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El alma de las cajas

27/03/2014

La labor filantrópica de las cajas de ahorro crece cada año.Los recursos que estas entidades financieras invirtieron en obra social en 2006 rozó los 1.500 millones de euros.Las actividades culturales siguen acaparando la principal partida presupuestaria,pero cada día cobran más peso las actuaciones de asistencia sanitaria.

El compromiso social de las cajas de ahorro aumenta año tras año al ritmo que lo hace la sociedad a la que sirve.Y no sólo en inversión, también en actuaciones, desarrolladas a través de nuevas fórmulas, básicamente de colaboración con ONG. Estas alternativas sirven para multiplicar las actividades en relación con el dinero invertido y, por ello, permite a la obra social llegar a un espectro más amplio de la sociedad.

Y, algo muy importante, introduce una mayor profesionalización en la gestión de las diferentes actuaciones, lo que se traduce en una obra más eficaz. Per la eficacia depende, en última instancia, de los fondos que se destinen a la actividad social. Y esos recursos mantienen un ritmo sostenido de crecimiento que, en todo caso, es paralelo a la evolución de la cuenta de resultados de estas entidades.

En 2006,el conjunto de las 46 cajas de ahorro que integran la Confederación de Cajas (CECA) invirtieron 1.488 millones de euros, lo que representa un incremento del 11% con respecto al ejercicio precedente. El objetivo para este año, adquirido en la reunión que los presidentes y directores generales de las cajas mantuvieron a principios de marzo pasado en Palma de Mallorca, es alcanzar los 1.669 millones.

La magnitud de estas cantidades se entiende mejor si echamos la vista atrás: la inversión en 2007 supone multiplicar por cuatro los 414 millones de euros que las cajas destinaron a obra social en 1995 y duplica la inversión de 2000, que fue de 876 millones.

Un aspecto destacado que conviene tener en cuenta es que la creciente profesionalización de esta labor ha permitido incrementar los ingresos que generan las actividades de la propia obra social, que se estiman ya en un 10% de los recursos totales y que, lógicamente, revierten en nuevas actuaciones sociales. Es la autofinanciación de la obra. Al menos,en buena parte.

 

La distribución

Pero, ¿a qué se destina el dinero que las cajas de ahorro están obligadas a dedicar, por principios fundacionales y por ley, a la obra social? Las actuaciones se dividen en cuatro grandes áreas que, a su vez, se reparten en subáreas.

Cultura y tiempo libre. Continúa siendo el principal destino de la obra social por recursos gestionados: 583,8 millones de euros en 2006. Esto significa casi cuatro de cada diez euros invertidos, pero la tendencia en los últimos años es a la baja, con crecimientos muy inferiores a la media; apenas un 2,1% más en el último ejercicio. Esta área, especialmente la parte dedicada al tiempo libre, es una de las que posee más usuarios dentro de la actividad social de las cajas: diez millones.

Asistencia social y sanitaria. Es, sin duda, el capítulo que más esfuerzo inversor está acaparando. En 2006 gestionó recursos por valor de 487,4 millones de euros, un 21% más, lo que implica duplicar el crecimiento de la inversión global de la obra social. Las actividades de esta área rondaron las 50.000, canalizadas a través de casi 2.000 centros.En todo caso, de las dos subáreas, la que más crece es la referida a actividades de asistencia social.

Educación e investigación.Se trata de la tercera área en importancia de la obra social, mantiene una evolución más estable: obtuvo una cifra de inversión de 257,4 millones de euros, lo que representa un 6,9% más. Esto supone un peso en el global de la obra del 17,3%. De las dos subáreas, la de más desarrollo es la de investigación, gracias, sobre todo, al fuerte aumento en los últimos años del número de centros dedicados a financiar proyectos de I+D.

Patrimonio histórico artístico y natural. Es la división de mayor crecimiento en 2006: casi un 30% debido, principalmente, a las actividades relacionadas con la subárea de medio ambiente, que son las que centralizan una mayor demanda social. A pesar de este significativo aumento de los recursos destinados a este capítulo, hablamos del área con menor peso específico en el conjunto de la inversión de la obra social, con unos recursos que suman 159,4 millones de euros.

 

Labor social

Más allá del reparto por áreas, en los últimos años se observa una clara tendencia hacia iniciativas para mejorar la asistencia social, el cuidado del medio ambiente y las investigaciones en el ámbito de la medicina, principalmente en especialidades oncológicas. En el campo de la asistencia social, la prioridad fueron las personas mayores.

En este sentido, se pusieron en marcha nuevos programas de actividades y se construyeron centros asistenciales especialmente dedicados a las personas discapacitadas o con enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer o Parkinson. Este capítulo de la obra social también hizo especial hincapié en la integración de la población inmigrante.

En medio ambiente, las principales actividades giraron en torno a la protección de los bosques y parajes naturales, la creación de centros de interpretación de la naturaleza, las campañas divulgativas de respeto al medio ambiente y la financiación de ambiciosos estudios científicos sobre el patrimonio natural de regiones concretas.

En investigación, la labor más destacada de la obra social fue la creación de institutos regionales, en colaboración con las universidades locales, para el desarrollo de estudios de campo sobre la incidencia de determinados tipos de cáncer.

Las cajas de ahorro también estuvieron especialmente activas en la financiación de investigación de nuevas tecnologías en diferentes sectores de actividad, desde el alimentario al sanitario, así como en la puesta en marcha de programas de tecnificación rural y de acceso a las nuevas tecnologías de los colectivos más excluidos de la era digital.

 

Compromiso vigente

El aumento de los recursos que las cajas dedicaron a obra social en 2006 evidencia el nuevo impulso que estas entidades financieras pretenden dar a su actividad social y que fue ratificado en el compromiso que los presidentes y directores generales de las 46 cajas integradas en la CECA suscribieron en la reciente reunión de Palma de Mallorca. De ese encuentro salió un documento que va mucho más allá de los fines fundacionales o de las exigencias legales.

Ese informe plantea la obra social como un hecho diferencial de estas entidades dentro del sistema financiero español. La meta es afianzar “el doble liderazgo de las cajas de ahorro: en las finanzas y en la creación de riqueza en el campo social”–se puede leer en el texto– con el objetivo último de “contribuir a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos”.

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EL RECURSO DE LOS MICROCRÉDITOS

Los microcréditos son una fórmula a caballo entre la obra social y el negocio financiero tradicional. Su impulsor fue Muhammad Yunus, conocido como el “banquero de los pobres”, para impulsar la integración de los más desfavorecidos, sobre todo de las mujeres, en su país de origen: Bangladesh.

En España, las pioneras en introducir esta fórmula de inclusión social han sido las cajas de ahorro. En buena parte, los microcréditos se canalizan a través de la obra social. Se trata de préstamos de pequeñas cuantías, con bajos tipos de interés y tiempos de devolución flexibles que se conceden a personas sin recursos (principalmente mujeres, inmigrantes y colectivos vulnerables) para autoemplearse.

 

“Finanzas sociales”

Las cajas de ahorro han suscrito acuerdos de colaboración para laconcesión de microcréditos con ONG, Cruz Roja, asociaciones de mujeres, universidades y ayuntamientos. También con el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Una de las entidades más activas en programas de microcréditos es La General de Granada. Asimismo, la Caixa, Caixa Catalunya y Caja Canarias llevan a cabo una importante y encomiable labor en lo que ya se conoce popularmente como finanzas sociales.

 

EL ESTADO DEL BIENESTAR PARALELO

España dejó atrás una primera transición demográfica, caracterizada por la baja natalidad, y se encamina ahora a una segunda, en la que perdura esa reducida fecundidad, pero a la que se añaden factores novedosos: la definitiva incorporación de la mujer al mercado laboral, los nuevos modelos de hogares y, con especial intensidad en los últimos años, la llegada de inmigrantes.

En las tres últimas décadas han funcionado correctamente los instrumentos de cohesión territorial y social, propiciados por el Estado de las autonomías y del bienestar, que han cumplido, a pesar de las limitaciones, con los compromisos básicos en materia de pensiones, educación y sanidad.

 

Poca cooperción

La actitud de los españoles ante el Estado del bienestar es ambivalente. Aunque muestran un nivel de satisfacción elevado, consideran que debiera ser más generoso y, por tanto, los servicios públicos tendrían que estar mejor dotados. Pero, a la vez, se muestran contrarios a que sea a costa de sus impuestos.

Al tiempo, nuestro país se caracteriza por una falta de cooperación social más allá del entorno próximo. Sólo en los últimos años, con la afloración de todo tipo de ONG, el grado de compromiso y solidaridad comienza a despuntar, especialmente entre las nuevas generaciones.

Es en medio de esas dos realidades donde las cajas de ahorro desarrollan su obra social, una labor que sirve de nexo de unión entre los ciudadanos y los poderes públicos, fomentando el asociacionismo, la inclusión social y prestando asistencia a los colectivos más desfavorecidos.

En definitiva, contribuyendo de modo decisivo al mantenimiento del Estado del bienestar. Las cajas dedican una de las inversiones más altas del mundo a actividades y programas sociales y culturales de toda índole.