agencia, unos 16 billones de dólares en los próximos 30 años, a razón de 568.000 millones de dólares anuales al tipo de cambio de 2000. En fin, una cantidad astronómica que debería ir fundamentalmente destinada a los combustibles fósiles (tanques, explotaciones, oleoductos...) ya que estos seguirán siendo el nudo gordiano del desarrollo energético mundial.

En 2030 harán falta 121 millones de barriles diarios para asumir una demanda en constante aumento procedente sobre todo de los países en vías de desarrollo. Por ello, según el informe, los 11 países miembros de la OPEP van a aumentar su peso en la atención de la demanda y si ahora cubre un 33% de las necesidades de crudo, en las próximas décadas su peso llegará al 52%. Mucho consumo de petróleo se traduce en un incremento de la emisión de CO2 a la atmósfera en unos momentos en el que el Protocolo de Kioto establece todo lo contrario.

Reducir la factura petrolera

Ante este complejo panorama para los combustibles fósiles, la energía nuclear ha reclamado su cuota de atención. Y algunas opiniones han comenzado a cambiar. El presidente de CLH, Compañía Logística de Hidrocarburos, Miguel Boyer, se ha mostrado partidario de una mayor utilización de la energía nuclear para reducir la factura petrolera. "“El modelo de crecimiento del consumo del petróleo es insostenible, no sólo desde el punto de vista medioambiental, sino también económico"”, señala el antiguo político, que era ministro de Economía cuando el Gobierno socialista tomó la decisión de parar la construcción de centrales nucleares en España. En la actual situación estima que la energía nuclear “vuelve a ser competitiva”.

Una opinión en una línea similar es la de Emilio Ontiveros, consejero delegado de Analista Financieros Internacionales (AFI) y una de las personas más influyentes del mundo económico español: "“Lo prioritario es plantearse dos temas: uno es la diversificación de las fuentes energéticas, esto no quiere decir que basculemos de la noche a la mañana hacia lo nuclear sino que diversifiquemos las fuentes; y lo segundo es hacer un esfuerzo importante en términos de eficiencia energética porque la economía española ha vuelto en los últimos tiempos a una senda de mayor ineficiencia. Ya éramos una economía que consumíamos más energía por cada producto que fabricábamos, pero en los últimos 18-20 meses esa ineficiencia ha aumentado".

"Por lo tanto", sigue Ontiveros, "deberíamos emprender iniciativas que vayan encaminadas a la diversificación de fuentes y otras dirigidas a estimular la inversión en eficiencia. En definitiva, hacer lo mismo con menos gasto. Respecto a las centrales ya instaladas en España, creo que hay que fortalecer y garantizar que la oferta que tenemos en energía nuclear siga en buenas condiciones; esto es algo que no es ninguna locura. Ahora bien, una opción muy distinta es proponer cambiar el parque de generación actual a nuclear”".

Eficiencia. Quizá sea una de las palabras más importantes –junto con el término seguridad– en este complicado puzzle que es la energía nuclear. Los hogares españoles, de acuerdo con un estudio elaborado por Unión Fenosa y el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE), malgastan el 10% de la energía que consumen, lo que representa un coste de 700 millones de euros al año. El informe, elaborado a través de una encuesta realizada a 4.100 consumidores, concluye que con la energía que los españoles derrochamos en un año se podrían iluminar todos los estadios de fútbol de Primera División –unos 20– durante 400 temporadas.

No cabe ninguna duda de que la antigua controversia entre nucleares sí o no pasa a un segundo plano cuando la realidad indica que con los combustibles fósiles estamos en un camino energético sin salida. ¿Sin salida? ¿Qué ocurre con las energías renovables?

Por ahora parece que el actual Gobierno quiere darle un impulso importante a la energía solar con la obligación de instalar a partir de 2005 paneles solares en todos los edificios de nueva construcción y en los que se rehabiliten. El objetivo es multiplicar por diez la superficie de esta clase de instalaciones para alcanzar los 4,5 millones de metros cuadrados en 2010 (ahora hay 581.000 m2).

Por su parte, el propósito de la Unión Europea es tener instalados 100 millones de metros cuadrados en 2010 en el conjunto de sus miembros. Con los paneles solares se estima que cada hogar conseguiría ahorrar un mínimo de 80 euros anuales sólo en agua caliente. Pero no sólo de sol viven las energías renovables cuando se enfrentan a la nuclear.

Vientos contra átomos

En los últimos meses se han cargado mucho las tintas sobre las posibilidades reales de la energía eólica, quizá el medio de producción energético alternativo que actualmente está más desarrollado. Por ejemplo, Cataluña tiene previsto aumentar su fabricación eólica –una de las más bajas de España– en 915 mW en los próximos años. El objetivo: paliar el enorme déficit que tenemos en esta línea energética.

Según los datos que ofrece el Ministerio de Industria, en la Península hay instalados, como hemos visto, 581.000 m2 de paneles solares frente a los 5,4 millones con los que cuenta Alemania. De hecho, el pasado mes de noviembre se vivió un hito energético en España: la energía eólica superó a la nuclear respecto a potencia instalada, según datos de Red Eléctrica Española.

Esto quiere decir que hay una capacidad mayor para generar energía a partir de molinos de viento que desde las siete centrales nucleares que actualmente están operativas en España. De los 14.759 megavatios producidos por las energías de régimen especial, 7.681 correspondieron a la energía eólica, que en estos momentos representa el 5% de la energía generada. Pero los deseos son más elevados todavía.

Según ha manifestado José Montilla, ministro de Industria, la intención de su gabinete es ampliar la potencia eólica instalada en España. De tal forma que de los 13.000 mW que fijaba el actual plan energético se pasaría a 20.000 mW durante 2010. Esto significa que para esa fecha se conseguiría cubrir el 18,5% de la demanda bruta eléctrica. Sin embargo, las empresas generadoras de este tipo de energía son más ambiciosas y piensan que realmente se podrían generar 23.000 mW ¿Qué quiere decir esto? ¿Estamos abandonando la energía nuclear?

Antonio Garrigues Walker, presidente de Garrigues Walker, Abogados y Asesores Tributarios, quien ha sido desde hace muchos años un claro partidario de la energía nuclear, tiene una opinión muy clara: “"No veo otro remedio energético a largo plazo. Pero antes habrá que tratar a fondo, mucho más a fondo, y con el mayor realismo, los temas de seguridad y demostrar las ventajas reales"”.

“El renacer de la energía nuclear”

El debate político está tan vivo que varios ex ministros españoles que durante años ocuparon el primer puesto del departamento de Industria y Energía no han dudado en pedir que se reabra el debate sobre la conveniencia o no de la energía nuclear a la vista de los serios problemas energéticos que puede atravesar el mundo. Entre estos primeros espadas están: Carlos Solchaga, Carlos Pérez de Bricio, Carlos Bustelo e Ignacio Bayón.

España tiene una dependencia energética superior al 70% y por lo tanto somos tremendamente sensibles a crisis como las del petróleo. Para Carlos Bustelo, en la actualidad presidente de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CNT), "“la sensatez se impondrá cuando veamos durante casi 20 años un petróleo a 35 dólares el barril”". En una línea no muy distante se ha expresado, en declaraciones a Cinco Días, Henrich von Pier, presidente de Siemens: "“Deberíamos definir qué política energética vamos a tener y qué dependencias tenemos. Luego ya veremos como la energía nuclear va a renacer”".

Como hemos argumentado, la energía eólica –a pesar del empuje que está viviendo, ya que en este sector conviven en España más de 300 empresas– no es la panacea para resolver todos los males energéticos. El problema –todas las energías, no lo olvidemos, cuentan con sus inconvenientes– es que se trata de una energía que no se puede programar con antelación. En estos momentos los modelos de previsibilidad con los que cuenta una empresa como Red Eléctrica Española sólo llegan a las seis horas. ¿Y después de este tiempo, qué sucede?

España decidió hace años cerrar gradualmente el grifo nuclear. En nuestro país este tipo de energía representa aproximadamente un 25% de la potencia instalada, mientras que en Francia el 80%. Algunos expertos plantean la siguiente reflexión: “"¿España es un país nuclearmente seguro cuando Francia tiene centrales a lo largo de los Pirineos? ¿Es, pues, el argumento de la seguridad realmente válido? Estamos expuestos a una escasez energética que puede estrangular nuestro crecimiento económico en cualquier momento. Ya hemos visto las consecuencias que crea en toda la economía de una ciudad si algo tan sencillo como una subestación eléctrica tiene problemas”".

Todo esto sucede en un trasfondo en el que el crecimiento medio de la demanda energética nacional en los últimos seis años ha sido del 6%, tasa que casi duplica el Producto Interior Bruto (PIB) en el mismo periodo, a la vez que se ha reducido en un tercio durante los pasados meses las reservas de potencia energética. Y teniendo presente, además, que el precio del gas y del carbón duplican al del kilovatio nuclear. En este ambiente, para muchos miembros de la industria renunciar a la energía del átomo nos produciría una elevada dependencia exterior (gas o fuel), medioambiental (carbón) o climatológica (eólica o hidráulica). Desde luego un complicado panorama.

Almacenar residuos nucleares, un reto faraónico

Evidentemente en todo este complejo y ramificado tema la parte del león se la lleva el cuidado, transporte, almacenamiento y duración de los residuos nucleares. Para muchos, como hemos visto, la situación se reduce, casi, a escoger entre lo malo y lo peor. China, por ejemplo, con un crecimiento titánico del 8% anual, necesita energía y tiene la capacidad económica de pagarla a un precio muy alto; pero, lógicamente, ha optado por la autogeneración y en esta línea se explica la construcción de ocho centrales térmicas de carbón, con el consiguiente enorme vertido de CO2 a la atmósfera. ¿Sería entonces mejor que recurriera a la energía nuclear y que las potencias occidentales le proporcionaran la tecnología necesaria? Difícil decisión.

"“Me produce inquietud exportar esa energía a países poco transparentes”", ha declarado Cristina Narbona, ministra de Medio Ambiente. "“Si la nuclear se exporta, entonces hay que exportar también sistemas para que no haya riesgos propios de esos países y, desde luego, con las mejores tecnologías. El CO2 se siente, pero los residuos radiactivos son peligrosos aunque no se vean”".

En España esta peligrosidad es la que ha cerrado el paso (¿definitivamente?) a este tipo de energía. En su libro Historia del futuro el periodista Pablo Francescutti reflexionando sobre el enorme plazo de tiempo que exigen los almacenamientos de los materiales nucleares acierta al comentar que "“únicamente los faraones del Antiguo Egipto afrontaron un reto parecido”". Los faraones crearon todo un intrincado mundo de trampas y claves para preservar su descanso hasta el fin de los tiempos, y sin embargo… "“Los ladrones no necesitaron más que unos pocos años para saquear las tumbas. Este fracaso nos recuerda lo azaroso de manejar plazos temporales tan dilatados, como están descubriendo los gestores de los residuos radiactivos"”.

En España hay actualmente siete centrales nucleares en funcionamiento: Ascó (Tarragona), Vandellós (Tarragona), Cofrentes (Valencia), Almaraz I y II (Cáceres), Trillo (Guadalajara), Zorita (Guadalajara) y Santa María de Garoña (Burgos). Si bien esta última, tras un acuerdo con Unión Fenosa, cerrará sus instalaciones en 2006, después de casi 38 años de actividad. Una vida que no ha sido, precisamente, fácil. En los ochenta vivió dos paradas y en 1994 se descubrieron grietas en la vasija del reactor. En 2001 sufrió una parada no programada y en 2002 y 2003 sendas averías en el circuito de refrigeración.

Trillo y Cofrentes amplían su vida útil

Sin embargo, otras centrales ya han recibido el visto bueno de la Administración y han renovado su autorización para seguir operando. Este es el caso de Trillo y Cofrentes. La primera es propiedad de las compañías eléctricas Iberdrola (48%), Unión Fenosa (34,5%), Hidrocantábrico (15,5%) y Nuclenor (2%). Esta central lleva funcionando desde 1988 y esta ampliación de su vida útil encaja con lo que están haciendo en países con más experiencia atómica como Estados Unidos o Francia, donde están aumentando en cincuenta o sesenta años el tiempo de actividad de estos desarrollos. En España la posición del PSOE ha sido, según sus responsables, "“reducir proporcionalmente"” la utilización de esta energía, pero manteniendo las centrales que están en funcionamiento, que producen el 25% de la energía que se consume en el mercado nacional.

Cofrentes es la otra central que podría disfrutar de una prórroga. Esta planta se creó en 1984 y es propiedad de Iberdrola. Fernando Galán, director general de la central, ha anunciado que la compañía eléctrica pedirá un incremento del tiempo de explotación que en la práctica termina en 2009. Hasta hace poco, los responsables administrativos parecían decididos a conceder esta ampliación. Sin embargo, en los últimos meses ha sufrido varios incidentes menores –concretamente errores en la alineación de las válvulas situadas entre las turbinas y el reactor– que han llevado la incertidumbre sobre la conveniencia o no de incrementar el tiempo de trabajo.

¿1.000.000 de años almacenados?

Y, por supuesto, todo con la enorme duda de en dónde y cómo se almacenarán los residuos generados. Una vez más la respuesta a esta pregunta le corresponde desde 1985 a Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos), la compañía pública que está encargada de almacenar, cuidar y gestionar los residuos procedentes de la actividad nuclear ya sea privada (hospitales) o pública (centrales nucleares, incluido su desmantelamiento).

Evidentemente detrás del cierre de una planta de estas características también hay una dimensión laboral. En España existen unos 190.000 empleados directos relacionados con esta fuente de energía, 10.000 indirectos y 40.000 puestos inducidos. La media de los trabajadores de una central nuclear en nuestro país es de 500 personas.

Sea como fuere, de momento están pesando más los argumentos conservacionistas. Ahora bien, ¿en qué situación estamos? Hasta 2010 no se tomará ninguna decisión sobre los residuos de alta actividad procedentes de la industria nuclear pública y privada. Pero vayamos al principio. En estos momentos hay tres formas de tratar los residuos nucleares: almacenarlos en la propia central, llevarlos a almacenamientos geológicos profundos o crear un almacén temporal centralizado para albergarlos.

El primero es el sistema que se está empleando en España, ya que en la práctica carecemos de los otros dos métodos. En la Sierra de El Cabril (Córdoba), Enresa se encarga de almacenar los residuos de baja y media actividad. Pero el verdadero problema –aún sin solucionar– está en los residuos que tienen una vida cercana a un 1.000.000 de años. ¿Qué se puede hacer con ellos? Finlandia ha optado por crear almacenamientos definitivos en formaciones geológicas profundas donde los materiales permanecerán nunca menos de 10.000 años hasta que desaparezca su actividad radiactiva. Alemania ha optado por parar la energía nuclear los próximos 32 años, tiempo suficiente para que existan alternativas tecnológicas y tomar entonces una decisión. ¿Y España?

En nuestro país se generan anualmente 160 t de residuos de alta actividad (el de las centrales) y 2.000 t de residuos de baja y media actividad (de centrales, industrias y hospitales). Los de baja y media actividad se almacenan en El Cabril y los de alta actividad en piscinas especiales al lado de las siete centrales que están actualmente operativas. Todo esto no sale barato. Se calcula que hasta el 2070 la gestión de todos estos desechos costará nada menos que 10.000 millones de euros. Y además, los residuos se están dispersando, un riesgo que han reconocido incluso en la propia Enresa. No hay duda de que la energía nuclear vuelve… al menos al centro del debate energético.


 


A vueltas con el reactor nuclear
 

El ITER (International Termonuclear Experimental Reactor) es un ensayo que representa la última fase experimental antes de la construcción del primer reactor de fusión (una energía no contaminante) con fines comerciales. El proyecto, que requiere una inversión de 4.570 millones de euros, y creará unos 3.000 puestos de trabajo, ha atravesado las siguientes etapas:

Abril de 2002: el Gobierno español planteó ante la Unión Europea la candidatura para albergar el reactor y sugirió la antigua central nuclear de Vandellós I como emplazamiento. La candidatura de Vandellós I se añadía a la ofrecida ante la UE por Francia en Caradache.

Junio 2002: la UE y Japón presentaron formalmente sus propuestas para albergar el ITER, que se sumaron a la de Canadá del año anterior. Europa anunció ambas sedes: Cadarache (Francia) y Vandellós (España) mientras que Japón propuso la de Rokkasho-Mura.

Enero de 2003: China pidió formalmente asociarse al proyecto ITER y ofreció contribuir con un 10% a la gigantesca iniciativa.

Febrero de 2003: Estados Unidos, uno de los socios fundadores del ITER, que se retiró del mismo en 1999, anunció su regreso al programa.

Marzo de 2003: el Gobierno del presidente Aznar pidió el apoyo de Estados Unidos a la candidatura española en el contexto de la crisis internacional por la guerra de Irak.

Mayo de 2003: los ministros europeos de Competencia decidieron por mayoría, en contra de la opinión española, que Europa presentara una candidatura única.

Septiembre de 2003: un informe de expertos encabezados por el británico David King, encargado por la Comisión Europea, concluyó que construir el ITER en España sería más barato que hacerlo en Francia, aunque señaló la ventaja que ofrece Cadarache de reducir el riesgo de retrasos debido a su mejor infraestructura técnica.

21 de noviembre 2003: el Gobierno español ofreció a la UE duplicar su oferta inicial hasta el 20% del coste del proyecto ITER, lo que significa unos 920 millones de euros durante los diez años de construcción.

26 de noviembre de 2003: la UE decidió por unanimidad apoyar una sola candidatura para albergar el reactor ITER: la de Cadarache en Francia. España retiró en el último momento su apuesta por Vandellós y obtuvo la promesa de la sede de la entidad legal del proyecto y el nombramiento de uno de los directores.

Diciembre de 2003: los países socios del consorcio ITER se reunieron cerca de Washington para la etapa final en el proceso de decisión. Las candidaturas fueron Cadarache (Francia) y Rokkasho (Japón). Canadá retiró su candidatura. La reunión terminó sin acuerdo. Corea del Sur y Estados Unidos apoyaron a Japón mientras que China y Rusia respaldaron a la Unión Europea. La postura de Estados Unidos fue considerada por Francia una represalia por su postura ante la guerra de Irak.

Enero de 2004: Los socios retrasaron una nueva reunión ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Francia aseguró por primera vez que la Unión Europea podía hacer sola el proyecto. La UE le dio la razón y empezó a elaborarse el plan.

Fuente: El País y elaboración propia.


 


Enresa, el guardián entre los residuos

En 1984, el Parlamento español tomó la decisión de constituir una empresa pública que se hiciera cargo de la gestión de los residuos radiactivos que se generan en España y del desmantelamiento de las instalaciones nucleares. Con esta finalidad se creó Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos); una compañía, evidentemente sin ánimo de lucro, cuyos accionistas son el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Los principales cometidos de Enresa son:

  • Recogida, transporte, tratamiento, almacenamiento y control de los residuos radiactivos generados en España.
  • Desmantelamiento de instalaciones nucleares y radiactivas en desuso.
  • Restauración ambiental de minas de uranio.
  • Investigación y desarrollo.



Cerca del 25% de la energía que consumimos procede de plantas nucleares y el porcentaje, según explica Enresa, de generación de residuos radiactivos se distribuye de este modo:

Las centrales nucleares son responsables del 90% de los residuos de baja y media actividad y del 100% de los residuos de alta actividad.

Pequeños productores (laboratorios, centros hospitalarios, industrias, etc.) generan un 10% de los residuos de baja y media actividad. Dentro de este 10% de producción de residuos radiactivos, la distribución es la siguiente: uso industrial (60%), uso médico (30%) e investigación y docencia (10%).

En estos momentos Enresa gestiona un sistema con más de 500 productores de residuos y opera dos instalaciones: el Centro de Tratamiento y Almacenamiento de Residuos de Baja y Media Actividad de El Cabril (Córdoba) y la Central Nuclear de Vandellós I (Tarragona), actualmente en proceso de desmantelamiento.