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Dependencia Energética

01/10/2004

En un entorno de creciente demanda y de escasa producción, algunos argumentos intentan explicar por qué el precio del petróleo se ha disparado hasta los niveles más altos de la historia. El aumento de la demanda en China o India, las tensiones geopolíticas en Nigeria, Venezuela e Irak, la crisis del gigante petrolero ruso Yukos, la preocupación por las reservas de crudo o la especulación son, efectivamente, algunas de las respuestas.

El impacto de este brusco incremento en la economía mundial es indiscutible: según el FMI, a partir de 30 dólares por barril, cada subida sostenida de cinco dólares resta tres décimas del PIB mundial. Parte del desequilibrio en los precios del petróleo radica también en la capacidad de refinarlo. No existe relación directa entre los países que poseen mayor capacidad de extracción de barriles diarios y aquellos que tienen la industria para tratarlos.

Oriente Medio, que supone casi el 30% de la producción total de crudo, sólo representa el 8,2% de la industria del refinado, mientras que dicho sector está mucho más ligado a los mayores consumidores de energía como, por ejemplo, las grandes potencias en América, Europa y Asia. Parece claro que la demanda energética seguirá creciendo.

Sin embargo, los recursos energéticos conocidos y disponibles en la actualidad no son ilimitados. A la poca capacidad extra en la producción de los principales países productores de petróleo, hay que sumarle el declive en las reservas de gas natural en todo el mundo y la falta de suficientes recursos destinados a explorar y explotar nuevos combustibles más limpios y eficientes.

La ratificación por parte de Rusia del protocolo de Kioto puede ser otro paso para introducir cambios considerables en las políticas energéticas (aunque EE UU y China sigan sin firmarlo), basadas en la búsqueda de fuentes energéticas alternativas realmente útiles. Los prototipos de coche eléctrico o los motores de pila de hidrógeno son un indicador del interés por el desarrollo de motores limpios.

Y en esta línea, no se debería olvidar la energía nuclear y volver a replantear el debate. Quizá no como única solución, sino como complemento a la diversificación energética, conscientes que la total dependencia fósil puede tener los años contados.