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Bajar los humos a Kioto

27/03/2014

Los días para contaminar menos están contados y desde la ratificación del Protocolo de Kioto las compañías más contaminantes y emisoras de CO2 (dióxido de carbono): papeleras, cementeras y energéticas, principalmente,o reducen y controlan sus gases o podrán ver cerradas sus fábricas.

El reto es difícil: la contaminación alta y el periodo para cambiar las formas y modos de funcionar corto... pero hay fórmulas. De esta manera, las casi mil empresas que aparecen en el Plan Nacional de Asignación de Emisiones (PNA) del Ministerio de Medio Ambiente con una cuota máxima de emisión deben combinar sus mejores cartas para desde ya contaminar menos, ser más eficientes a la hora de producir o ir pensando a qué firma más limpia comprar derechos de emisión.

Las cuentas son claras y no hay vuelta de hoja. El Protocolo de Kioto en España implica que el promedio de las emisiones de gases de invernadero en el periodo 2008-2012 no puede superar en más de un 15% las de 1990, aunque en la actualidad sobrepasan el 45% –España es el país de la Unión donde más han aumentado las emisiones –.

En euros, si no cumplimos con el protocolo firmado, la multa puede ir de 751 a 4.532 millones de euros (dependiendo de la infracción). Y esa factura pasa por todos: en un primer lugar, las empresas contaminantes, luego el Estado y al final, todos los españoles, que además de costearlo, viviremos los efectos del cada vez más preocupante efecto invernadero.

 

Ahorrar emisiones

El primer punto a abordar es el ahorro, tanto a nivel empresarial como particular. De forma global, las grandes corporaciones, el Estado y el público en general deben entender que para contaminar menos hay que ser más consciente del consumo y reducirlo. La regla es sencilla: si se ahorran emisiones o lo que es igual, contaminación, el bolsillo se resentirá menos, para unos y para otros.

El coste para el usuario en caso de que se ahorre es nulo y ello repercutirá en una factura energética menor. Y a pesar de que la gran carga de reducir vertidos recae principalmente en las empresas contaminadoras –responsables de más de un 50% de las emisiones totales–, el resto es también responsabilidad de otros sectores no regulados (agricultura y ganadería, con un 11%, por citar un ejemplo).

En este sentido, el Ministerio de Medio Ambiente en su intención por cumplir Kioto quiere implicar tanto a los sectores emisores (incluidos los difusos como el transporte) como a la Administración, compañías, sindicatos, ciudadanos de a pie, ONG y las diversas administraciones (ministerios, comunidades autónomas y municipios).

En segundo lugar, las empresas deben estudiar el mejor rendimiento de sus instalaciones a la vez que ir utilizando energías renovables, dos aspectos diferentes pero que según los expertos deberían ir a la par. 75 personas –aunque su densidad de población sea menor –.

Se trata de producir lo mismo pero con menos consumo y menores recursos energéticos y desarrollar masivamente energías alternativas, subrayando la palabra masivamente”, señala Luis Miguel Romeo, profesor de la Universidad de Zaragoza y director del curso de posgrado “Reducción, captura, almacenamiento y trading de emisiones de CO2”. Para Romeo, resulta chocante que en un país con la cantidad de horas solares que tiene España no se haya hecho apenas nada en cuanto a su aprovechamiento energético y recuerda que estamos en el furgón de cola de la Unión Europea respecto a energía solar, con 10 m2 de placas solares instaladas por cada 1.000 habitantes (Alemania multiplica esa cifra por más de siete y Chipre tiene 600 m2 por cada 1.000 personas –aunque su densidad de población sea menor–).

En un tercer nivel, las empresas también pueden optar por la disgregación y almacenamiento del dióxido de carbono. El profesor explica que una medida más es la separación del CO2 del gas de combustión y su posterior estancamiento bajo tierra, una opción viable en determinados procesos pero que nuevamente requiere de inversión.

Esta fórmula cuenta con tres modalidades: en pozos de petróleo vacíos –sin ningún tipo de riesgo, pudiendo incluso mejorar su rendimiento –; en acuíferos salinos o en minas de carbón abandonadas, una vía hoy por hoy menos factible y que requiere de mayor desarrollo e investigación.

 

La cara amarga de Kyoto

Nadie, ni empresarios, ni gobiernos dudan de que el calentamiento del planeta pasa factura, pero a pesar de la casi unanimidad del Protocolo de Kioto, firmado por 38 países industrializados con la gran ausencia de Estados Unidos, la serie de medidas para evitar el tan temido efecto invernadero cuenta con detractores.

Algunos de sus adversarios afirman que el acuerdo no es ambicioso, y señalan que para que fuese efectivo haría falta reducir las emisiones en un 60 u 80% en 2050. “Los ecologistas pedíamos aún más, pero también reconocemos que las medidas establecidas van en la dirección adecuada”, afirma Mar Asunción, responsable de Cambio Climático de Adena.

Ante esa pega, Luis Miguel Romeo utiliza el símil de un coche: “Si el vehículo va a gran velocidad no se puede frenar de repente, para hacerlo bien, primero hay que reducir y luego, por supuesto, frenar. Eso tendremos que hacer en las negociaciones después de Kioto”, concluye el profesor universitario.

 

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19.000 millones de euros por contaminar

 

Cumplir con Kioto será caro para la industria española. Según un estudio de la consultora Price Water House Coopers (PwC), España tendrá que asumir 19.213 millones de euros por el exceso de emisiones entre 2008 y 2012. Para la firma, esa cuantía proviene del coste directo por los derechos de emisiones y de su efecto multiplicador en la economía.

El debate está servido. No obstante, frente a este peaje obligatorio está el futuro del planeta y la certeza de que el calentamiento de las temperaturas se traduce en sequías, inundaciones, incendios forestales, desaparición de playas, daños para el turismo, la salud, etc.

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¿Es estético comerciar con emisiones?

Ciertas voces hablan de la posible pérdida de puestos de trabajo que podría repercutir en el cierre de empresas debido a la aplicación del Protocolo de Kioto. Ante esta opinión, los partidarios de Kioto apuntan a que no está clara esa pérdida de empleo y hablan de los puestos que se pueden crear si se apoya de verdad a las energías renovables, una industria por desarrollar en España.

En cuanto a la ética del comercio de emisiones y los argumentos de que una vez más los países desarrollados seguirán progresando a costa de la contaminación de terceros, sus defensores cuentan que la polución es global y que si los países menos desarrollados están emitiendo pocos gases nocivos, es lícito adquirir esas cuotas, ya que el total estará regulado en una especie de Bolsa mundial.

La deslocalización de las empresas es otro de los argumentos en contra de Kioto. En ese sentido, para estudiar los efectos sociales adversos, así como las oportunidades que puedan representar para cada uno de los sectores afectados, se ha constituido una Mesa General y varias sectoriales de carácter tripartito (Gobierno, sindicatos y empresas) para llegar al mayor consenso social posible.